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El agua bendita

23 abril, 2019

El agua bendita es, definida con sencillez, agua que ha recibido la bendición de un sacerdote. Se usa para bendecir objetos o personas indistintamente. El agua bendita tiene la facultad de atraer la gracia sobre si misma. Es también un signo de limpieza espiritual y una forma de renovar las promesas del bautismo. Tiene así mismo un poder eficaz par alejar al Demonio y a sus secuaces.

Existen tres tipos de agua bendita: la bautismal, la cual es bendecida en la Vigilia Pascual y se utiliza para el sacramento del Bautismo; la gregoriana, junto a la que participan la sal, el vino y la ceniza, la cual es empleada en la dedicación a las iglesias y consagración del Altar; y la común, bendecida con una oración mucho más sencilla y apta para la mayoría de consagraciones, bendiciones y exorcismos.

La forma más común para bendecir a alguien (o a si mismo) con el agua bendita es hacer la señal de la cruz después de haber mojado levemente la punta de los dedos con ella. Se puede beber perfectamente y asperjar la casa o cualquier recinto con ella, siempre que se lleve a cabo con el debido respeto. Este agua es muy eficaz para alejar el mal.

“No está ordenado, pero es costumbre que en las iglesias se coloque un recipiente con agua bendita. Se suele colocar a la entrada de la iglesia, para que la tomen los que ingresan y recuerden el momento en el que entraron a la Iglesia, su Bautismo.

También se suele colocar en la puerta de la sacristía, para que los ministros y el celebrante pueda tomar agua bendita antes de dirigirse al altar.

El Jueves Santo, antes de la Misa de la Cena del Señor, se vacían las pilas de agua bendita, como un gesto que las prepara para recibir el agua que se bendice en la Vigila Pascual.

Una costumbre que en algunos lugares pervive es ofrecer agua bendita a otra persona. Se puede tomar el agua con la yema del dedo y, antes de santiguarse con ella, se extiende la mano hacia la otra persona. O se le puede acercar el recipiente a la otra persona, si se trata de un acetre.

Cuando se ofrece el agua se dice: “Haec aqua benedicta” (Que esta agua bendecida), a lo que se responde: “sit nobis salus et vita” (nos de salvación y vida.”

Fuente: liturgiapapal.org

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