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Evangelio del jueves 9 de agosto

9 agosto, 2018

Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:- ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!.

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis».

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Meditación

En alguna predicación escuchaba una conclusión de esta parábola: “No seas superficial, mira más allá del momento presente, trata de descubrir el llamado de Dios hasta en las mínimas cosas de la vida, hasta en el aceite que falta en tu lámpara”.

La parábola propuesta por el Señor inicia presentando una verdad común de las diez doncellas: todas fueron invitadas a las bodas y tan sólo se les pedía mantener las lámparas encendidas pues no se sabía la hora de llegada del novio. La invitación es para todas las personas. Muchos pasajes del Evangelio nos presentan la iniciativa de Dios que quiere la salvación para todas las personas; nadie es excluido de la invitación de la fiesta de bodas del Novio, pero es necesario confirmar que a la iniciativa de Dios corresponde la responsabilidad de cada uno de nosotros. Se nos da la lámpara de la vida, de la fe y de la caridad; aquello que se nos pide es que la mantengamos encendida.

Encontramos en la parábola que la prudencia se ve contrastada con la necedad, la vigilancia con el relajamiento espiritual, la improvisación espiritual con la responsabilidad de cada día. Se nos pide la vigilancia para no dejar apagar nuestras lámparas; debemos estar despiertos, alimentando la vida con el aceite cristiano para producir la luz necesaria y estar siempre preparados.

¿Cuál es ese aceite? Preguntándose esto el Papa Francisco responde: “La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia. Puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…— e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón”.

Además de la oración ¿Con qué otras actitudes cristianas mantenemos encendida la llama de nuestra vida para que se no se nos diga: “Os lo aseguro: no os conozco»?.

Veamos la aplicación de esta parábola en la fiesta que la Liturgia de la Iglesia nos invita a celebrar hoy: celebramos a Santa Teresa B. de la Cruz, filósofa judía, atea convertida al catolicismo, religiosa carmelita y mística alemana. Edith Stein murió mártir durante la persecución nazi. El 1 de mayo de 1987 el Papa Juan Pablo II celebró la beatificación de Edith Stein y dijo: “La Iglesia vive hoy un gran día. Nos inclinamos ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein… Una personalidad que reúne en su vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy, pero que hombres y mujeres con sentido de responsabilidad se han esforzado y siguen esforzándose por curar, síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró el descanso en Dios”.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

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