La comunidad UPA Liáns-Perillo-Nos-Dorneda celebra con alegría la ordenación sacerdotal de Enrique Alonso Alonso
En un emotivo y solemne acto celebrado en la tarde de ayer, la comunidad parroquial de la UPA Liáns-Perillo-Nos-Dorneda se unió con alegría para acompañar a Enrique Alonso Alonso –“Kike”– en su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en el marco de una celebración presidida por monseñor Francisco Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela. Junto a él, fueron también ordenados un nuevo presbítero y un diácono, que se incorporarán al servicio pastoral de la diócesis compostelana.
El templo se llenó de feligreses procedentes de las diferentes parroquias que forman nuestra Unidad Pastoral, todos ellos testigos de un acontecimiento de gran importancia espiritual y comunitaria. La ordenación de Enrique, joven comprometido y querido por su comunidad, ha sido motivo de profundo gozo y gratitud. No es la primera vez que uno de nuestros feligreses responde a la llamada del Señor: antes lo hicieron D. Carlos Miramontes como sacerdote, y Agustín Pérez como diácono permanente. Hoy, con igual entusiasmo, celebramos que Enrique se sume a esta entrega, y elevamos nuestra oración por Juan Manuel Montenegro González y Félix Méndez, quienes también han dicho “sí” al Señor y se preparan para recibir el ministerio sacerdotal y el diaconado permanente, respectivamente.
Una homilía llena de ternura y envío
Durante la homilía, monseñor Francisco Prieto expresó con afecto la alegría de toda la Iglesia compostelana, recordando a los nuevos ordenados el valor y la responsabilidad del ministerio recibido. “Agradeced el don que habéis recibido”, les exhortó, subrayando que la vocación no es una conquista personal, sino un regalo de Dios, dado no para el engrandecimiento propio, sino para ser compartido con el pueblo.
El arzobispo quiso poner el acento en la humildad y humanidad de los ordenados: “Aunque humanos y frágiles, sois amados por el Señor de manera incondicional”. Desde esa conciencia, les invitó a ejercer su vocación como amigos del Señor y pastores según su corazón, acogiendo con ternura, sanando con misericordia y caminando junto a quienes sufren.
“El sacerdote se reviste de la entrañable imagen del Buen Pastor que carga con la oveja herida, del samaritano que se detiene en los caminos donde tantos necesitan ser sanados”, expresó con fuerza el prelado, insistiendo en que el verdadero poder del ministerio no radica en la jerarquía, sino en el servicio humilde a la alegría y la salvación de los demás.
Una misión en clave comunitaria y sinodal
Monseñor Prieto insistió en la dimensión comunitaria del ministerio ordenado, recordando que Jesús envió a sus discípulos de dos en dos: “Nada de individualismos, por favor, nada de islas cerradas. Seréis y somos parte de una familia diocesana, de una fraternidad sacerdotal”.
Llamó también a aligerar el corazón de cargas inútiles y a llenarse del consuelo de Dios: “No os carguéis con indiferencia. Llenaros del consuelo que Dios pone en vuestras manos. Eso no pesa. Lleváis un ungüento que sana”.
En un tono pastoral y cercano, animó a los nuevos ministros a cultivar una actitud de escucha y acompañamiento: “Escuchad y ahí podréis decir, consolar, abrazar, perdonar y acompañar”. Les recordó que la autoridad auténtica se apoya no en su nombre, sino en Cristo, fuente y sostén de la vocación.
Llamados a vivir con esperanza
Con un mensaje de esperanza, monseñor Prieto concluyó su homilía exhortando a los ordenados a encontrar la verdadera alegría en hacer la voluntad de Dios. “Que vuestra alegría, anticipo de la definitiva, sea vivir según el querer del Señor”. Pidió también por toda la Iglesia diocesana, para que sea una comunidad acogedora donde todos encuentren su lugar en la mesa de la Eucaristía.
En este Año Jubilar Compostelano, el arzobispo encomendó a los nuevos ordenados a la intercesión de María y del Apóstol Santiago, ejemplos de fe y entrega que alientan a vivir con una esperanza que no defrauda: “Cristo, nuestra esperanza”.
Un día de gracia para nuestra comunidad
Para la UPA Liáns-Perillo-Nos-Dorneda, este día quedará grabado en la memoria colectiva como un signo de esperanza y renovación. La ordenación de Enrique Alonso Alonso es una bendición que refuerza el sentido de comunión y compromiso de todos los que formamos parte de esta gran familia eclesial.
Elevamos una oración agradecida por él y por todos los que han respondido a la llamada del Señor en nuestras comunidades parroquiales y nos comprometemos a seguir acompañándolos con nuestra oración, cercanía y apoyo.
Muchísimas felicidades a Kike y a su familia al tiempo que damos gracias a Dios por este regalo y por cada vocación nacida entre nosotros.
