La Eucaristía, un puente de amor hacia nuestros enfermos. En nuestra UPA (Unión de Parroquias) de Liáns, Perillo, Nos y Dorneda, tenemos una prioridad clara: que nadie se sienta solo, especialmente quienes sufren.
Por eso, el servicio de llevar la comunión a nuestros mayores y enfermos es, para nosotros, un pilar central de nuestra labor pastoral.
Una tradición con raíces profundas
Llevar la comunión a quienes no pueden asistir al templo no es algo nuevo; es una práctica que se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Ya en el siglo III, los cristianos llevaban el Pan de Vida a los ausentes para que se sintieran «sostenidos por el amor de sus hermanos».
Cuando un enfermo recibe la comunión:
- Se une al sacrificio del Señor.
- Siente el abrazo de su comunidad parroquial.
- Recibe a Cristo, quien se entrega totalmente para ser su fuerza en el sufrimiento.
¿Quiénes pueden recibirla y en qué condiciones?
Este consuelo está disponible para todos:
- Destinatarios: Ancianos, enfermos (sean jóvenes o mayores) y también aquellas personas que se dedican con abnegación a cuidarlos.
- Lugar: En casa, en el hospital o en residencias.
- Frecuencia: Pueden recibirla todos los días si lo desean, de manos del sacerdote o de laicos con esta misión.
- Requisito: Se recomienda un ayuno de una hora antes de comulgar (solo si la salud lo permite; el agua y los medicamentos no rompen el ayuno).
Un llamamiento a las familias: No tengáis miedo a pedirla
A veces, por timidez o por no querer «molestar», muchas personas que han dedicado su vida a la Iglesia se ven privadas de la comunión en sus últimos años. Es doloroso que alguien se quede sin el Pan de Vida por falta de información.
Recibir la comunión es también recibir un testimonio maravilloso de fe. Si conoces a alguien que no puede salir de casa:
Llamad a la parroquia. Estaremos encantados de atenderos, visitaros y llevar la presencia real de Cristo a vuestro hogar. Es nuestro deber, pero sobre todo, es nuestra mayor alegría.
