A menudo pensamos que lo «ordinario» es sinónimo de aburrido, pero en la liturgia es todo lo contrario. Es el tiempo más extenso del año (33 o 34 semanas) y su color verde nos habla de esperanza y vida.
¿Cuándo sucede?
El Tiempo Ordinario no es un «paréntesis» entre grandes fiestas; es el escenario real donde se juega nuestra santidad, comenzó ayer lunes lunes y nos acompañará hasta que la ceniza nos anuncie la Cuaresma.
Se divide en dos etapas: comienza tras el Bautismo del Señor (enero) hasta la Cuaresma, y se retoma después de Pentecostés hasta que volvemos a esperar al Señor en Adviento.
¡Aprovechemos cada semana!
El reto: Jesús en el centro
Como afirmaba el Papa Francisco, la vida cristiana es sencilla. No requiere cosas extrañas, sino poner a Jesús en el centro de nuestras decisiones diarias. Para lograrlo, tenemos tres tareas:
- Conocerlo: No basta con saber «de Él». Hay que leer el Evangelio a diario y dejar que el Espíritu Santo haga germinar esa semilla. ¿Te interesa más Jesús que los cotilleos o las redes sociales?
- Adorarlo: Menos pedir y más contemplar. Adorar es decirle: «Tú eres el único». Es rezar el Gloria con el corazón y no como loros, haciendo silencio ante Su grandeza.
- Seguirlo: Es la llamada a caminar tras sus pasos en la sencillez de cada día.
Este año, no dejes que el Tiempo Ordinario pase de largo. ¡Conoce, adora y sigue!
