Queridos feligreses y amigos:
En estos días donde las luces decoran nuestras calles y el frío invita al abrazo, me acerco a vosotros con el alma llena de afecto. Mi deseo más profundo es que la paz no sea solo un adorno en vuestras casas, sino un habitante más en vuestras mesas. Que el pequeño Niño de Belén, con su fragilidad, nos susurre al oído que la verdadera grandeza no está en tener mucho, sino en hacernos pequeños y sencillos para poder amar mejor.
La Navidad es, por encima de todo, la fiesta de la presencia. Es celebrar que Dios no se quedó lejos, sino que decidió latir dentro de nuestro propio pecho. Es el momento de dar gracias, de mirarnos a los ojos y descubrir que cada gesto de cariño es una visita de Dios. Hagamos que, al vernos, los demás sientan esa misma alegría que sintió Isabel al abrazar a María: un salto de gozo en el corazón porque se sienten amados.
Jesús: El centro de nuestra alegría
Entre el bullicio de las plazas y el brillo de los adornos, no olvidemos quién es el verdadero protagonista. Jesús es el regalo que el mundo tanto esperaba; un regalo que no debe quedarse guardado, sino que debe ser compartido con orgullo y ternura.
Anunciar a Jesús no es una tarea difícil ni exclusiva de unos pocos; es simplemente contar lo que hemos vivido. Es llevar esperanza al vecino que se siente solo, al amigo que se ha alejado o al anciano que necesita una mano. No tengamos miedo de mostrar nuestra fe con naturalidad, con una sonrisa o un mensaje de aliento.
Tradiciones que abrazan el alma
Qué hermoso es seguir diciendo con fuerza ¡Feliz Navidad! y ver el Misterio del Nacimiento presente en nuestros escaparates y hogares. Estas «santas costumbres» son puentes de amor. Incluso hoy, nos hacemos presentes en las redes sociales y en nuestra nueva página web, espacios digitales que he impulsado con mucha ilusión para que estemos más conectados que nunca.
Vivamos esta Navidad desde la experiencia del corazón. Que cada obra nuestra sea un reflejo de su luz. Que de la mano de María, nuestra Madre, comencemos el Año Nuevo siendo nosotros mismos «merced» y consuelo para quienes nos rodean.
Con todo mi cariño, os deseo una Navidad llena de Dios.
