Ayer encendíamos la tercera vela de nuestra corona de Adviento indicando que tan solo queda un domingo para el Nacimiento del Señor.
El Domingo Gaudete es el Tercer Domingo de Adviento, marcando el ecuador de este tiempo litúrgico de espera. Su nombre proviene de la palabra latina Gaudete, que significa gozo o alegría.
Recibe esta denominación por ser la primera palabra de la antífona de entrada de la Misa:
«Gaudéte in Domino semper: íterum dico, gaudéte»
(«Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres»).
Esta cita, tomada de la Carta de San Pablo a los Filipenses (Flp. 4, 4-5), continúa con la frase «Dominus prope este» (el Señor está cerca). En este punto intermedio del Adviento, la inminente llegada del Señor se hace visible, recordándonos que las profecías ya se han cumplido. Estamos, como lo definen los teólogos, en el tiempo del «ya, pero todavía no».
El Color Rosa: Un Signo de Júbilo
¿Por qué usamos el color rosa en la liturgia? El cambio del color morado (propio del Adviento, que simboliza la penitencia y la espera) al rosa en los ornamentos litúrgicos es la manifestación más visible de este día.
- El color rosa es un claro signo de gozo y alegría.
- Simboliza que la larga espera de la Navidad está a punto de concluir, pues se vislumbra cercana la Venida del Mesías en Belén.
Al celebrar este tercer domingo con ornamentos rosados, la Iglesia introduce un momento de fiesta en medio de la espera, celebrando la proximidad inexorable de la Natividad (25 de diciembre).
Otros Signos Litúrgicos de Alegría
La liturgia del Domingo Gaudete se llena de otros signos que refuerzan el sentimiento de felicidad:
- Flores en el Altar: Se permite la decoración con flores, algo que generalmente no ocurre durante los demás domingos de Adviento.
- Música de Órgano: Se puede utilizar el órgano para acompañar el Oficio Divino y la Santa Misa, lo que añade solemnidad y gozo a la celebración.
- Énfasis en la Alegría: Las constantes Aleluya enfatizan el júbilo de la espera.
La Iglesia invita a los fieles a una liturgia de alegría porque “el Señor está ahora aquí y al alcance de la mano”, no solo a adorar al «Señor que va a venir».
