Una fiesta para celebrar la victoria de Dios en sus hijos
El 1 de noviembre, la Iglesia Católica celebra con gozo y esperanza la Solemnidad de Todos los Santos, una fiesta que nos invita a dirigir nuestra mirada al Cielo y recordar a todos aquellos que, siendo frágiles y humanos como nosotros, supieron dejarse transformar por la gracia de Dios. Son los hombres y mujeres que, superando debilidades, luchas, tentaciones y pruebas, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria eterna de Cristo.
En este día hacemos memoria de quienes vivieron con fidelidad la fe, la esperanza y la caridad al estilo de Jesús, y que practicaron de manera ejemplar las Bienaventuranzas proclamadas por el Señor en el Sermón de la Montaña (cf. Mt 5, 1-12). Ellos son la prueba viva de que la santidad no es una meta reservada a unos pocos, sino una vocación universal a la que todo bautizado está llamado.
Una fiesta de alegría para el Pueblo de Dios
La solemnidad de Todos los Santos es una celebración profundamente alegre: hoy nos regocijamos con todos nuestros hermanos y hermanas que han concluido su camino terrenal y han alcanzado la vida eterna, no sin esfuerzo, sacrificios y, en muchos casos, incluso dando la vida por su fe. Su testimonio es semilla de un mundo nuevo, donde reine la verdad, la justicia, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios.
Los santos, canonizados o no, son nuestros intercesores, modelos y compañeros de camino. Ellos nos muestran que es posible vivir el Evangelio plenamente en cada etapa de la vida, en cada vocación y en cada circunstancia.
Una tradición con siglos de historia
Aunque desde los primeros siglos los cristianos veneraban a los mártires y a quienes dieron ejemplo de vida santificada, la fecha actual del 1 de noviembre fue establecida por el Papa San Gregorio III (731-741), cuando consagró una capilla en la Basílica de San Pedro en honor a todos los santos. Más adelante, en el año 837, el Papa Gregorio IV extendió esta fiesta a toda la Iglesia Católica, convirtiéndola en una celebración universal.
Todos los Santos significa… ¡TODOS los santos!
Además de los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia a través de la canonización, existen innumerables hombres y mujeres cuya santidad solo Dios conoce: padres y madres de familia, jóvenes, abuelos, trabajadores, consagrados… todos aquellos que, en el silencio de la vida cotidiana, respondieron al amor de Dios.
Por eso, esta solemnidad es un homenaje a todos los que ya gozan de la Presencia del Señor, conocidos o desconocidos para nosotros, pero eternamente grandes a los ojos de Dios.
Un día de obligación para los católicos
El Día de Todos los Santos es día de precepto, lo que significa que todos los fieles están llamados a participar en la celebración de la Eucaristía, salvo causa grave de enfermedad u otra razón que lo impida. La Misa es el mejor modo de unirnos a la alegría del Cielo y agradecer por la obra de Dios en sus santos.
El sábado anterior no habrá misas vespertinas.
En esta Fiesta, pidamos al Señor que, animados por el ejemplo de quienes ya han llegado a la meta, caminemos con decisión hacia la santidad, sabiendo que también nosotros estamos llamados a participar un día en la gloria de Cristo.
¡Feliz Solemnidad de Todos los Santos! Que su intercesión nos acompañe siempre.
Horarios de Misa – 1 de noviembre
(horario habitual de domingos y festivos)
• 9:00 h. — Hijas de Cristo Rey
• 10:00 h. — Dorneda
• 10:30 h. — Perillo
• 11:30 h. — Santa Cruz
• 12:30 h. — Perillo
• 12:30 h. — Nos
