Con el inicio de la campaña anual de vacunación de la gripe, muchos se plantean si recibir o no la vacuna. Cada año, con la llegada del frío, aumentan los contagios y, sin duda, la prevención es esencial para cuidar la salud física, especialmente cuando vamos cumpliendo años o convivimos con alguna enfermedad. Tomar medidas para proteger nuestro cuerpo es una decisión responsable… pero cuidar la salud del alma es igual de importante.
Nuestra vida necesita atención integral: cuerpo, mente y espíritu. La oración personal, la participación en la Eucaristía, el sacramento de la Reconciliación y la asistencia espiritual son medios mediante los cuales Dios fortalece y acompaña a sus hijos. Y entre los sacramentos que manifiestan de manera especial ese cuidado amoroso, está la Unción de los Enfermos.
Un sacramento de consuelo y esperanza
El apóstol Santiago nos recuerda la voluntad de Cristo para su Iglesia:
«¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor.
La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado» (Santiago 5, 14-15)
Este sacramento nos permite experimentar la compasión de Dios de una manera concreta y sacramental. Durante siglos fue conocido como “Extrema Unción”, pues solía administrarse solamente al final de la vida. Sin embargo, la Iglesia siempre ha enseñado que la Unción no es solo para quienes están a punto de morir, sino para todo aquel que atraviesa una enfermedad grave, debilidad severa o situaciones que ponen en riesgo su salud.
Llamarlo hoy “Unción de los Enfermos” nos ayuda a comprender mejor su verdadero significado: es el abrazo misericordioso de Dios en medio del sufrimiento; un sacramento que renueva, fortalece, perdona y sostiene la esperanza.
¿Cuándo y cómo recibir este sacramento?
La Unción puede recibirse:
⁃ Ante una enfermedad grave
⁃ En situaciones de debilidad avanzada como consecuencia de la edad
⁃ Cuando la vida se encuentra en peligro
⁃ Incluso antes de una operación importante
Puede administrarse siempre que sea necesario, y no solo una vez en la vida.
Lo único que hay que hacer es ponerse en contacto con los sacerdotes de la parroquia, en cualquier momento. Y si la persona está ingresada en un hospital, puede pedirse directamente al capellán.
Además, una vez al año, se celebra en todas nuestras parroquias la Unción de los Enfermos de manera comunitaria, dentro de la Eucaristía, para que quienes lo necesitan puedan recibir juntos este don de fe.
Un gesto de amor que cura el alma
Este sacramento ofrece:
• Consuelo y fortaleza ante el dolor y la incertidumbre
• Perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse
• Esperanza, sabiendo que Cristo está presente en el sufrimiento
• Paz interior, fruto del amor de Dios que nunca abandona
La Unción ayuda a unir nuestro dolor al de Cristo, dándole sentido y dejándonos sostener por Él en los momentos más difíciles de la vida.
Una parroquia que acompaña
Nuestros sacerdotes realizan visitas semanales a quienes no pueden desplazarse al templo debido a enfermedad o limitaciones físicas, llevándoles la Sagrada Comunión y el consuelo de la oración.
Si tú o algún familiar necesita esta atención pastoral, no dudes en pedirlo.
Dios no se olvida de sus hijos enfermos
La enfermedad, la fragilidad y la vejez pueden hacer que nos sintamos vulnerables… pero nunca solos. En la Unción de los Enfermos, Dios nos confirma su amor más tierno:
es Él quien nos toma de la mano, nos sostiene y nos muestra que, incluso en el dolor, la vida tiene un sentido eterno.
Que el Señor, rico en misericordia, sea nuestra fortaleza y nuestra paz en todo momento de la vida.
