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Evangelio del miércoles, 12 de junio de 2019

12 junio, 2019

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,7-13
Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios. Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis. “No llevéis oro ni plata ni cobre ni provisiones para el camino. No llevéis ropa de repuesto ni sandalias ni bastón, pues el obrero tiene derecho a su sustento. “Cuando lleguéis a un pueblo o aldea, buscad a alguien digno de confianza y quedaos en su casa hasta que salgáis de allí. Al entrar en la casa, saludad a los que viven en ella. Si la gente de la casa lo merece, la paz de vuestro saludo quedará en ella; si no lo merece, volverá a vosotros.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
El discípulo que ha tenido un encuentro personal con el Señor, movido por el Espíritu Santo, experimenta la inquietud por la misión; es decir, sabe que está comprometido con la tarea de revelar la presencia del Reino y ser constructor de paz y unidad.

El cristiano siempre debe estar, como dice el Papa Francisco, en salida; no vive encerrado en sí mismo, en una especie de espiritualidad intimista que lo desliga de la realidad de los otros; el cristianismo no es una religión que adormezca la conciencia y alimente un mundo cada vez más individualista y solitario. El Señor pide salir al encuentro de los hermanos, llama a correr el riesgo de ir más allá, motiva para que se asuma el compromiso de ser testigos.

En muchos ambientes se vive la ausencia de Dios; se ha querido quitar toda referencia a lo sagrado, se ha desacralizado la vida, se banalizan los valores más profundos que sostienen la humanidad. La confusión producida por modas, ideologías y tendencias del momento generan un vacío existencial y una añoranza del Absoluto. Estamos en un mundo hiperconectado que ahoga el encuentro interpersonal, perdemos el contacto y la verdadera sensibilidad ante las necesidades concretas del prójimo; sin que se le dé el nombre hay una búsqueda desesperada de la verdad, del amor y la bondad. Aquí es a donde el Señor dice a sus discípulos de hoy: “Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios”.

Allí donde está un cristiano convencido de su fe, florece la esperanza, renace la confianza y se genera la alegría. Es un imperativo del Señor: “ve y anuncia, da del don que has recibido; da sin reservas tu paz, tu amor, tu alegría. Da sin medida; por densas que sean las tinieblas que brille tu luz, aunque se levante el pesimismo y la indiferencia ante ti, levántate, insiste, pon tu corazón anclado en la confianza en Dios que te sostiene”.

Sana con tu palabra, libera con tu presencia, limpia con tu acción, siembra la paz. Lleva a Dios en tus labios pero primero hazlo florecer en tu corazón. como dice el apóstol san Pablo “sé la buena fragancia de Dios para los demás”. Comparte, confía, rehace la vida con la certeza de la gracia de Dios que hace nueva todas las cosas.

Hoy tenemos la tarea de, como dice el Papa Francisco “Testimoniar en la vida de todos los días aquello en lo que se cree nos hace justos “a los ojos de Dios”, suscitando curiosidad en los que nos rodean. Y ese testimonio provoca curiosidad en el corazón del otro, esa curiosidad la coge el Espíritu Santo y se pone a trabajar. La Iglesia cree por atracción, crece por atracción. Y la transmisión de la fe se da con el testimonio, hasta el martirio. Cuando se ve esta coherencia de vida con lo que decimos siempre provoca curiosidad. ¿Por qué este vive así? ¿Por qué lleva una vida de servicio a los demás? La curiosidad es la semilla que coge el Espíritu Santo y la hace germinar”.

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