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Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”».
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Un tema sobresaliente en el evangelio de San Lucas es la oración; continuamente viene presentada la personalidad de Jesús trazada por la vida de intimidad con Dios en la oración y su carácter de maestro enseñando a orar sin desfallecer y en toda circunstancia. Es así como el pasaje bíblico que meditamos hoy nos enseña, con una parábola, la necesidad de orar con insistencia que no es sinónimo de desesperación.

El texto viene presentado con la siguiente frase: “para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse…” Orar sin desfallecer debe ser un rasgo característico de la vida del cristiano. San Pablo aconseja: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1Tes 5,17-18). También el apóstol Santiago llama a la comunidad a orar sin vacilaciones: “la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear. Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. Pero que la pida con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte” (Santiago 1, 4-7). Orar, movidos por la fe, sin vacilaciones y en toda circunstancia.

Luego de la parábola, el Señor con una pregunta presenta la conclusión que interpela al lector: “Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” ¿A cuál fe se refiere? A la fe que está trazada por el valor de la esperanza, de la confianza en Dios. Esa esperanza que no es un esperar pasivo y resignado; al contrario, esa confianza que mueve al cristiano a imitar al Señor: Jesús busca en toda circunstancia hacer la voluntad del Padre; por esto enseña que sin una relación de intimidad con el Padre Dios no se avanza ya que únicamente en la confrontación de la vida con su voluntad el hombre puede encontrar lo que reza el salmo 128: “Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos”. Unamos nuestra oración a la vida cotidiana, a las búsquedas y anhelos del corazón, a las decisiones y responsabilidades que tenemos; oremos con la vida y desde la vida dejándonos iluminar con la gracia del Espíritu.

Concluyamos con la palabras del Papa Francisco: “Hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza y la oración es la expresión de esta fe. Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero nos pregunta: “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” Si se apaga la fe, se apaga la oración y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida. Aprendamos por tanto de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos. Luchar, rezar siempre ¡Pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros qué necesitamos! Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en cada momento, para vencer al mal con el bien”.

16 noviembre, 2019
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Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17,11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.» Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.» Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
De camino a Jerusalén acontece el encuentro de Jesús con diez leprosos que a gritos le dicen: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Estos hombres enfermos, tocados por la muerte, excluidos y marginados son alcanzados por la compasión del Señor, pero tan solo uno, un samaritano que no pertenecía al pueblo elegido, se vuelve atrás para dar las gracias.

San Lucas nos muestra a Jesús en continúo movimiento; atraviesa campos y ciudades, mira, va más allá superando los obstáculos, sin dejarse amarrar. Él es el gran caminante que sale a buscar, que cumple la misión encomendada entrando a lo más profundo. Esto nos asegura que él sabe acompañar todos los caminos de la experiencia humana. Ninguna de nuestras sendas le son desconocidas, es verdad que conoce nuestro camino y nuestro descanso. (Cfr. 138).

Y es de camino que se encuentra con esos hombres que piden a gritos su liberación. Llevaban consigo una realidad desesperanzadora porque como lo señalaba el libro del Levítico : “El afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados, se cubrirá hasta el bigote e irá despeinado gritando: ¡Impuro! ¡Impuro! Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada” (Lev13, 45-46). Impresionante esta descripción: el leproso era como un muerto viviente. No podia ir al templo, no podia estar con nadie. Y por esto desde lejos dejan sentir su dolor y su desesperación.

Detengámonos en la oración que hacen los diez leprosos: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!” Lo llaman por el nombre como a un amigo; entre ellos se han encontrado y ahora buscan ser admitidos en la intimidad del corazón de Jesús. Con familiaridad desde su enfermedad y marginación lo llaman Maestro porque Él es quien con su Palabra y acciones puede dar la libertad y la verdadera salvación. Jesús el Maestro los ve, se detiene ante su realidad, les dirige su palabra y los envía a presentarse a los sacerdotes que daban el aval de la curación.

Ellos se ponen en camino y tan solo uno volvió atrás: este “volver atrás” no es un simple movimiento físico, sino más bien un profundo cambio interior. No solo se percata que ha sido curado físicamente sino que está cambiando su lejanía de Dios; ahora debe abrirse a una nueva y verdadera intimidad con el Señor que lo ha liberado.

Entonces, reconocer lo que ha acontecido abre a la gratitud acercándose al Señor con total confianza. Por esta razón, Jesús le dice al leproso curado: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Levántate, es decir, resucita, revístete de una nueva vida. Tu fe te ha salvado, porque ahora se ha iniciado una nueva relación con Dios, ya no se es excluido ni limitado; ahora se es amigo, cercano, un hombre salvado. Y el “vete” es el envío a dar testimonio de lo que Dios ha hecho, es ponerse en camino al encuentro de los otros.

13 noviembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de san Lucas nos enseña que nuestra vida cristiana se caracteriza ante todo por la actitud de constante servicio. Así con tres preguntas somos invitados a mirar nuestra propia experiencia y confirmar el seguimiento de las huellas del Señor.

Pensemos en las cosas ordinarias que se convierten en nuestros deberes; son tantas cosas que se nos confían y que piden nuestro empeño y dedicación. Nuestra cotidianidad nos pide una vigilancia continúa para evitar todo tipo de rutina, monotonía y rigidez. Si no se descubre la novedad de Dios y la inspiración en el día a día de nuestra vida, las jornadas se hacen tan pesadas que van usurpando la paz interior y las buenas relaciones entre nosotros. Afanes, tensiones, desilusiones, estrés, depresión, irritación, cansancios físicos y emocionales, conflictos, entre otros, son “el pan de cada día”. ¿Cuál es el verdadero heroísmo? Vivir la cotidianidad con una fuerza extraordinaria; sí, desde lo más sencillo hasta lo más complejo; pero, sin vanaglorias ni prepotencias. ¿Cómo vives tu cotidianidad? Recordemos que el evangelio nos invita a evitar la tentación de vivir de manera rutinaria o despótica.

Al final del evangelio Jesús presenta la conclusión a la pregunta: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Ahí está la clave. El servicio es el camino. Como lo hizo María cuando dijo: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!”, como lo hizo san José que, desde el silencio, en la vida cotidiana cuidó la familia de Nazaret. Como lo podemos hacer cada uno de nosotros siendo servidores unos de otros cambiando la lógica que muchas veces nos presenta el mundo. No es detenernos para ser servidos como señores, sino para ser servidores como hermanos. Nos lo ha enseñado el Señor que vino a dar su vida en rescate por muchos. Servir a Dios desde el trabajo, servir a Dios desde la familia, servir a Dios desde nuestros compromisos cívicos. Servir viviendo inspirados por Dios buscando su voluntad.

Al respecto nos dice el Papa Francisco: “en la vida debemos luchar tanto contra las tentaciones que tratan de alejarnos de la actitud de servicio. La pereza lleva a la comodidad: servicio a la mitad; y el adueñarnos de la situación, y de siervo convertirse en patrón, que lleva a la soberbia, al orgullo, a tratar mal a la gente, a sentirse importantes ‘porque soy cristiano, tengo la salvación, y tantas cosas así. Que el Señor nos dé estas dos gracias grandes: la humildad en el servicio, a fin de que podamos decir: ‘Somos siervos inútiles – pero siervos –hasta el final; y la esperanza en espera de la manifestación, cuando el Señor venga a encontrarnos”.

12 noviembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor. Glroia a Ti, Señor Jesús

Meditación
Celebramos hoy la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, el primer templo cristiano construido en Roma después de las persecuciones, en el siglo IV; es la catedral del Papa como obispo de Roma, símbolo de la unidad de la Iglesia y de la identidad de todos los bautizados como piedras vivas de la Edificación de Dios.

Precisamente la enseñanza de Jesús sobre el templo produce una tensión; allí él hace una denuncia sustancial sobre el sentido del lugar sagrado que lleva a que sea visto como un peligro para el templo y todos los judíos. Estando en Jerusalén sube al templo y se encuentra con los cambistas comerciantes de lo sagrado. El símbolo del lazo con el que los echa se hace expresión del celo por la casa de Dios. Hay un detalle que no debemos dejar pasar: la polémica se centra con los vendedores de palomas. Este animal era el sacrificio que ofrecian los más pobres, los desprotegidos que buscaban la reconciliación con Dios. Las palomas y pichones eran el sacrificio de la gente humilde que quería ofrecerle un tributo a Dios .

Y no puede admitirse que la religión se transforme en un mercado; que la sed de espiritualidad y transcendencia sea pretexto para el lucro. Este es un tema que lo evidenciamos a diario cuando se comercializa lo sagrado como un producto manipulable a intereses codiciosos y ufanadores que no conducen a la Fuente de la Vida. Cuánto se juega con el sentir religioso de las gentes, cómo se convirte la sed espiritual en un mercado del producto “Dios-Salvación”.

En el evangelio de hoy encontramos muchas implicaciones. Jesús se comporta como Hijo de Dios, capaz de denunciar que el lugar de encuentro con su Padre se ha convertido en un culto al comercio. Recuerda que el templo es signo de la morada de Dios en medio de su pueblo por eso viene citado el salmo 69: “el celo por tu casa me devorará”. Y así, el Señor presenta como señal de su autoridad en el templo su pasión y su muerte: “destruid este templo y en tres días lo reedificaré” (v.19). ¿Por qué este signo? Porque en Jesucristo con su muerte y resurrección Jesús se hace presencia viva de Dios en el mundo y como lo entendió y nos lo enseña San pablo, nosotros somos piedras vivas de la edificación de Dios. “¡Esto es algo hermoso! -dice el Papa Francisco- Somos las piedras vivas de Dios, profundamente unidos a Cristo, quien es la roca de apoyo, y también un apoyo entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que el templo somos nosotros, somos la Iglesia viva, el templo vivo, y cuando estamos juntos, entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!”

Afiancemos las verdades que vienen reveladas en la Palabra que meditamos: no puede convertirse la espiritualidad en un mercado porque el afan por el dinero corrompe hasta lo más sagrado; en Cristo somos piedras vivas de la edificación de Dios y valoremos los templos donde se celebra lo sagrado como lugares donde Dios habita y en donde podemos entrar en comunicación filial con Él.

9 noviembre, 2019
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Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16,1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: «¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador.» Entonces el administrador se puso a pensar: «¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan.» Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: «¿Cuánto le debes a mi amo?» El hombre respondió: «Cien barriles de aceite.» El administrador le dijo: «Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta.» Luego preguntó al siguiente: «Y tú, ¿cuánto debes?» Éste respondió: «Cien sacos de trigo.» El administrador le dijo: «Toma tu recibo y haz otro por ochenta.» El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
“Este administrador es un ejemplo de mundanidad. Alguno de ustedes podrían decir: ¡pero, este hombre ha hecho lo que hacen todos! Pero todos, ¡no! Algunos administraciones de empresas, administradores públicos, algunos administradores de gobierno… Quizá no son muchos. Pero es un poco esa actitud del camino más corto, más cómodo para ganarse la vida. La costumbre del soborno es una costumbre mundana y fuertemente pecadora. Es una costumbre que no viene de Dios: ¡Dios nos ha pedido llevar el pan a casa con nuestro trabajo honesto! Y este hombre, administrador, lo llevaba pero ¿cómo? ¡Daba de comer a sus hijos pan sucio!”.

Así lee el Papa Francisco la parábola del administrador deshonesto. El Texto de hoy nos permite leer con criterios del evangelio algunas realidades que vemos en nuestra sociedad: la corrupción, el soborno y la astucia del mal. Puede pasar que como todos los días nos encontramos con noticias sobre corrupción en todos los niveles nos acostumbramos y pensamos que no tiene que ver con nosotros. Pero, ¿tenemos limpio el corazón?¿Nos duele la injusticia operada por la corrupción?¿Vigilamos nuestro corazón ante la tentación de cualquier tipo de corrupción? Recordemos la bienaventuranza: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios? o como dice el salmo 111: “Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos”.

¿Cuál es la actitud correcta de un discípulo del Señor? ser coherente con el modo de pensar y vivir; como lo indica san Pablo: “No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto» (Rom 12, 2). Preguntémonos: ¿cuándo cometo algún error o falta, a conciencia y con la mano en el corazón lo acepto y corrijo?, ¿Cómo administro las cosas que Dios me ha dado en mi vida?

La palabra corrupción etimológicamente describe un proceso en cuya dinámica lo que se encuentra unido y junto se separa, se quiebra, se disgrega, se descompone, se hace pedazos. Refiriéndose a este fenómeno social decía san Juan Pablo II: “El afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión: ‘a cualquier precio’. En otras palabras, nos hallamos ante la absolutización de actitudes humanas, con todas sus posibles consecuencias”.

Quisiera concluir esta meditación citando el documento de Aparecida que señala la necesidad de “formar en la ética cristiana que pone como desafío el logro del bien común, la creación de oportunidades para todos, la lucha contra la corrupción, la vigencia de los derechos laborales y sindicales; hay que colocar como prioridad la creación de oportunidades económicas para sectores de la población tradicionalmente marginados, como las mujeres y los jóvenes, desde el reconocimiento de su dignidad. Por ello, hay que trabajar por una cultura de la responsabilidad a todo nivel que involucre a personas, empresas, gobiernos y al mismo sistema internacional”.

8 noviembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy ya sabéis el camino.

Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Después de celebrar con gozo y alabanza la dicha de los bienaventurados que gozan de la presencia eterna de Dios en el Cielo, la Iglesia invita a todos a interesarnos ante el Señor a favor de todos los hermanos que “ nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección”.

La conmemoración que hacemos hoy de todos los fieles difuntos despierta un sinnúmero de sentimientos; pues al hacer memoria de nuestros familiares, amigos y benefactores que han muerto confesamos nuestra esperanza en la resurrección y en la vida eterna. Es la razón que nos mueve a ofrecer la Eucaristía, las plegarias, sacrificios y obras de misericordia por los fieles difuntos, intercediendo ante el Señor para que les conceda purificarse y alcanzar la plenitud de la vida en el Cielo.

Estos actos de caridad que hacemos por los difuntos, la Iglesia los tiene por necesarios; como dice San Gregorio Magno: «Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso».

Recordemos que la Iglesia nos invita a hacer conmemoración de los fieles difuntos desde nuestra fe centrada en el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. No es un culto a la muerte como en algunas culturas lo suelen hacer, ni es invocación a los difuntos porque se caería en espiritismo, cosa que reprueba la Palabra de Dios.

La conmemoración de los difuntos tiene un profundo sentido espiritual que encuentra su sustento en las virtudes teologales: la fe como certeza de la vida eterna que el Señor nos ofrece y que ha sido adquirida a precio de su muerte redentora; la esperanza como confianza que nos lanza dar una respuesta generosa y concreta al Señor y la caridad sabiendo que este es el traje de gala para entrar a la eternidad. Desde esta vivencia la tradición cristiana ha tenido en alta estima las oraciones por los difuntos.

El Papa Francisco, siguiendo la Palabra de Dios, nos invita a tener una doble mirada: en primer lugar, la memoria de nuestros seres queridos que se han marchado; en segundo lugar, la mirada del futuro, es decir, del camino que nosotros también recorreremos. Con la certeza, la seguridad; con esa certeza que salió de los labios de Jesús: «Yo le resucitaré el último día (Jn 6, 40)”.

“El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios, comenta el Papa Francisco. A Dios le dirigimos esta oración: Dios de infinita misericordia, encomendamos a tu inmensa bondad a cuantos dejaron este mundo por la eternidad, en la que tú esperas a toda la humanidad redimida por la sangre preciosa de Cristo, tu Hijo, muerto en rescate por nuestros pecados”.

No dejemos pasar este día sin hacer una memoria agradecida y confiada de nuestros seres queridos fallecidos ofreciendo como Iglesia peregrina nuestras oraciones por la Iglesia Purgante para que purificados entren a gozar de aquello que anuncia el libro de la Sabiduría: “las manos de los justos están en las manos del Señor y no las alcanzar ningún tormento”.

2 noviembre, 2019
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Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: –«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Celebramos hoy la Solemnidad de todos los Santos recordando que, como nos dice San Pablo, el Señor nos ha elegido para que “fuésemos santos e irreprochables antes por el amor (Efesios, 1, 4). Esta solemnidad nos recuerda que los santos nos protegen, sostienen, conducen, alientan y acompañan. El Papa Francisco nos recuerda que “la santidad es el rostro más bello de la Iglesia” y que tenemos una invitación personal: “el Señor te llama a ti. Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo… esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos”.

Qué grande comprender que la santidad no es un llamado exclusivo para unos pocos, como si perteneciera a una casta; la santidad es un llamado para todos “haciendo que cada instante sea una expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. No te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti. No tengas miedo de apuntar más alto”.

El camino de las Bienaventuranzas que meditamos en el texto bíblico de hoy nos desafía. En la exhortación sobre el llamado a la Santidad en el mundo actual, nos enseña el Papa Francisco que: “Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como la carta de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas”.

En la Exhortación el Papa Francisco termina diciendo: “quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…» (Gaudete ed exsultate 176).

1 noviembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.» Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.» Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Jesús es el caminante que, en su subida a Jerusalén, tiene clara la meta que está dispuesto a abrazar: la pasión, muerte y resurrección. Las enseñanzas del Maestro despierta preguntas de la gente: “¿es verdad que son pocos los que se salvan?» es la pregunta que refleja la inquietud por la salvación; una pregunta siempre actual que no podemos evitar.

La respuesta del Señor nos presenta la necesidad de “esforzarnos en entrar por la puerta estrecha”. ¿Qué significa esta puerta estrecha? ¿De qué se trata? Jesús ya ha presentado cuál es esa puerta estrecha: el camino de las bienaventuranzas. Es la puerta de la conversión que se abre a la vida que el Señor ofrece desde el sacrificio de la cruz. Él ha recorrido este camino desde la obediencia a la voluntad del Padre Dios; también nosotros debemos seguir sus pasos. Es el camino que conduce a la puerta estrecha porque el Evangelio es exigente y radical. Exige una respuesta generosa que va más allá de tener su nombre en nuestros labios y de exterioridades.

Esta es la puerta estrecha. Es la nueva mirada sobre la salvación que Jesús comunica. Por eso el imperativo del Señor: Luchen, es decir, esfuércense en el caminar. Al deseo de salvación le sigue el ponernos en camino para ser de Cristo. No cabe en esto improvisaciones, acomodaciones o lecturas reducidas de la salvación. Quien se encuentra con el Señor Resucitado descubre que él no quiere una parte sino que lo quiere todo; la respuesta de fe no es a medias o por intereses particulares.

Así esta respuesta del Señor no es una invitación al miedo, a la angustia o a la desesperanza; al contrario, es una palabra que nos mueve al compromiso concreto. Jesús dice a sus discípulos y a la gente, que sube con él a Jerusalén, que no basta con ir a su lado como multitud o experimentar admiración por su palabra o sus milagros; es necesario realmente pertenecerle buscando vivir para su agrado.

Comenta el Papa Francisco: “En la actualidad pasamos ante muchas puertas que invitan a entrar prometiendo una felicidad que luego nos damos cuenta de que dura sólo un instante, que se agota en sí misma y no tiene futuro. Pero yo les pregunto: nosotros, ¿por qué puerta queremos entrar? Y, ¿a quién queremos hacer entrar por la puerta de nuestra vida? Quisiera decir con fuerza: no tengamos miedo de cruzar la puerta de la fe en Jesús, de dejarle entrar cada vez más en nuestra vida, de salir de nuestros egoísmos, de nuestras cerrazones, de nuestras indiferencias hacia los demás”.

Al meditar de nuevo este pasaje del evangelio actualicemos el llamado que el Señor nos hace a seguirlo. Como seres humanos buscamos seguridad, evitar riesgos y tener todo bajo control. Y ¿qué asegura nuestra salvación? No existe una aseguradora que nos venda la garantía de la salvación; es necesario esforzarnos por conservar vivamente el don de la fe que se nos ha dado viviendo en la sintonía de la voluntad de Dios. Y esto es para hacerlo hoy.

30 octubre, 2019
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 12-19

En aquel tiempoSubió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celote, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque saltaba de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

El Evangelio de hoy nos propone la elección de los doce Apóstoles y el gentío que quiere encontrarse con Jesús; dos realidades que nos llevan a confirmar la experiencia personal-comunitaria de la fe que transforma y da sentido a la vida.

Las decisiones de Jesús están precedidas por una profunda actitud de oración; en la intimidad con Dios Padre encuentra la fuerza, la claridad y la firmeza para hacer su voluntad y también para elegir a quienes haría partícipes de su misión. No dejemos pasar esta intuición que surge del corazón de Jesús: cultivemos una vida de oración constante, serena, una oración que toque la vida de cada día, buscando el querer de Dios y la consecución de la satisfacción en la realización de la misión que se nos confía. Sin oración no hay luz en el camino, no hay fuerza que nos sostenga en el camino de la vida; sin oración no hay sabiduría ni dirección.

El Señor llamó a los doce para que estuvieran con Él y enviarlos a enseñar el Evangelio. Los llamó por su nombre y desde la realidad de cada uno. Al leer sus nombres y contemplar sus historias encontramos lo que hace la gracia de Dios en el corazón de quien se va dejando moldear por el Espíritu Santo. Sí, eran personas normales, con virtudes y defectos, con su carácter e ilusiones, con sus búsquedas y caídas. Y esto nos consuela a todos.

Po ejemplo, hoy celebramos a los apóstoles San Simón y San Judas. El primero pertenecía al grupo de los “zelotes” que estaban en contra de la invasión romana en su país; el segundo “Tadeo” escribió una Carta que se encuentra en la Biblia en la que enseña que “es preciso tener muy presente que nuestra identidad exige fuerza, claridad y valentía ante las contradicciones del mundo en que vivimos: Pero vosotros, queridos ―nos habla a todos nosotros―, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A los que vacilan tratad de convencerlos…» (Judas 20-22).

Hoy Él continúa llamándonos por nuestro propio nombre. No nos podemos dejar desanimar diciendo: ¿Cómo puedo comprometerme con el Señor si he hecho esto o aquello que no estuvo bien? mejor que el Señor llame a otros mejores, etc. No, el Señor nos llama tal cual somos para que estemos con Él y vivamos una experiencia que vaya transformando nuestra vida. Desde el bautismo recibimos un llamado a vivir en comunión con Dios. No nos perdamos la gracia de vivir en Dios y para Dios. El Señor está haciendo su obra en nosotros. Él nos va curando, liberando, fortaleciendo. Respondamos con generosidad y participemos en la misión que se nos confía. No nos podemos perder la vida nueva que brota de la experiencia personal del amor del Señor.

Enseña el Papa Benedicto XVI: “Que tanto Simón el Cananeo como Judas Tadeo nos ayuden a redescubrir siempre y a vivir incansablemente la belleza de la fe cristiana, sabiendo testimoniarla con valentía y al mismo tiempo con serenidad”.

28 octubre, 2019
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
El llamado del Señor para aprender a leer los signos de los tiempos se hace necesario para percibir mejor la presencia del Dios en la historia y comprender el compromiso cristiano en las realidades temporales.

Durante estos días el evangelio nos ha conducido en la meditación de actitudes importantes en nuestro caminar como cristianos: la vigilancia, la prudencia, la audacia siendo luz para los demás y el esfuerzo por corresponder a lo mucho que el Señor nos confía. Hoy viene puesta a la reflexión una capacidad que todo cristiano debe desarrollar: el discernimiento para poder ir descubriendo el llamado que el Señor nos hace en la vida.

Constatamos que diariamente nos encontramos ante situaciones, circunstancias familiares, laborales, económicas, espirituales que exigen no dejarlas pasar por alto; se hace necesario tomar decisiones, y en estas cabe el preguntarnos si tomamos en cuenta el plan de Dios en nuestra vida cotidiana. La falta de discernimiento nos puede llevar a tomar las cosas a la ligera, por impulsos y sin la capacidad de conocer la realidad, llevándonos a actuar sin sopesar bien lo que es justo, verdadero, noble y que procura el bien.

Hablando del llamado del evangelio se pregunta el Papa Francisco: “¿Estoy tan apegado a mis cosas, a mis ideas, cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona quieta o una persona que camina? ¿Soy capaz de entender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos?”. Mientras vamos de camino, qué importante es aprender a discernir la presencia cotidiana de Dios en nuestra vida, a interpretar lo que Él nos va pidiendo en cada situación y a decidir hacer el bien y rechazar el mal. Estas actitudes nos ayudarán a no desentendernos de las responsabilidades que tenemos, tanto en la correcta relación con Dios buscando comprender asumir y obrar con alegría y generosidad su Voluntad, como las relaciones con los otros descubriendo que como dice el Señor: “cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicieron”

Confirmemos que para cultivar una actitud correcta de discernimiento, se hace necesario querer lo que Dios quiere; esto indica apertura a Dios armonizando la gracia que Dios da y la libertad para desear buscar el agrado de Dios. Así adquiere sentido la pregunta: ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí en esta situación?

Concluyamos nuestra meditación recordando lo que nos dice el libro de los Proverbios 2, 1-9: “Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos, prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces entenderás el temor de Señor y la ciencia de Dios encontrarás. Porque el Señor es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia, vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos. Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien”.

25 octubre, 2019
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