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Evangelio del martes, 9 de octubre

9 octubre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Jesús va de camino y es acogido por una familia de Betania. En casa, mientras Marta se afana por acoger y atender a Jesús multiplicando los oficios, María presenta la actitud principal del discipulado: sentarse a los pies del Maestro y estar atenta a su Palabra.

Con el relato de un hecho real, el evangelista san Lucas nos conduce a la contemplación de un cuadro armonioso que comienza a cambiar: Marta sirve y María escucha. Sin embargo, Marta con sus múltiples ocupaciones comienza a experimentar una “tensión” que la supera; la agitación comprensible por tantas actividades le impide vivir lo esencial. Su intención es noble pero pronto se transforma en ansía; en cambio María no quiere perderse la oportunidad de acoger la Palabra del Maestro, ella escucha atentamente al Señor gustando su enseñanza, sabe que quien escucha penetra en el mundo interior del otro; hay una Palabra de Vida por acoger, comprender y llevarla a la vida.

La escena nos muestra que no hay contradicción entre el servicio y la escucha de la Palabra; esta vital relación es necesario comprenderla para no ser atrapados por la soledad y por aquel cansancio que nos puede llevar, como Marta, a enfadarnos con Jesus: “Señor, ¿no te importa…” y con los hermanos: “mi hermana me ha dejado sola con el servicio…”

También, en nuestra vida podemos experimentar que los afanes de la vida, las preocupaciones y múltiples ocupaciones nos apartan de dos realidades esenciales: la vida de comunión con Dios y la fraternidad con los hermanos. Vivimos en tiempos tan acelerados que podemos creer que no hay tiempo para orar alimentando el espíritu.

No con mala voluntad nos empeñamos en tantas cosas hasta el cansancio. Podemos escuchar: “no me queda tiempo ni para ir a Misa”, “mi oración es poca y simple porque tengo tantas cosas por hacer”, “no puedo hablar con mis padres porque ellos están trabajando todo el tiempo y sé que estan cansados”, “trabajo tanto por mi familia que no me queda tiempo para estar con ellos”. Y entonces confundimos nuestras prioridades; nos dividimos, saliendo profundamente lastimados y creando unas barreras afectivas con los de casa.

Frente a esta realidad, Jesús con su respuesta a Marta, no la reprocha ni la crítica. Con su pedagogía la calma para que ella recupere lo esencial. La invita a acoger la mejor parte; le ayuda a comprender el orden de las prioridades para no perder el control. Y, en Marta nos invita a servir y a escuchar. Así es, ponernos en píe para servir a los demás cumpliendo nuestras responsabilidades, pero animados por su Palabra, por la vida de oración, por el cuidado de lo fundamental. Además, llevando a la oración las fatigas y trabajos de cada día para encontrar en el Señor nuestro descanso, para dejar que Él repare nuestras fuerzas, para trabajar con profunda mística, convirtiendo nuestras labores en instrumentos para acercarnos a Dios y al prójimo.

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