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julio 2018

Mateo 13,36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.» Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema: así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Meditación

Jesús explica la parábola del trigo y la cizaña a sus discípulos dándoles a conocer el significado de seis elementos de la parábola: el campo es el mundo; la buena semilla son los miembros del Reino; la cizaña son los miembros del maligno; el enemigo es el diablo; la siega es el fin de los tiempos; los segadores son los ángeles.

El texto de hoy nos sugiere la reflexión de unas realidades que ayudan a la comprensión, no solo de la historia sino también del motivo de la esperanza cristiana. Jesús, el Hijo eterno de Dios ha venido al mundo para recrearlo; por esto dice: “Mirad que yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 12,5). Ha venido a esparcir la buena semilla de la verdad y la justicia del Reino de Dios; ha venido a proclamar la Buena nueva revelando el verdadero rostro de Dios. Con la ley nueva ha enseñado que quien vive su presencia en la cotidianidad no puede ser partidario del Maligno.

Por esto, el discípulo del Señor crece en la conciencia de ser buena semilla en medio del mundo. La identidad del creyente brota de aquello que ha recibido desde el bautismo: «Por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia (Efesios, 1, 3-8).

Si, el creyente va experimentando una vida nueva en medio del mundo; también experimenta en su interior la dinámica de la semilla, que con una fuerza interior escondida y dinámica, crece, impregna y transforma la realidad. Allí donde hay un creyente convencido de su identidad brota la esperanza de ir trabajando por la eternidad. La fe se hace operativa conectando las responsabilidades temporales con el deseo de eternidad.

También la explicación del Señor nos sugiere que el Maligno trabaja poniendo aquella cizaña que corrompe el corazón. Esta realidad la evidenciamos cuando al mirar tantas situaciones del panorama nacional e internacional nos encontramos con la corrupción en todos los niveles de la sociedad: injusticia, división, engaño, conflicto de interés, desfalcos, desprecio por la vida, violación de la dignidad humana, etc. En medio de estas realidades el cristiano sabe que está llamado a no entrar en la lógica de la corrupción del corazón; al contrario, está llamado a impregnar desde sus opciones y acciones la realidad con los valores del Evangelio.

Y así como nos los explica san Pablo «Es necesario que todos nosotros seamos puestos al durante su vida mortal, el bien o el mal» (2 Corintios 5,10) . Por lo tanto, trabajemos por ser ciudadanos del Reino de los cielos, evitando ser partidarios del maligno.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

31 julio, 2018
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Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.» Les dijo otra parábola:
-«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Meditación

Con el evangelio de hoy continuamos la meditación de las parábolas del Reino, presente en la vida cotidiana del Pueblo de Dios. Hoy se nos presentan dos pequeñas parábolas, del grano de mostaza y de la levadura.

Las parábolas tienen algunos datos en común: en primer lugar, todo parte de ser realidades pequeñas, humildes, que casi nadie las ve: un granito de mostaza, una medida de levadura; sin embargo, tienen una fuerza interior que produce crecimiento y con ello la protección y el fermento. En segundo lugar, encontramos que para que se dé dicho crecimiento necesita la cooperación de alguien: la semilla necesita ser sembrada, la levadura ser amasada con tres medidas de harina.

¿Qué es el Reino de Dios del que habla Jesús? el Reino de Dios es Él mismo y su presencia transformadora. El Hijo de Dios que “se hizo hombre y puso su morada entre nosotros”; Jesús de Nazaret, el humilde carpintero, Hijo de María que “siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2Corintios 8,9). Jesús que vino a anunciar con hechos y palabras la Buena Nueva del amor del Padre. Su Palabra tiene una fuerza interior que es semilla capaz de producir crecimiento, transformación, renovación y dar sentido a la existencia. En Él se cumplen las promesas hechas en la profecía de Ezequiel: “Echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas. Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré (Ez 17,22-23).

Qué grande es poder comprender la dinámica de la enseñanzas del Señor; su lógica no es la del más fuerte y poderoso; es la lógica de la fuerza de la pequeñez, del valor de lo sencillo. En la dinámica del reino de Dios es necesario encontrar el valor de lo cotidiano, de lo familiar. Es una invitación a centrar la atención en aquellas realidades de cada día que, a veces por ser pequeñas, vienen descuidadas y, sin embargo, su ausencia indica el debilitamiento de lo realmente importante; pensemos en el valor que tiene una sencilla palabra, un gesto, la presencia, etc. Es como si el Señor nos invitara a descubrir que la fuerza extraordinaria de Dios se esconde en la cosas comunes de la vida de cada día.

Dios pide nuestra participación, así lo sugiere el Papa Francisco: “Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia”.

Entonces, acogiendo esta enseñanza de Jesús, dejemos que su presencia entre nosotros nos haga crecer y cooperar en la obra de Dios para que nuestro obrar, desde lo pequeño y cotidiano, ayude a que otros crezcan en la confianza en la fuerza del Señor que transforma y da seguridad.

P. John Jaime Ramírez Feria

30 julio, 2018
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Se acaba el mes de Julio y con el la presencia en nuestra parroquia del Padre Milton Eduardo que nos ha estado acompañando.

Queremos agradecerle su colaboración confiando que el próximo año repita y podamos disfrutar de su verbo cálido, de su buen hacer y sobre todo, su atención pastoral para con todos los que durante este tiempo acudían a la parroquia.
Gracias y hasta el año que viene.

¡Pero no es el único que se va! Como anunciábamos ayer D. Carlos Miramontes, sacerdote que descubrió su vocación siendo vecino de nuestra Parroquia y D. Javier Mira que durante tantos años colaboró en la parroquia, también se van: el primero a Roma a estudiar y el segundo destinado a Vigo.

Los sacerdotes que mensualmente nos reunimos en un encuentro fraterno para rezar, descansar quisimos despedirlos y tras un rato de oración compartimos con ellos una comida en un conocido restaurante de nuestra parroquia.

Los echaremos de menos y ellos saben que aquí siempre tendrán su casa.

 

29 julio, 2018
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¿ En estos días me ha venido a la memoria el encuentro entre San Pedro y Jesús, cuando Pedro convencido por la comunidad, abandonaba Roma, porque no creía poder afrontar la persecución de Nerón, que le buscaba para matarle. Era el año 64 y San Pedro que abandonaba su puesto de Pastor Supremo, se encuentra extrañado con Jesús cargado con la Cruz camino de Roma y le pregunta ¿Quo vadis Domine?
Jesús le contesta, voy a Roma a ser de nuevo crucificado, porque tú abandonas mis ovejas y ellas me necesitan.

¿Por qué? Por qué a Roma es a donde durante los próximos años ha sido destinado Carlos Miramontes Seijas, sacerdote originario de nuestra parroquia que cantaba su primera misa el año pasado en Santa Cruz.

Tras finalizar su licenciatura en Teología Dogmática ahora es enviado por el Arzobispo D. Julián a estudiar Teología Moral a la Academia Pontificia Alfonsiana de Roma donde se formará hasta alcanzar el grado en Teología Moral y – si el Sr. Arzobispo lo considerase oportuno- el Doctorado en dicha materia.

Como parroquia supone un gran orgullo ver cómo uno de sus feligreses es enviado a la Sede de Pedro, cuna de la Iglesia Universal a formarse. Nos unimos a su alegría y él encomendamos de manera especial.

 

29 julio, 2018
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Mateo 13,24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.

Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.’»

Meditación

Con la parábola del trigo y la cizaña, continuamos la meditación del discurso de Jesús sobre el Reino de los cielos. El trigo es la buena semilla de la Palabra de Dios que viene sembrada, brota espontáneamente y produce fruto; la cizaña es todo aquello que brota en el campo de la siembra; sería todo aquello que es contrario a la Palabra de Dios.

Constatamos que la sociedad, en las familias, en las comunidades y en el interior de la persona se encuentran tanto virtudes, talentos, cualidades buenas como incoherencias, errores, fallos y límites. Hay diferencias que dividen, modos de pensar que no concuerdan, realidades que no comprendemos de nosotros y de los otros. El trigo y la cizaña crecen juntos. En la parábola encontramos una pregunta que también hoy nos hacemos: “Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”

La respuesta es clara: el enemigo, el que divide y engaña ha sembrado la cizaña. Es el misterio del mal que cuestiona y que tantas veces pareciera que acaba con el dinamismo y la fuerza del bien. Lo vemos a diario porque convivimos entre contradicciones y diferencias; y quisiéramos acabar el mal de raíz.

San Pedro nos dice: «Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará.» (1Pedro 5, 8-10). La realidad del mal y la acción del enemigo las evidenciamos en tantas realidades; pero no podemos desanimarnos porque el Reino de Dios está entre nosotros; creemos en la fuerza del bien, en la acción continua de Dios en la historia, constatamos que el Señor nos da la gracia para comprender las diferencias, para apostar en la cooperación del crecimiento de la buena semilla en nosotros y en la comunidad.

Una enseñanza que no podemos dejar sin mencionar es la paciencia de Dios. Leyendo esta parábola, podemos evocar las palabras del Papa Francisco: “Jesús nos dice que en este mundo el bien y el mal están entrelazados, que es imposible separarlos y extirpar todo el mal. Sólo Dios puede hacer eso, y lo hará en el juicio final… Él nos dice que la línea que separa el bien y el mal se encuentra en el corazón de cada persona. Somos todos pecadores. Jesucristo, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos ha liberado de la esclavitud del pecado, y nos da la gracia de caminar en una vida nueva, pero con el Bautismo nos ha dado también la Confesión porque siempre tenemos necesidad de ser perdonados de nuestros pecados. ¡Cuánta paciencia tiene Dios! También cada uno puede decir esto: ¡Cuánta paciencia tiene Dios conmigo!”. Si Dios tiene tanta paciencia con nosotros y no quiere que ninguno se pierda, también nosotros debemos ser pacientes con los hermanos.

No olvidemos, entonces, que estamos llamados a cuidar la buena semilla que el Señor ha sembrado en nosotros y en la comunidad, sabiendo que también hay presencia de la cizaña, del mal. Aprendamos de Dios que tiene paciencia con nosotros y nos llama a la conversión para así ser pacientes en las diferencias con los demás.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

28 julio, 2018
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Mateo 13,18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»

Meditación

Al inicio del capítulo 13 encontramos la parábola del Sembrador. Jesús habla de una semilla cuyo crecimiento depende del lugar en que cae: el camino, el terreno pedregoso, las zarzas y la tierra buena; esta última capaz de producir fruto bueno y abundante.

En el texto de hoy, encontramos a Jesús que explica la parábola del Sembrador, iniciando con una advertencia fundamental: «Es necesario estar dispuestos a escuchar para conocer el sentido de la Palabra». Esto marcará la diferencia entre el discípulo, que acoge la enseñanzas del Maestro para llevarla a la vida de cada día, y la multitud incapaz de comprender lo dicho por el Señor.

Jesús invita a ser tierra buena, que escucha, comprende y fructifica sus palabras: “Dichoso el que escucha mis palabras y las pone en práctica”. La actitud de la escucha creyente de la Palabra del Señor es un requerimiento constante encontrado en las Sagradas Escrituras; por ejemplo en el Salmo 1 leemos: “Dichoso el hombre que se complace en la Ley del Señor y la medita día y noche… «Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.»

Por otra parte, Jesús presenta los impedimentos que se presentan en la aceptación de su palabra: El camino del corazón endurecido en el que no se dan las condiciones necesarias para el crecimiento; por ejemplo, cuando domina en nosotros la obstinación en los propios criterios y convicciones reinando la rígidez y la indiferencia; nos interpela hasta llegar a la cerrazón y la sequedad espiritual. El terreno pedregoso de la inconstancia y la inestabilidad ante las tribulaciones y las pruebas inevitables que lleva al desespero y la búsqueda de soluciones ligeras y vanas. También, las zarzas de la confusión que no permiten ver con claridad las prioridades de la vida, conduciendo el corazón a una existencia superficial y confundida. Estos impedimentos nos muestran la necesidad de velar para dejar fructificar la Palabra de Dios en nuestra vida cotidiana siendo un terreno dispuesto que acoge la dinámica transformadora de la acción de Dios.

Concluyamos, leyendo al Papa Francisco: “Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a los oyentes de Jesús dos mil años atrás. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor echa incansablemente la semilla de su Palabra y de su Amor. ¿Con qué disposición la acogemos? Y podemos preguntarnos: ¿Cómo esta nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a unas zarzas?”… Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero formado y cultivado con cuidado, para que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos”.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

27 julio, 2018
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Muchos son los que, en estos días de verano se tomarán unos días de descanso lejos de sus residencias o simplemente desconectando de sus tareas habituales.
Para eso están las vacaciones: para “desconectar”

Pero corremos el riesgo de “desconectar de más” y olvidarnos de que Dios no tiene vacaciones. Allá donde vayamos habrá una parroquia que comparte nuestra misma fe y esperanza a la que nos podríamos unir en las celebraciones.

Pero no basta la asistencia a la Misa dominical. Con frecuencia, cuanto más tiempo tenemos ( sin horarios de trabajo, escuelas) menos le dedicamos a Dios.

En verano debemos cuidar no solo el cuerpo con el relax y el descanso si no también nuestra alma con nuestro plan de vida espiritual.

La finalidad del programa de vida se concreta en encauzar y ordenar el trabajo espiritual. Requiere: conocimiento personal para detectar la pasión dominante y sus manifestaciones más frecuentes; reconocer también las propias virtudes y fortalezas para avanzar en el camino de la transformación; discernimiento y prudencia para elegir los mejores medios y, sobre todo, una gran “determinada determinación”, como decía Santa Teresa, para alcanzar el ideal propuesto.

Obviamente de nada servirá un programa si no se hace vida. Aquí entra muy especialmente la figura del orientador espiritual, quien vigilará y colaborará con el orientado para que trabaje con constancia en su programa, motivando, exigiendo y llevándolo al realismo. La transformación, proceso largo y demorado, depende, a fin de cuentas, del tiempo de Dios para cada alma, independientemente de los deseos personales.

En consecuencia, no podemos pasar estos meses de verano sin cuidar con esmero nuestra vida interior. Como decía: Dios no tiene vacaciones… ¡ Y el demonio tampoco!

 

26 julio, 2018
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Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
-¿Por qué les hablas en parábolas? Él les contestó: -A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.”

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Meditación: Resistencia contra docilidad

El capítulo 13 de San Mateo presenta las enseñanzas de Jesús mediante parábolas: el sembrador, el trigo y la cizaña, la levadura, tesoro, la perla y y de la red. La pregunta de los discípulos ¿Por qué les hablas en parábolas?, Jesús aclara que para acoger el Reino de Dios es necesario docilidad, sencillez de corazón y un alma bien dispuesta. Por otro lado, el endurecimiento voluntario del corazón causa aquella ceguera que hace perder la gracia: “Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán.”

Profundicemos en estas dos actitudes: la docilidad que abre a la persona a la novedad de la Palabra de Dios y el endurecimiento del corazón que produce ceguera espiritual y rechazo a la gracia de Dios.

¿Cuál es el comportamiento que el Señor nos pide para que el Reino de Dios crezca y sea espacio para todos? -Pregunta el Papa Francisco-. La docilidad. El Reino de Dios crece con la docilidad a la fuerza del Espíritu Santo…Muchas veces nosotros somos dóciles a nuestros caprichos, a nuestros juicios: ‘Hago lo que quiero…’ Así no crece el Reino, tampoco nosotros. Será la docilidad al Espíritu, la que nos haga crecer como la levadura y la semilla”. Por eso, Dios toma la iniciativa de salir en búsqueda del hombre, con “la gracia responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana; y la llama a cooperar con ella, y la perfecciona” (Catecismo 2022). Así se comprende la bienaventuranza que el Señor hace a quienes son dóciles a la acción de Dios: “¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!”.

Por el contrario, el endurecimiento del corazón, consecuencia del no creer ni obedecer la Palabra de Dios, aún cuando se conozcan sus obras, va creciendo progresivamente. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia: “La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero… Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia descuida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza. La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza es una vacilación o negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad. La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio a Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas” (2093-2094).
Terminemos esta reflexión preguntándonos: ¿Abro el corazón para acoger, conocer y familiarizarme con la Voluntad de Dios?, ¿Cómo es mi respuesta a la gracia de Dios?, ¿He endurecido mi corazón cerrándome a la acción de Dios en mi vida?

John Jaime Ramírez Feria

 

26 julio, 2018
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El 25 de julio la Iglesia celebra la fiesta de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles elegidos por el Señor y que se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

San Crisóstomo dirá que él fue el apóstol más atrevido y valiente.

El “hijo del trueno” como le puso Jesús a él y a su hermano San Juan el Evangelista, es patrono de España y de su caballería, así como de los curtidores, veterinarios, equitadores y de varias ciudades en el mundo. Otras ciudades incluso llevan su nombre en países como Chile, República Dominicana, Cuba entre otros.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar «Sant Iacob, ayúdenos» y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a Santiago.

Fue testigo con Juan y Pedro de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor, de la pesca milagrosa y de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre los pasajes más representativos.

La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario, a donde peregrinan miles de personas cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela.

El 9 de noviembre de 1982, cuando San Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos”, porque los otros continentes “te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.
“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, expresó el santo polaco.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como «Pilar» de la Iglesia.

El Papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

Fuente: Aciprensa

El día del Patrón de España y de Galicia es de precepto por lo que tenemos la obligación de asistir a la Santa Misa

Horario
10:00 San Martín de Dorneda
10:45 San Pelayo de Montrove
11:30 Iglesia nueva de Santa Cruz
12:30 Santa Eulalia de Liáns
12:30 San Pedro de NOs

25 julio, 2018
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Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.»

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Meditación

De camino a Jerusalén, Jesús debe afrontar una realidad con sus discípulos; Él les ha ido dando a conocer que debe subir a Jerusalén para padecer, ser entregado y dar la vida pero al tercer día resucitará; y ellos no entienden este padecimiento para donar la vida. No pueden la posibilidad del sufrimiento y de la cruz con la idea de Mesías que ellos se han formado.

Esto lo evidenciamos en la petición que la madre de Santiago y Juan hace a Jesús. En realidad, ella se hace portavoz de sus hijos: «Manda que estos dos hijos míos, se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu Reino»; tampoco ellos han entendido la propuesta de Jesús y esto despierta en la comunidad de los discípulos tensiones y recelos.

Por lo tanto, Jesús les hace caer en cuenta que ellos están centrados en sus propios intereses , y les indica con claridad que si están decididos a ser sus discípulos deben estar dispuestos a donar su vida, cambiando honores por el sacrificio. Y Santiago da una respuesta sincera y decidida: “Estamos dispuestos a aceptar el cáliz de la entrega, del sacrificio, de la donación total”.

El estar dispuestos a asumir el camino de Jesús nos lleva a evitar aquello que enfrenta y divide la comunidad; se hace necesario cambiar los intereses y búsquedas individuales para entrar en el camino del servicio al otro, de la donación de la vida cada día. La propuesta del Señor, siguiendo sus pasos, nos libera de los egoísmos y encierros en nosotros mismos para salir al encuentro del prójimo. Esto nos lleva a clarificar la misión como lo hizo Jesús: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir, y para dar la vida en rescate de muchos”.

Este itinerario lo asumió con decisión el Apóstol Santiago, cuya fiesta celebramos hoy; se le representa vestido de peregrino o como soldado montado en su caballo en actitud de lucha. Santiago, llamado por Jesús el hijo del trueno, fue un apóstol, como dirá San Juan Crisóstomo, un apóstol atrevido y valiente.

Según la tradición, después de la Ascensión del Señor, Santiago se destacó dentro del grupo de los Apóstoles; fue el primer apóstol martirizado por el rey Herodes Agripa. Antes, Santiago, con el deseo de cumplir el mandato del Señor, alcanzó a ir hasta España anunciando la Buena Noticia. En la Catedral de Santiago de Compostela (Norte de España) se veneran los restos del Apóstol que fueron llevados desde Palestina; son numerosos los peregrinos que hacen el famoso “Camino de Santiago” para llegar a su tumba y para darle el abrazo a la imagen del Apóstol Santiago. Una verdadera manifestación de fervor religioso que lleva a mirar el camino de la vida desde la vida entregada de Santiago.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

25 julio, 2018
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