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5 diciembre, 2019

Exposición

Cada jueves, de una u otra forma, somos llamados a celebrar un encuentro de oración y reflexión por las vocaciones sacerdotales y a la vida religiosa, en sus múltiples dimensiones.

Movidos por el Espíritu, decidimos venir a orar, ante el Santísimo expuesto en la Custodia a petición suya -«rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies»- porque hemos comprendido esta relación comunión eclesial que nos hace a todos responsables y exige una respuesta, un compromiso con la vocación de quienes son llamados a una vida consagrada y necesitan nuestra oración. Estos momentos de adoración nos abre el horizonte hacia un camino que invita a ser recorrido.

Toda vocación es la respuesta a una llamada interior que se descubre en el seno de la Iglesia y es animada por la acción del Espíritu Santo que nos permite descubrir que en este camino no estamos solos.

Jesús, al igual que lo hizo con los discípulos de Emaús, sin juicios, camina a nuestro lado, nos infunde confianza y va abriendo la ruta a seguir en una maravillosa aventura de entrega generosa a los hermanos, para ser puentes que hagan llegar la ternura de Dios a los hombres.

Y aunque nosotros mismos no vayamos a ser sacerdotes nuestra mirada se dirigirá especialmente hacia una respuesta que implica misión, salida, valentía, desafíos, sueños y estar dispuestos a dejarse traspasar y transformar por el Amor.

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves
Hora: 19:30 hh.

5 diciembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

El camino de Adviento nos invita a acoger la Palabra de Dios para encontrar en ella sabiduría y dirección. No basta con oírla; es necesario escucharla y ponerla en práctica haciendo la voluntad de Dios manifestando su presencia en el mundo.

Una aclaración nos deja el Señor: no basta con tenerlo en nuestros labios, si su Palabra antes no ha pasado por el corazón y se ha hecho vida. El edificar nuestra vida sobre roca significa encontrar la solidez de nuestra vida en la experiencia del amor de Dios que Jesús nos ha dado a conocer; con sus hechos y palabras el Señor nos ha manifestado el verdadero rostro de Dios Padre. Es esta verdad la roca que sostiene la vida del creyente aun cuando arrecien tormentas y dificultades.

Toda persona busca que su existencia no tambalee; la incertidumbre y la inestabilidad nos aterran. Es por esta razón que Jesús en el Evangelio nos muestra la seguridad de nuestra casa en la palabra Divina. No se trata de una concepción mágica de la Palabra de Dios, al punto de tenerla como un amuleto. No. Lo que se nos presenta es todo lo contrario, la experiencia de fe no nos exime de dificultades, tribulaciones y necesidades; lo que si hace es darnos certezas; certeza de la presencia constante de Dios en la vida, certeza que con Él a nuestro lado encontramos la salida, certeza de la autoridad de la Palabra del Señor que es “lámpara para nuestros pasos, guía en nuestros senderos”.

A un grupo de novios que hacia su itinerario de preparación al matrimonio, el Papa Francisco les aconsejaba: “¿Es solamente un sentimiento, un estado psicofísico? Claro que si es solamente esto no se pueden construir encima nada que sea sólido. En cambio si el amor es una realidad que crece, y podemos decir como ejemplo, como se construye una casa. Crece y se construye como una casa. Y la casa se construye juntos y no cada uno por su lado. Construir aquí significa favorecer el crecimiento. Ustedes se están preparando para crecer juntos, para construir esta casa, para vivir juntos para siempre. No la cimienten en la arena de los sentimientos, que van y vienen, sí en cambio en la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer, de la misma manera que se construye una casa, que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza, de apoyo. Pero todo junto: afecto, ayuda, esperanza, apoyo”.

Pensemos en este adviento en el camino de la Virgen María y San José. Los dos fueron dóciles a la voluntad de Dios; los dos pusieron como prioridad de vida el proyecto de Dios. José asume la Palabra de Dios y acoge la misión de ser el esposo de la Virgen Madre y el Custodio del Redentor. María responde al Ángel: “yo soy la esclava del Señor, hágase en mi según su Palabra”; ella siempre está atenta a la Palabra de Dios, es la verdaderamente dichosa porque ha escuchado la Palabra de Dios y la ha puesto por obra.

5 diciembre, 2019
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