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7 octubre, 2019

El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio de los laicos. En esa época los monjes rezaban los 150 salmos, pero como la mayoría de los laicos no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Después se formaron otros tres salterios que incluían 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

En el año 1365 se combinaron los cuatro salterios. Se dividieron las 150 Aves Marías en 15 decenas y se puso un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios. En el año 2002 el Papa San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos. Con ello, se cuentan actualmente 20 misterios en el Santo Rosario.

La palabra Rosario significa “Corona de Rosas». La Virgen María ha revelado a muchas personas que cada vez que rezan un Ave María le entregan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. Así como la rosa es la reina de las flores, el Rosario es la rosa de todas las devociones y, por lo tanto, es la más importante.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Además, le encomendó la tarea de propagar su devoción.

Esta cobró fuerza en la cristiandad tras la Batalla de Lepanto en 1571. Los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta de la amenaza inminente. El Papa Pío V pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión musulmana se hizo certera.

El 17 de septiembre de 1569 el Papa pidió que se rezase el Santo Rosario. Para salvar a la cristiandad se formó la Liga Santa, conformada por los Estados Papales, el Reino de España, la República de Venecia, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta. El 7 de octubre de 1571 la Liga Cristiana, comandada por Don Juan de Austria, se enfrentó a la flota musulmana en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. Antes del combate las tropas cristianas rezaron devotamente el Santo Rosario para vencer a un enemigo superior en número y buques de guerra. La batalla de Lepanto duró muchas horas pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. Mientras el combate naval transcurría, en Roma el Papa Pío V rezaba el Rosario en su capilla. De repente el Papa salió y, por aparente inspiración, anunció con gran calma a todos los presentes que la Santísima Virgen les había concedido la victoria a los cristianos. Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quien, desde un principio, atribuyó el triunfo de la Liga Cristiana a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Como agradecimiento a la Virgen María, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de “Auxilio de los Cristianos». Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.

Fue San Pío X quien fijó la festividad de la Virgen del Rosario el día 7 de octubre

7 octubre, 2019
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Si contáramos todas y cada una de las bendiciones que Dios nos da, faltarían cifras numéricas. Así es como yo me siento. Bendecido por Dios y destinatario de sus maravillas. No puedo contar todas sus bondades para conmigo, pero sí puedo individuar una de tantas y de especial importancia para mí. Me refiero al regalo que me ha dado de haber compartido este mes en la Comunidad de las parroquias Santa Eulalia de Lians (incluida por supuesto los fieles de la iglesia de Santa Cruz), Dorneda y San Pedro de Nos. Ha sido un mes intenso, maravilloso, excepcional y aunque completo en sus días lo he sentido corto, pues de lo bueno uno no se cansa y siempre quiere más.

Ante esta bella experiencia el “Gracias Señor” y el “hasta pronto amigos” me sale como decimos en Nicaragua con un “torozón en la garganta” y mi corazón y la razón entran en conflictos, pues el primero me dice borra y escribe otra cosa más linda, pues no basta y es poco, y así borro y comienzo otra vez, pero sigo insatisfecho; ante tal dificultad sabiendo que jamás encontraré las palabras elocuentes y ni siquiera adecuadas para deciros Gracias, me resigno a seguir a la razón que me dice: “es cierto, siempre será poco e insuficiente para expresar lo que tú sientes de verdad, y así continúo escuchando su consejo, si buscas perfección en tus palabras para expresar tu gratitud, entonces no escribirás nada y ni siquiera sabrán un poco de todo lo bueno que tú sientes -continua diciéndome- la simplicidad es lo más sofisticado que hay porque a veces la poquedad sólo es apariencia como la pequeñez de una llave que puede abrir una habitación, un almacén y hasta una bóveda llena de tesoros o por ejemplo una simple hebra de cabello que contiene toda la carga genética de un ser humano así que deciros Gracias y tú sabrás lo que contiene esa pequeña palabra”. Muchísimas Gracias, así os lo digo; por todo, por vuestra amistad, por vuestro cariño, en fin por todo. Y que sepáis que este Gracias sólo es una muestra de mi profundo agradecimiento, como cuando se la da probar un pequeño trago al buen catador de vino. Gracias comunidades parroquiales, Don José Carlos, colaboradores y fieles todos en el Señor.

Regreso a Roma más pesado y no sólo por la buena y deliciosa comida gallega, sino también y sobre todo porque los llevó a todos en mi corazón y os aseguro que estaréis presentes en mis oraciones. Espero regresar pronto. Orad por mí por favor. Bendigo y glorifico al Buen Señor y le doy gracias de todo corazón por haberos conocido. Una vez más GRACIAS y que Dios os bendiga.

7 octubre, 2019
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