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junio 2021

El inmueble fue diseñado por Miguel Fisac y se inauguró en julio de 1971 EPrácticamente fue ejecutado por un solo albañil local

Miguel Fisac consiguió construir en Oleiros un milagro de hormigón. Contemplas la iglesia nueva de Santa Cruz por fuera y parece tan pequeña como una capilla. Entras y el monumental volumen te sobrecoge como una fastuosa catedral. Este truco arquitectónico, este edificio que es “una concha de un gigantesco bivalvo de hormigón; un juego apasionado de formas cóncavas y convexas que se agitan frente a la bahía de A Coruña”, como lo definió en su día el arquitecto Fernando Agrasar, cumplirá el mes que viene medio siglo de vida convertido en un templo de culto y de arquitectura, una obra que rompió moldes por su estilo neoexpresionista que en su día fue un shock para los más conservadores.

Nave y altar, y los muros acústicos con luz azul de los vidrios. |   // VÍCTOR ECHAVE

Nave y altar, y los muros acústicos con luz azul de los vidrios. | // VÍCTOR ECHAVE

“Es un espacio especial, viene gente de todas partes a verla, arquitectos de toda España. Mucha gente no la aprecia, incluso dice que es fea porque no es la clásica iglesia, por su forma y por ser de hormigón visto, pero es una joya auténtica, una enorme concha de vieira realizada por el gran hacedor de iglesias del siglo XX, Fisac. Es un espacio abierto, sin columnas, con una luz cenital en la capilla bautismal. Yo estoy enamorado de ella” explica el que es el párroco de esta iglesia desde hace dieciséis años, José Carlos Alonso. PUBLICIDAD

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“Vamos a celebrar este aniversario con una misa solemne el 10 de julio presidida por el arzobispo y con la coral del pueblo”, explica Alonso. La pandemia paralizó otras actividades previstas para esta celebración, que se realizarán más adelante, como la recuperación del entorno y la creación de una sacristía nueva, quedando la antigua como museo, según señala el sacerdote.

Baptisterio con luz cenital. |  // VÍCTOR ECHAVE

Baptisterio con luz cenital. | // VÍCTOR ECHAVE

Este templo inaugurado el 10 de julio de 1971 es una obra neoexpresionista organicista “de la que existen escasísimos ejemplos en Galicia”, según indicó Agrasar en un artículo de 1994: Santa Cruz, el templo de hormigón vivo. La comparó con edificios como la Filarmónica de Berlín, la Ópera de Sidney y la catedral de Brasilia. Pero el mérito de esta construcción, además, es que prácticamente la hicieron tres personas: Fisac que la diseñó; el párroco que la promovió, Manuel García Calviño, ya fallecido; y un albañil local, Julio Mañanas González, muy elogiado por el arquitecto. Todo hecho in situ.

Para el III Congreso Nacional de Arquitectura. Pioneros de la arquitectura moderna española, el arquitecto y profesor del Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña, Esteban Fernández-Cobián, presentó un trabajo sobre la “génesis y desarrollo” de este templo, según él “una obra poco estudiada”, en el que recogía tanto declaraciones del propio Miguel Fisac (Medalla de Oro Nacional de Arquitectura) como del párroco promotor, entrevistado en 2008 por un alumno de doctorado, Marcos Álvarez Montes.

Detalle de los muros y la cubierta. |   // VÍCTOR ECHAVE

Detalle de los muros y la cubierta. | // VÍCTOR ECHAVE

Según se recoge, el cura García Calviño celebraba misa en un garaje prestado y habló con un matrimonio, Leopoldo Abente García de la Torre y su esposa Josefa Alonso Rodríguez, para que le donasen un terreno, lo que aceptaron con la petición de ser enterrados en ella. Josefa fue quien encargó el proyecto al manchego Miguel Fisac en 1966, comenzando las obras dos años después. La hizo bajo las nuevas premisas del Concilio Vaticano II.

El edificio es el resultado de decenas de cambios sobre el diseño original. El párroco pidió modificar el campanario y la ubicación de la sacristía o dejar un lucernario en el presbiterio y después resolvió a su manera otros problemas como la sobrecarga de las vigas centrales.

Vista de satélite del complejo parroquial. |   // L.O.

Vista de satélite del complejo parroquial. | // L.O.

Según Fernández-Cobián, la primera condición de García Calviño al arquitecto fue que debía de tener buena acústica y Fisac le prometió que sería estupenda. Pero en esto fracasó. “Se han hecho muchos estudios, lo han probado todo, pero no hay forma humana. En un estudio se concluye que la acústica es nula en un 95%”, declaraba el actual sacerdote a este diario en 2012.

Fisac ejecutó un complejo parroquial, el templo y otro edifico para guardería y escuela. Hoy en estas dependencias tiene su actividad Cáritas, se imparten cursos y charlas. El hormigón sigue más vivo que nunca.

Fuente. La Opinión de A Coruña

13 junio, 2021
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Dos meses después de su ordenación episcopal, el pasado 10 de abril, en la Catedral de Santiago, el nuevo obispo auxiliar, monseñor Francisco José Prieto, sigue conociendo las distintas realidades diocesanas y manteniendo contactos con los responsables de distintos organismos y entidades de la Iglesia que peregrina en Compostela. Si esta semana comenzaba con un encuentro en Cáritas Diocesana, donde tuvo oportunidad de conocer a los diversos equipos que llevan a cabo esta labor social y asistencial, este jueves se reunió en Carballo con el delegado de Medios de Comunicación Social, Manuel Blanco, y el equipo de personas que colaboran en la proyección mediática de la Iglesia diocesana. También ayer, acompañó al arzobispo, monseñor Julián Barrio, en la clausura del curso académico en las instalaciones docentes del Seminario Mayor Diocesano.

Y no son estas las únicas actividades en la agenda del obispo auxiliar. El pasado día 9 participó en la Vigilia de Oración “Enlázate por la Justicia”, que tuvo lugar en el salón de actos de Compañía de María. El domingo asistirá en Lugo a la tradicional Ofrenda al Santísimo y el miércoles día 16 celebrará la Eucaristía de clausura de las actividades de los jóvenes de la Delegación de Infancia e Xuventude, que se desarrollará en la Capilla Universitaria. El viernes 18 clausurará un encuentro de grupos de Vida Ascendente en A Coruña y presidirá las Confirmaciones en Virxe do Camiño, en Poio.

11 junio, 2021
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“Adoremos al Santísimo Sacramento”

Queridos diocesanos:

La solemnidad del Corpus Christi fundamenta la misión evangelizadora en una sociedad secularizada. La preocupación es buscar una renovación tanto exterior como interior de la comunidad cristiana. La crisis de fe lleva a preguntar cuántos creen que Jesús está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. Con frecuencia tratamos de adecentar la fachada sin darnos cuenta que los cimientos se están resquebrajando, lo que se manifiesta en el proceso de descristianización. San Juan Pablo II en su exhortación postsinodal Ecclesia in Europa escribía: “La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera” (EE 9). Pensar y vivir desde Dios y hacia Dios conlleva asumir un compromiso por el hombre.

El amor es inmortal

El amor es inmortal porque Dios es amor. Este amor nos lo ha manifestado Dios Padre al enviarnos a su Hijo, hecho carne, para salvarnos y acompañarnos hasta el final de nuestros días. Esto se refleja en la institución de la Eucaristía. En la última Cena, “mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos” (Mc 14,22-24). “La fracción del pan, como al principio se llamaba a la Eucaristía, ha estado siempre en el centro de la vida de la Iglesia. Por ella, Cristo hace presente a lo largo de los siglos el misterio de su muerte y resurrección. En ella se le recibe a Él en persona, pan vivo que ha bajado del cielo (Jn 6,51), y con Él se nos da la prenda de la vida eterna, merced a la cual se pregusta el banquete eterno en la Jerusalén celeste”[1]. Así lo reitera la comunidad cristiana cuando el sacerdote proclama: “Este es el Misterio de nuestra fe”, respondiendo: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús”. Se nos llama a celebrar, adorar y contemplar este Misterio con la conciencia viva de la presencia real de Cristo, testimoniándola con nuestra actitud al servicio de los últimos con el objetivo de construir una sociedad más justa y fraterna. Esta necesidad la estamos percibiendo de manera especial en las consecuencias de esta pandemia que está visibilizando duramente nuestra vulnerabilidad. Los creyentes en Cristo “sufren con los que sufren” (Cf. 1Cor. 12, 26). Toman en serio el dolor del prójimo, les conmueve y les empuja a hacer algo por remediarlo. La fe no necesita del sufrimiento para revalorizarse. Cristo quiso hacerse uno de nosotros experimentando nuestro dolor y nuestra muerte. Ha entregado su vida para que nosotros la tengamos en abundancia.

Día de la Caridad

Si alguno dice, amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4,20). El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables. Como escribió Benedicto XVI, “el versículo de Juan se ha de interpretar más bien en el sentido de que el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y que cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios”[2]. En la hipótesis de una sociedad plenamente justa el amor es necesario. “No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo”[3].

En este convencimiento la Iglesia en España hace coincidir con la solemnidad del Corpus el Día de la Caridad, como llamada a estar pendientes de los demás, sobre todo de los más pobres y necesitados material y espiritualmente. Como pueblo que peregrina hacia Dios, la acción caritativa ha de realizarse en la Iglesia, con la Iglesia y al servicio de la Iglesia, “que sin dejar de gozarse con las iniciativas de los demás, reivindica para si las obras de caridad como deber y derecho propio que no puede enajenar”[4]. Quien ha acogido el amor de Dios, siente la necesidad de manifestarlo a través de sus obras. Por eso, “quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien”[5].

Agradeciéndoos vuestra generosa colaboración económica con Cáritas para ayudar a los necesitados, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

[1] JUAN PABLO II, Carta apostólica Mane nobiscum Domine, 3.

[2] BENEDICTO XVI, Carta Encíclica Deus caritas est, 16.

[3] Ibid., 28b.

[4] Concilio Vaticano II, Decreto “Apostolicam actuositatem”, 8.

[5] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 9.

1 junio, 2021
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