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noviembre 2020

Nuestro párroco ha sido entrevistado esta mañana en relación a la nueva normativa sobre el aforo en los centros de culto que se ha publicado en el DOGA con fecha 10-11-2020 y que estará vigente hasta el 4 de diciembre si se mantienen las mismos parámetros sanitarios en Galicia.

 

 

10 noviembre, 2020
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Las autoridades sanitarias han atendido a las numerosas reclamaciones que, desde numerosas instancias eclesiales y particulares, se han presentado en contra de la limitación del aforo en los centros de culto, que había quedado reducido un máximo de 50 0 25 personas respectivamente, dependiendo del Ayuntamiento donde se encuentre.

El pasado fin de semana vivimos momentos muy tristes al tener que decir a muchísimas personas que no podían entrar en el templo. Ni ellos ni nosotros entendíamos las razones esgrimidas pero no podíamos hacer otra cosa que cumplir con la legislación vigente como ciudadanos ejemplares que todos los Cristianos debemos ser.

“Eppur si muove” es la hipotética frase en italiano que, según la tradición, Galileo Galilei habría pronunciado después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición. Algo así sentimos. Obedecíamos pero no estábamos de acuerdo con las razones esgrimidas

No tenía mucho sentido que, en los templos, edificios que normalmente tienen techos altos y donde se guardan escrupulosamente todas las medidas establecidas por las autoridades tuviesen menos aforo que un supermercado, por ejemplo, cuya altura suele ser muchísimo menor, si atendemos al “ mayor riesgo de transmisión” en espacios cerrados.

De acuerdo con el informe de la dirección General de Salud Pública del 9 de noviembre de 2020, los lugares de culto pueden considerarse como lugares seguros en relación con la transmisión del COVID, como se demuestra en el análisis sobre el origen de los bloques acontecidos en la Comunidad Autónoma revisada por esa misma dirección general, estudio en el cual, no se detecta ningún brote en el que, tras la investigación epidemiológica realizada, se pueda Identificar como origen un lugar de culto.

En particular, a pesar de tratarse de espacios interiores, la permanencia en ellos es de un tiempo limitado, las personas no interaccionan entre sí, mantienen la distancia de seguridad en todo momento y utilizan la máscara de forma sistemática, salvo momentos puntuales.

La nueva normativa, en principio, seguirá vigente -si las circunstancias sanitarias se mantienen – hasta el próximo 4 de diciembre . Aplicándolo a nuestros templos, el número de asistentes permitido en los templos de nuestra Unidad Pastoral de Liáns, Dorneda y Nos, no puede superar un tercio del aforo total del templo -guardando siempre 1,5 ms de distancia social- lo que equivale a:
⁃ Iglesia nueva de Santa Cruz: 120
⁃ San Pedro de Nos: 40
⁃ San Pelayo: 16
⁃ San Martín : 40
⁃ Santa Eulalia: 30

 

 

10 noviembre, 2020
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La asistencia a las celebraciones se limita a un máximo de 25 personas. Pero eso la pandemia y las consecuentes restricciones no nos pueden detener sino al contrario.

Por este motivo, desde hoy mismo la parroquia emitirá diariamente de la celebración de la Santa Misa a través del canal de YouTube “Santa Eulalia de Liáns”, para llevar al Señor a cada hogar pero cada uno debe poner los medios para cuidar su Fe.

La Misa se emitirá todos los días a las 19,00hs y los domingos a las 11,30hs

 

7 noviembre, 2020
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Nota da Vigairía Xeral obre as limitacións á permanencia de persoas en lugares de culto decretadas por Xunta de Galicia (PDF)

 

 

 

6 noviembre, 2020
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Lo más preocupante de la pandemia del COVID-19 son, sin duda, sus consecuencias sanitarias, que están siendo muy graves. El número de fallecidos por COVID-19 no para de crecer.  Y tenemos que pedir especialmente por las víctimas, por aquellos que la sufren en carne propia, sus familias y aquellos que la combaten (personal sanitario, servicios esenciales,investigadores, etc…)

Con frecuencia oímos hablar de esta y otras consecuencias: económicas, sociales, políticas,… Como ciudadanos no somos ajenos a ninguna de ellas pero como creyentes también somos damnificados de la pandemia. Al comienzo iglesias cerradas, ayer limitados, hoy súper reducidos a la mínima expresión. El coronavirus también se ha convertido en una cuestión religiosa, espiritual. Dolor, pena, duda, ira. Como creyente hay que soportar que algo así sea posible incluso como parte de la creación de Dios.

Tener las iglesias abiertas es una medida de cierta esperanza y que Dios en las grandes epidemias está ahí, a nuestro lado. Desde hoy asistencia a las celebraciones se limita a un máximo de 25 personas. Pero eso la pandemia y las consecuentes restricciones no nos pueden detener sino al contrario. Ha de despertar en nuestro corazón misionero todas las iniciativas que -apoyados en Dios- nis ayuden y ayuden a otros a mantener encendido el fuego de la Caridad y de la Fe.
Esta es una calamidad urgente y compleja que requiere nuevas soluciones: “vino nuevo, odres nuevos” (Mc 2,22), nuevas formas de vida, nuevas formas de trabajar, nuevos modelos de evangelizar.

Una de esas iniciativa que comenzará hoy mismo la parroquia es la emisión diaria de la celebración de la Santa Misa a través del canal de YouTube “Santa Eulalia de Liáns”, para llevar al Señor a cada hogar pero cada uno debe poner los medios para cuidar su Fe.

Otra Iniciativa- y en la misma línea- es la que han los catequistas de envide semanalmente a los padres materiales para la formación de sus hijos y la preparación para la Primera Comunión .

Conscientes de que lo primero en una parroquia son los más desfavorecidos los voluntarios de Cáritas están preparando un calendario y horario de entrega para que la entrega de alimentos no se detenga cumpliendo al mismo tiempo la normativa que prohíbe las reuniones y grupos de más de cinco personas al tiempo que ya están preparando la nueva campaña de Navidad.

A la vista de que la situación sanitaria no tiene visos de mejorar, los agentes de Pastoral Familiar están preparando un Curso on Line de Preparación para el Matrimonio que comenzará en enero y que mantendremos hasta que la situación se normalice.

En próximos días iremos anunciando la nueva configuración de otras actividades que habitualmente se desarrollan en nuestras parroquias. Este virus puede confinarnos pero lo que no puede es detenernos, ni personal ni parroquialmente. Tenemos que vivir, como nos pide el Papa en su última encíclica, como hermanos, en un mundo de hermanos verdaderos, no teóricos, y entrar en una vida moral que nos lleve hacia delante, al riesgo de comprometernos, al riesgo de entregarnos, de compartir, de buscar el bien, de arriesgarnos nosotros mismos por amor a los demás.

El Despacho permanecerá abierto de 18:00 hh. a 19:00 hh. diariamente, aunque rogamos que preferentemente las gestiones se realicen por vía telemática evitando, en la medida que sea posible, acudir físicamente al despacho. En caso de ser imprescindible, rogamos lo hagan previa cita.

En estos tiempos tenemos a nuestra disposición numerosos recursos, sobre todo por vía “on-line” para rezar la Liturgia de las Horas, leer los textos bíblicos de cada día y las lecturas de los domingos. Meditar el Evangelio nos ayudará a poner a Dios en el centro de nuestra vida; y nos hará mejores evangelizadores, incluso a través de las redes. También podemos compartir los mensajes y audiovisuales que nos llegan y que tienen un buen mensaje. Estos días, en que disponemos de mucho tiempo en casa, son también una ocasión para visionar algunas películas, seleccionadas por sus valores y criterios de bondad, verdad, belleza y religiosidad.
Hoy más que nunca hemos de estar a la altura y responder como auténticos hijos De Dios y evangelizadores del mundo.

Mañana publicaremos en esta misma página un elenco de las nuevas restricciones y su aplicación en nuestra comunidad parroquial. Pero hoy está todoen nuestras manos. La parroquia cuenta contigo. ¡Cristo cuenta contigo!

Con todo cariño os bendice vuestro párroco
José Carlos Alonso Seoane

6 noviembre, 2020
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El Papa pide que el avance de la robótica y la inteligencia artificial “sea humano”


La inteligencia artificial está en la raíz del cambio de época que estamos viviendo.
La robótica puede hacer posible un mundo mejor si va unida al bien común.
Porque si el progreso tecnológico aumenta las desigualdades, no es un progreso real.
Los futuros avances deben estar orientados al respeto de la dignidad de la persona y de la Creación.
Recemos para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio del ser humano… podemos decir “sea humano”.

5 noviembre, 2020
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“La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo solo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia”
(San Juan Pablo II)

Las devociones eucarísticas, como la adoración del Santísimo, las horas santas, las visitas al Santísimo Sacramento y los con- gresos eucarísticos, son maneras de rezar que aumentan nuestra unión interior con Cristo. Nos ayudan a beneficiarnos aún más de la Misa y a profundizar en nuestro deseo de servir a los demás. El presentarnos ante el sagrario es un compromiso a ser un sarmiento de la vid más fuerte, un miembro del Cuerpo de Cristo más sano, un corazón abierto al poder invisible de la oración. Michael McDevitt escribe: “El poder de la oración no tiene que ver con tu poder, sino con el poder que has permit- ido que entre en ti. Cristo mismo es el poder invisible. Recibes un poder mucho mayor de lo que te podrías imaginar. San Pablo nos exhorta a vivir según esta fe: ‘Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo se ve es transi- torio y lo que no se e es eterno’”

El santo Padre Benedicto XVI nos ha dejado una hermosa reflexión sobre la importancia de la adoración en una homilia pronunciada en San Juan de Letrán:

“Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia que también esta tarde viviremos nosotros después de la misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y al terminar. Una interpretación unilateral del concilio Vaticano II había penalizado esta dimensión, restringiendo en la práctica la Eucaristía al momento celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a sí en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorización de la asamblea litúrgica, en la que el Señor actúa y realiza su misterio de comunión, obviamente sigue siendo válida, pero debe situarse en el justo equilibrio. De hecho —como sucede a menudo— para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la justa acentuación puesta sobre la celebración de la Eucaristía ha ido en detrimento de la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús Eucaristía en el único momento de la santa misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y así se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como «Corazón palpitante» de la ciudad, del país, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.

En realidad, es un error contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competición una contra otra. Es precisamente lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento es como el «ambiente» espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. La acción litúrgica sólo puede expresar su pleno significado y valor si va precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración. El encuentro con Jesús en la santa misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, tras disolverse la asamblea, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.

En este sentido, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración todos estamos al mismo nivel, de rodillas ante el Sacramento del amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico”

De ahí la importancia – y necesidad- de que nos convirtamos en almas eucarísticas y de adoración; que dediquemos algún tiempo de nuestra jornada a la oración, si no fuera posible, detenernos ante la Eucaristía, presencia real de Jesucristo. La Eucaristía (misa, comunión, adoración) es la mejor manera de encontrarnos con Dios, de renovar nuestra amistad con Jesús… Es el mejor alimento espiritual, es la mejor oración. Y, sin embargo, cuánta falta de fe en dejar abandonado al Dios escondido.

La parroquia te invita cada jueves a las 19:30hh. a crecer en el amor a la Eucaristía participando en la Exposición del Santísimo y pidiendo por las vocaciones sacerdotales y religiosas de las que tanta necesidad tiene la Iglesia en estos tiempos.
Estamos en el mes de noviembre, mes de difuntos, y hasta el día 8 demos alcanzar también indulgencias plenarias por ellossi hacemos un rato de oración ante el Santísimo.

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves
Hora: 19:30 hh.

 

5 noviembre, 2020
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En estos días en que la iglesia nos invita a ofrecer sufragios por los difuntos es bueno que no solo “encarguemos” misas si no que nos dispongamos plenamente a participar en ellas recibiendo a Jesús sacramentado en la Comunión con las disposiciones que nos indica la Iglesia:

Las disposiciones para recibir dignamente a Cristo son:

a) Estar en gracia de Dios, es decir, limpios de pecado mortal. Nadie puede acercarse a comulgar, si antes no ha confesado los pecados mortales, ya que cometería un sacrilegio.

b) Guardar el ayuno eucarístico, que supone no haber comido ni tomado bebidas desde una hora antes de comulgar; el agua no rompe el ayuno y tampoco las medicinas.

c) Saber a quién se recibe. Puesto que se recibe al mismo Cristo en este sacramento, no podemos acercarnos a comulgar desconsideradamente o por mera rutin.

Con frecuencia, durante las celebraciones, el párroco nos recuerda la presencia de un sacerdote en el confesionario para atender a todos aquellos quieran reconciliarse con el Señor a través del Sacramento de la Penitencia.

Por desgracia, a veces se presenta el sacramento de la Penitencia como un simple rito encaminado a manifestar ante la comunidad de los creyentes las disposiciones personales, silenciando que ha sido instituido por Cristo para perdonar realmente los pecados cometidos después del Bautismo. Ese error teórico lleva consigo un desprecio práctico de la confesión auricular y secreta, calificada por algunos como una práctica individualista, apta sólo para tranquilizar artificialmente conciencias inmaduras.

¿Por qué confesarse con un sacerdote? A esta típica pregunta ha respondido uno de los teólogos de mayor prestigio del momento, monseñor Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto (Italia). El prelado ha dedicado a este argumento una Carta que lleva por título «La reconciliación y la belleza de Dios».

El arzobispo describe el pecado como «amor replegado sobre sí mismo», que se niega a Dios, «ingratitud de quien responde al amor con la indiferencia y el rechazo» pero sobre todo mal real que «hace daño». «Basta mirar la escena cotidiana del mundo en el que abundan violencias, guerras, injusticias, abusos, egoísmos, celos y venganzas», llegando a producir «verdaderas estructuras de pecado», observa. «Por ello no se debe dudar en subrayar la gran tragedia que es el pecado y cómo la pérdida del sentido de pecado debilita el corazón ante el espectáculo de mal», advierte monseñor Forte, que en 2004 predicó los ejercicios espirituales cuaresmales al Papa Juan Pablo II y a la Curia romana.

«Pedir con convicción el perdón, recibirlo con gratitud y darlo con generosidad, es fuente de una paz que no se puede pagar. Por ello es justo y hermoso confesarse», reconoce.

«¿Por qué hay que confesar los propios pecados a un sacerdote y no se puede hacer directamente a Dios?», se pregunta. «Ciertamente uno siempre se dirige a Dios cuando confiesa sus pecados», comienza aclarando al dar una respuesta.
«Que sea necesario hacerlo ante un sacerdote nos lo hace comprender Dios mismo –añade–. Al enviar a su Hijo en nuestra carne, demuestra que quiere encontrarse con nosotros mediante el contacto directo, que pasa por los signos y los lenguajes de nuestra condición humana».

«Como Él salió de sí mismo por nuestro amor y vino a “tocarnos” con su carne, así estamos llamados a salir de nosotros mismos, por su amor, y a acudir con humildad y fe a quien nos puede dar el perdón en su nombre, con la palabra y con el gesto», es decir, «a quien el Señor ha elegido y enviado como ministro del perdón».
«La confesión es por tanto el encuentro con el perdón divino, que nos ofrece Jesús y se nos transmite por el ministerio de la Iglesia», afirma.
«Acércate a la confesión con corazón humilde y contrito y vívela con fe: te cambiará la vida y dará paz a tu corazón», exhorta el arzobispo, miembro de la Comisión Teológica Internacional.

«Entonces, tus ojos se abrirán para reconocer los signos de la belleza de Dios presentes en la creación y en la historia y surgirá de tu alma el canto de alabanza», concluye Forte.

El Papa Francisco nos recuerda a menudo  que “Dios comprende, atiende, no se cansa de perdonar. Dios no se cansa nunca de perdonar, pero somos nosotros los que nos cansamos de querer su perdón“.

4 noviembre, 2020
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Estos días, con motivo de la celebración de Todos Los Santos, hablaba a los fieles de aquellos hermanos nuestros cuyas bodas han pasado desapercibidas a los ojos del mundo pero no a los ojos De Dios que mira en lo escondido. Gente sencilla pero héroes de lo Ordinario cuyas biografías no recogen los libros de historia pero cuyos nombres estarán grabados para siempre en el Libro de la Vida.

Con inmensa tristeza recibí anoche la triste noticia del fallecimiento de sor Anuncia Cambra Pina, misionera del Divino Maestro con la que tuve, en mi anterior parroquia, la oportunidad de compartir durante doce años amistad, preocupaciones, alegrías, trabajos pastorales y, sobre todo, una misma fe y esperanza.Los que hemos tenido la suerte de vivir cerca de ella, destacamos sin duda su compromiso de vida con aquellas comunidades en las que vivió , ejerciendo responsabilidad suavemente su tarea docente con el resto de las hermanas, ocupándose de la dirección espiritual y formativa de aquellos que se le acercaban.

Siempre con una sonrisa bonachona en una mezcla peculiar con seriedad y energía, como buena navarra que era y de lo que se jactaba con enorme orgullo. Una mujer muy alegre y siempre preocupaba por los demás: hermanas, alumnos, catequistas…

En diversas ocasiones había visitado nuestra parroquia. Nunca nos gustó decir adios.. Nos costó despedirnos cuando me tocó incorporarme a un nuevo destino dejando atrás tantas tareas que juntos habíamos emprendido y también ella cuando tuvo que dejar sus amadas tierras gallegas y partir a su nuevo y último destino, que si bien quedaba más cercano a los suyos, le alejaba en la distancia – que no en el corazón- de tantos que había amado durante la mitad de su vida.

Pero decir adiós forma parte del ser humano que continuamente vuelve a empezar una y otra vez. Son situaciones difíciles que marcan nuestra historia, que nos sitúan una y otra vez ante nuestra verdad más honda, nuestro yo más sincero. Y cuando este adiós es definitivo -solo en su dimensión humana- aún es más costoso.

Hoy despidamos a sor Anuncia y lo hacemos con lágrimas. Pero aunque no hemos elegido el momento de hacerlo -ni siquiera ella- podemos elegir la actitud. Esa actitud de entrega a su vocación, a sus hermanas, a la misión que la llevó tras sus vacaciones a incorporarse de nuevo a su comunidad, consciente de que el COVID ya golpeaba a sus hermanas a quienes se había comprometido a servir.

Pero ¿Que podía hacer? Había estado con su familia de sangre a la que amaba con locura, pero su comunidad era su otra Familia, la que había elegido, a la que Dios le pedía servir. Y no lo dudó. Su Divino Maestro lo tenía claro y ella también: “Nadie ama tanto como el que da la vida por sus hermanos”

Descansa en Paz Sor Anuncia

 

3 noviembre, 2020
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Confesamos en el Credo: “Creo en la Comunión de los santos”:

¿En qué se fundamenta esta comunión de los santos?
“Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza… Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia” (Santo Tomás, symb.10). “Como esta Iglesia está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que ella ha recibido forman necesariamente un fondo común” (Catech. R. 1, 10, 24). (CCE 947)

¿Y en qué consiste?

La expresión “comunión de los santos” tiene entonces dos significados estrechamente relacio- nados: “comunión en las cosas santas [“sancta”]”
y “comunión entre las personas santas [“sancti”]”.
(CCE 948)
Esta relación de Cristo con su Iglesia,

¿afecta también a los difuntos?

“La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cris- tianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oracio- nes `pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2 M 12, 45)” (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor. (CCE 958)

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¿Dónde se ha establecido esa comunión entre Cristo, el difunto, y la Iglesia que ora por él?

“La primera incorporación a la muerte de Cristo se realiza por la fe y su sello sacramental, que es el Bautismo. Los demás sacramentos la actualizan de modo diverso, siendo la Eucaristía el medio más poderoso de contacto entre nuestras existencias cristianas y la eficacia salvífica de la muerte de Cristo”. (OEE 7)

Entonces, ¿puede pedir un fiel cristiano a un sacerdote que aplique la cele- bración de la Misa por algún fin determinado?

Sí, claro que puede hacerlo. Es decir, puede lograr, por ministerio del sacerdote, que “su” petición no sea ya solo “su” petición, sino que forme parte de la intercesión de la Iglesia unida a la inter- cesión de Cristo. La Eucaristía da gloria a Dios, le da gracias, satisface por nuestros pecados e intercede por nosotros ante Dios.

“Por tanto, la Iglesia ofrece por los difuntos el sacrificio eucarístico de la Pascua de Cristo, y reza y celebra sufragios por ellos, de modo que, comunicándose entre si todos los miembros de Cristo, estos impetran para los difuntos el auxilio espiritual y, para los demás, el consuelo de la esperanza”. (RE 1)

“Mientras celebramos con fe la victoria pascual de Jesucristo, esperamos y pedimos –ya que todo lo que es objeto de esperanza lo es también de oración- que el Señor perdone los pecados del difunto, lo purifique totalmente, lo haga participar de la eterna felicidad y lo resucite glorio- samente al fin de los tiempos. Y estamos seguros de que nuestra oración es una ayuda eficaz para nuestros difuntos, en virtud de los méritos de Jesucristo, y no en virtud de una correspon- dencia matemática entre el “número” de sufragios y los beneficios obtenidos por los difuntos”. (OEE 16)

¿Esto es una especie de superstición, o se corresponde con la tradición de la Iglesia?

En la constante tradición de la Iglesia está el hecho de que los fieles “movidos por su sentido religioso y eclesial, quieran unir, para una más activa participación en la celebración eucarística, un personal concurso” (FT). Y ese “personal concurso” puede ser pedir que se celebre la Misa por una intención determinada, ofreciendo incluso un don para ello. Esos fieles serán, sin duda, los principales beneficiarios de esa petición.
“A lo largo de los siglos, dichos sufragios se han concretado de modo diverso: oraciones, obras de caridad, aplicación de indulgencias, ofrecimiento de la santa misa” (OEE 13)

Desde los primeros siglos, los fieles han presentado ofrendas durante la Misa. A partir del siglo VIII, y ya decididamente a finales del siglo XII, se extiende la costumbre de que los fieles con- tribuyan con una donación, en especie o en dinero, para que el sacerdote se obligue a ofrecer la Misa a intención del donante.

¿Esta es entonces una costumbre para el mes de noviembre?

No sólo: ciertamente, el día 1 y el 2 le dan un matiz de oración por los difuntos a todo el mes, pero como todo lo que pertenece a la vida de la Iglesia, puede hacerse en todo tiempo: coincidiendo con fechas importan- tes en la vida de los difuntos, aniversarios de sacramentos recibidos, etc

¿Cómo se hace, de modo práctico?

Se encargan en el despacho de la parroquia en el horario oportuno. Se pide, a cambio, un pe- queño estipendio. Dar una limosna para que se aplique la Misa por una intención es un signo de la oblación personal del fiel, que añade “una como especie de sacrificio de sí mismo al sacrificio eucarístico para participar más activamente de éste” (FT).

Además, esa oblación manifiesta la comunicación cristiana de bienes. Con el estipendio, los fieles contribuyen a facilitar la celebración de la Eucaristía, ayudando a sustentar a los ministros y las actividades de la Iglesia. Se expresa, igualmente, la fe en la mediación eclesial.
La ofrenda requerida es voluntaria en nuestras parroquias y lo habitual es encargar la celebración en cada mes por el alma de un ser querido y se abona doce meses para esta intención. Otra forma habitual es encargar una misa puntualmente en el aniversario del fallecimiento, cumpleaños, aniversario de boda, un acontecimiento importante en la vida del difunto.

UNA MISA POR EL ALMA DE UN DIFUNTO

Encargar una misa por el alma de un difunto es lo más grande que se puede hacer para ayudarla a librarse de sus penas, salir del purgatorio y gozar de la felicidad eterna en el cielo.

¿Eso significa que esa misa que he encargado en el despacho es “mi misa”?

De ninguna de las maneras: La “misa”, lo que nosotros llamamos “misa”, es la renovación sa- cramental del Misterio Pascual de Cristo, repitiendo el gesto que Él mismo nos mandó en la úl- tima cena. Aquel que paga un estipendio para que se pida por un difunto en la misa, o por cualquier otra intención, no “paga la misa”: la misa no se paga, porque su precio ha sido la sangre de Jesucristo: “recordad que no fuisteis comprados a precio de oro o plata, sino de la sangre de Jesucristo, que fue ofrecido como un cordero sin mancha” (1Pe 1,18-19). Ese dinero que se en- trega es un donativo: Así que no sólo no podemos “pagar una misa”, que no cuesta tantos euros, sino “la sangre de Cristo”, sino que además la misa no nos pertenece, sólo unimos nuestra in- tención a la de Cristo y su Iglesia.

PEQUEÑA CATEQUESIS SOBRE LAS MISAS QUE SE OFRECEN EN SUFRAGIO
POR LOS DIFUNTOS

Confesamos en el Credo: “Creo en la Comunión de los santos”:

¿En qué se fundamenta esta comunión de los santos?

“Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza… Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia” (Santo Tomás, symb.10). “Como esta Iglesia está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que ella ha recibido forman necesariamente un fondo común” (Catech. R. 1, 10, 24). (CCE 947)

¿Y en qué consiste?

La expresión “comunión de los santos” tiene entonces dos significados estrechamente relacio- nados: “comunión en las cosas santas [“sancta”]”
y “comunión entre las personas santas [“sancti”]”.
(CCE 948)
Esta relación de Cristo con su Iglesia,

¿afecta también a los difuntos?

“La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cris- tianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oracio- nes `pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2 M 12, 45)” (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor. (CCE 958)

SE PUEDE PEDIR UNA MISA:

• Por nuestros queridos seres difuntos.
• Por un enfermo, por su curación o alguien que está sufriendo, por una persona en dificultad.
• Por alguien que celebra el cumpleaños, un aniversario u otro momento especial.
• En acción de gracias a Dios.
• Por una intención de oración particular.

Cfr.: stbc.es

 

3 noviembre, 2020
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