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12 octubre, 2017

Laudato Si
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En el marco de las actividades formativas que ofrece la parroquia, el Catedrático de Derecho Administrativo de la USC, D. Javier Sanz, nos ha obsequiado con una charla-coloquio que versaba sobre la última encíclica sobre la creación que vio la luz el pasado jueves 18 de junio.

La nueva encíclica “Alabado Seas” del Papa Francisco había generado una gran expectación en la opinión pública y, en particular, para los que nos dedicamos al medio ambiente. Tras una lectura apresurada de sus casi doscientas páginas lo primero que deseo afirmar es que no me ha defraudado en absoluto y que, a mi juicio, estamos ante uno de los textos más profundos y provocadores que se haya escrito jamás sobre llamada “crisis ambiental o ecológica”. Sin pretensión alguna de analizar ahora su largo contenido, solo quiero manifestar mis primeras impresiones. Tiempo habrá, más adelante, para profundizar en algunos de sus principales planteamientos.

Independientemente de que se trate de un documento magisterial de la Iglesia Católica y que, por tal motivo, para los católicos tenga un especial valor, este documento aborda con exhaustividad todas las grandes cuestiones que afectan al actual estado del medio ambiente en nuestro Planeta que es “nuestra casa común”. Desde la contaminación atmosférica hasta los organismos genéticamente modificados, la protección de los océanos, la gestión de los residuos, la preservación de la biodiversidad… y, por supuesto, el cambio climático. Nada pasa desapercibido para el Romano Pontífice que, además, no deja de repetir que “todo está conectado”.

El texto es una llamada urgente a todo el mundo, desde las Instituciones Internacionales hasta el ciudadano de la calle, para responder al extraordinario desafío que ofrece en la actualidad la delicada situación ecológica de la Tierra. Una muy oportuna llamada de atención en un especial momento histórico, a pocos meses de la celebración de la Cumbre Mundial sobre el Clima, en diciembre en París, de la que se espera un gran acuerdo universal sobre el clima. Pero, lo cierto es que los precedentes en el intento de renovar el Protocolo de Kiotohan resultado fracasados. De aquí el acierto de su publicación ahora por parte de quien, para muchos, constituye la máxima autoridad moral.
Haciendo honor a su nombre, el Papa Francisco extrae del gran “Patrono de la Ecología” –San Francisco de Asís– las mejores bases de la espiritualidad católica que vincula a opción preferencial por los pobres y la íntima fraternidad entre todas los seres vivos (el “hermano Sol” y la “hermana Luna”, también) que están el fundamento las políticas ambientales más avanzadas.

La “clave de bóveda” del documento es, sin duda, la de la “ecología integral” ´y añado yo, integradora-. Una “ecología integral” que se aleja, tanto de una antropología tecnocrática (la desmedida confianza en el progreso tecnológico), como de la postura biocentrista extrema (en que el ser humano es una plaga y el enemigo a batir). Una ecología en que el hombre es consciente de su dependencia e interdependencia con el resto de la naturaleza, y en que su misión en la de ser administrador –cuidador– respetuoso del patrimonio natural recibido. Es también una “ecología integradora” porque cuenta con los avances del progreso científico (aunque sin pretender sustituirlo), bebe en fuentes ajenas a la Iglesia Católica, alaba la tarea emprendida por los movimientos ecologistas en la concienciación ambiental, llama a la interdisciplinariedad de los trabajos en pro del desarrollo sostenible. Y confieso que me ha emocionado las no pocas reflexiones que he encontrado en el documento referidas a laimportancia del Derecho Ambiental (las normas que regulan la protección del medio ambiente), a cuya docencia me dedico desde hace varias décadas.

Ante todo, la Encíclica “Alabado Seas” es una valiente llamada a la acción, huyendo de “lo políticamente correcto”. Sorprenderá su lectura por la fuerza con que conmina a los poderosos a actuar a favor del bien común. El cortoplacismo de los políticos, el abuso de la posición dominante de las multinacionales, las lacerantes inequidades de la economía de mercado, nada escapa a su aguda crítica ante la realidad que acontece. Es una vigorosa llamada a un cambio de rumbo, a un cambio de modelo económico y social, a redefinir el progreso. Incluso hay una provocadora propuesta de “decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes”.

Al final, si lo que me preguntan: ¿qué es lo que más te ha impactado de la Encíclica?, respondería que es la llamada que hace el Papa Francisco a… ¡una “conversión ecológica”! Es, a mi juicio, la propuesta más revolucionaria. Un cambio en nuestro estilo de vida (de las sociedades “desarrolladas”) alejado del “consumismo obsesivo” (depredador insostenible de recursos), del egoísmo materialista (verdadera “contaminación interior”) y del individualismo insolidario (intergeneracional e intrageneracional). Un nuevo estilo de vida, ejercitando una sobriedad liberadora, saboreando la ternura en las relaciones interpersonales y disfrutando de un ritmo de vida pausado. Y, me encanta leer en el documento que, a pesar de la gravedad de la situación, dice el Papa: “no todo está perdido (…) porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”.

 

12 octubre, 2017
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El jueves 12 de octubre, se celebra la fiesta de la Virgen del Pilar, coincidiendo con la Fiesta nacional de España. No es día de precepto, por lo que el horario de Misas será como de Un día laborable: 19:00 hh. Sin embargo, es muy recomendable acudir a Misa ese día tan señalado, pidiendo por las familias y pueblos de España.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.
* El Pilar, lugar privilegiado de oración y de gracia  (Del Oficio Divino)

Historia de la Virgen del Pilar

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, «pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso».
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando «oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol». La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que «permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio».

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia
en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza.  El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, «donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente», cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como «una antigua y piadosa creencia».

 

12 octubre, 2017
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