Inicio Evangelio del día
Categoría

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,23-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.» Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.» Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?» Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
La reacción negativa del joven que, ante la propuesta de Jesús, se marchó triste porque era muy rico, trae el comentario del Señor respecto a su decisión y dice: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos”.

Recordemos que el joven rico preguntó cómo debía ser el camino para entrar a la vida eterna y Jesús le propuso la libertad interior para que nada lo poseyera; salir de sí para ir al encuentro de los necesitados; sin embargo su corazón dependiente le impide descubrir el valor de las cosas temporales. Constatamos que una persona que centra la vida en bienes materiales y posesiones le es muy difícil entrar en la experiencia de la comunidad alrededor de Jesús porque cuando la riqueza o el deseo de riqueza ocupa el corazón y la mirada, no se consigue comprender la propuesta del evangelio.

Leyendo este pasaje del evangelio dice el Papa Francisco que “seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo ha hecho Él, y si el Señor te da la posibilidad de ser el primero, tú tienes que comportarte como el último, o sea, servir. Y si el Señor te da la posibilidad de tener bienes, tú debes emplearte en servir a los otros. Son tres cosas, tres escalones, los que te alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. Por esto son tan peligrosas las riquezas, porque te llevan en seguida a la vanidad y te crees importante. Y cuando uno se cree importante pierde la cabeza y se pierde”.

Y entonces Pedro un poco desconcertado por las palabras de Jesús, en nombre de los apóstoles lanza una pregunta: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué recibiremos, pues?” Es verdad ellos lo han dejado todo, han comenzado un camino con el Señor. Pero abandonaron todo para recibir algo en cambio, todavía faltaba su compresión de la gratuidad del llamado y el sentido del servicio. Este sentir de los Apóstoles lo podemos encontrar en nuestro interior cuando nos disponemos a seguir al Señor con generosidad y pensamos que Él está obligado a concedernos cuanto le pedimos, cuando ya lo hemos recibido todo.

Detengámonos por un momento en este pasaje del evangelio para preguntarnos: ¿He comprendido que el Señor me llama a vivir con un corazón libre de la Idolatría a los bienes materiales? ¿Reconozco que los bienes materiales deben convertirse en un medio de servicio a los más necesitados? ¿Vivo la experiencia del servicio desinteresado descubriendo que no debo buscar ninguna recompensa?

20 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según San Mateo 19,16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.» Él le preguntó: «¿Cuáles?» Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.»

El muchacho le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?» Jesús le contestó: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo.» Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Un joven se acerca a Jesús y le pregunta por el camino de la vida eterna; ante la propuesta del Señor el joven cierra su corazón y prefiere quedarse anclado en sus propias seguridades; se siente protegido en sus riquezas, preocupado por sus propios intereses y con una dependencia que no le deja valorar el camino de la verdadera libertad.

La pregunta del joven es fundamental; nos preguntamos ¿cuál es el camino para ser felices? ¿Qué debo hacer para experimentar que soy una persona plena? ¿Cómo me puedo salvar? Hay un deseo profundo en el ser humano de alcanzar la vida nueva y verdadera; esta búsqueda existencial, en muchas ocasiones, demarca el rumbo que le damos a nuestros días, define nuestras decisiones y acciones. Y constatamos que hay “ofertas” de una felicidad que se consume, se compra, se vende; propuestas centradas en el tener y no en el ser. Estamos en medio de una sociedad que dice “cuanto más consumas, más feliz serás”, creando un vacío tan profundo que vienen el desencanto de la vida, la pérdida del sentido y modos de vivir aparentes que no llenan la existencia.

El Señor responde al joven, en primer lugar, con la necesidad de guardar los mandamientos que conocía; le recuerda aquellos mandamientos que definen la relación con el prójimo sin mencionar los tres primeros referentes a la relación con Dios. Con esto va llevando al joven a ver que hay algo más; el camino que lleva hasta Dios es el prójimo. Y el joven era bueno, respondió: «Todo eso lo he guardado. ¿Qué más me falta? Es como si cumpliera los mandamientos sin saber el sentido verdadero:¡Cosa de costumbre!

Ante esto el joven se ve sorprendido por la propuesta del Señor: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme”. El joven no acepta la propuesta hecha con amor y se marcha entristecido. Jesús pide más; no quiere una parte de nosotros ni algunos instantes de nuestra vida. Él lo quiere todo, lo pide con amor. Quiere un corazón libre que no se apegue a los bienes hasta la idolatría, que sabe comprender el valor de las cosas y es capaz de servir al prójimo. La propuesta de Jesús es liberadora, primero de las falsas propuestas de bienestar que encierran a la persona en un individualismo salvaje, y segundo de una concepción de la religión en donde la fe y la vida van por vías paralelas.

Entonces, leamos este evangelio en nuestro contexto y sintamos cómo el Señor nos llama a darlo todo, renunciando a las búsquedas egoístas que nos oscurecen el camino de donación a los demás. Resuena en nuestro interior aquel consejo del Señor: “Atesorad tesoros en el cielo”. Pongámonos en camino y demos hoy una respuesta generosa al Señor que nos lo ha dado todo.

19 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,22-27

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.

Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?» Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿A quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?» Contestó: «A los extraños.»

Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Meditación
Dos asuntos diferentes aparecen en el pasaje del evangelio hoy: el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús; y la pregunta a Pedro sobre el pago de los impuestos y tasas al templo.

En primer lugar, Jesús vuelve a hacer un anuncio de su pasión, muerte y resurrección. La reacción de los discípulos es de tristeza y desánimo; nuevamente escuchan que la cruz hace parte del discipulado. Jesús no hace falsas promesas e ilusiones, su Palabra no es endulzante, ni busca ocultar la realidad de la vida; la propuesta del Señor se hace dinámica invitando a no quedarnos estancados, aprisionados a nuestros miedos y tristezas, queriendo huir de aquello que en la vida nos exige decisión, tenacidad y ánimo. El discípulo debe seguir los pasos del Maestro escuchando su voz que ilumina los senderos de la vida; ve que Jesús sube a Jerusalén con el firme propósito de hacer la Voluntad de Dios aunque esto implique el sufrimiento; pero jamás se eclipsa la realidad de su resurrección; no será abandonado, sabe en quién ha puesto su confianza. Entonces el triunfo de la resurrección es una realidad que afianza nuestra esperanza, fortalece nuestra fe y nos da la certeza de la inspiración del Espíritu para asumir la voluntad de Dios en nuestra vida.

En segundo lugar, la conversación que se generó en torno a si debía pagar las tasas al templo, nos permite abordar el tema de nuestra corresponsabilidad en el sostenimiento del culto y de los ministros. Un autor español escribe: “Todos hemos de sentir la Iglesia como propia. Es un deber de justicia ayudar a la Iglesia en todo lo relativo al apostolado, porque de la Iglesia recibimos el mayor bien que se puede recibir en este mundo: los medios para ir al cielo”. Sería escandaloso tanto el manejo equivocado de los dineros que llegan a la iglesia por la generosidad de la gente, como también la actitud mezquina de los cristianos que consideren que no es conveniente ayudar al sostenimiento de las obras de la Iglesia, al procurar que cada cosa para la celebración de los sacramentos sean dignas y con decoro, etc. Pienso ahora en las ofrendas que se convierten en expresión viva de la fe, por ejemplo, en el Hogar de Paso para el habitante de la Calle, la Fundación para la salud José Joaquín Flores o el Banco Arquidiocesano de Alimentos, pienso en tantos comedores parroquiales o en la experiencia del Pan compartido. Es decir, contribuir, no por Ley, sino por el convencimiento de que la Iglesia somos todos y su sostenimiento es un deber moral.

San Pablo nos lo enseña con estas palabras: “Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia. Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría. Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena. Como está escrito: Repartió a manos llenas; dio a los pobres; su justicia permanece eternamente” (2Corintios 9, 6-10).

Guardemos estas dos enseñanzas y llevémoslas a nuestra vida: siguiendo los pasos del Maestro pongámonos en camino haciendo la voluntad de Dios y sintámonos corresponsables de las obras y la vida de la Iglesia, viviendo la generosidad en las diversas necesidades de la comunidad.

12 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Fiesta de San Lorenzo, Mártir.

Lectura del santo evangelio según san Juan 12,24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará”.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Poner en el centro del seguimiento la donación de la vida y el aceptar con libertad el proyecto de Dios sobre la misma son los anuncios que Jesús hace en el Evangelio de hoy.

Con la imagen de la semilla, Jesús hace que los oyentes confirmen la dinámica de la salvación y la respuesta a ella. La semilla empieza su itinerario cuando es sembrada en la profundidad de la tierra, viene ahogada y se pudre, pero luego sufre el proceso de transformación hasta convertirse en un tallo verde y luego en una espiga llena de granos; “En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en ´granos de trigo´ y dar mucho fruto si, al igual que Jesús, ´pierden la propia vida´ por amor a Dios y a los hermanos” (Papa Francisco).

La exhortación de Jesús a sus discípulos es, precisamente, seguir sus huellas. Dar la vida por amor a Dios, viviéndola no como una posesión egoísta y encerrada en si misma, sino como donación, como servicio auténtico y humilde a favor de los hermanos. Solo cuando estamos dispuestos a vivir esta dinámica del Evangelio descubrimos la realidad siempre nueva que se encuentra en el seguimiento del Señor. El morir continuamente para dar fruto abundante es hacer del servicio y la caridad las banderas de la fe; como Cristo que “no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar la vida en rescate por muchos” (Mt 20,28).

Hace unos días hablaba con un joven de la parroquia que sentía una inquietud vocacional; con gran ánimo manifestaba cómo los actos de servicio que hacían con la comunidad juvenil le llenaba la vida, me dijo: “padre creo que mi vocación es el servicio”. El servicio se ha hecho un criterio de su proceso de maduración humana y cristiana. Ya no están en el centro sus intereses y caprichos; hay algo que continuamente lo inquieta: “hay que dar la vida”.

En un mundo, donde a menudo se proclama una felicidad centrada en el egoísmo y la búsqueda de intereses individuales, en donde la felicidad se viste de trajes de consumo y diversión, la lógica del Evangelio es la del servicio, la solidaridad, el encuentro y la donación de la vida. Constatamos que en la lógica del mundo las satisfacciones momentáneas tantas veces dejan vacía la vida; la añoranza del sentido y la pérdida del valor de la vida se hacen una noticia dolorosa. Mientras que el llamado al servicio promete algo que rebosa el anhelo humano: perder la vida para dar mucho fruto, encontrar la salvación y saber que quien le sirva, el Padre Dios lo premiará.

10 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:- ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!.

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis».

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Meditación
En alguna predicación escuchaba una conclusión de esta parábola: “no seas superficial, mira más allá del momento presente, trata de descubrir el llamado de Dios hasta en las mínimas cosas de la vida, hasta en el aceite que falta en tu lámpara”.

La parábola propuesta por el Señor inicia presentando una verdad común a las diez doncellas: todas fueron invitadas a las bodas y tan sólo se les pedía mantener las lámparas encendidas pues no se sabía la hora de llegada del novio. La invitación es para todas las personas. Muchos pasajes del Evangelio nos presenta la iniciativa de Dios que quiere la salvación para todas las personas; nadie es excluido de la invitación de la fiesta de bodas del Novio. Pero es necesario confirmar que a la iniciativa de Dios corresponde la responsabilidad de cada uno de nosotros. Se nos da la lámpara de la vida, de la fe y de la caridad; aquello que se nos pide es que la mantengamos encendida.

Encontramos en la parábola que la prudencia se ve contrastada con la necedad, la vigilancia con el relajamiento espiritual, la improvisación espiritual con la responsabilidad de cada día. Se nos pide la vigilancia para no dejar apagar nuestras lámparas; es necesario estar despiertos, alimentando la vida con el aceite cristiano para producir la luz necesaria y estar siempre preparados.

¿Cuál es ese aceite? Preguntándose esto el Papa Francisco responde: “La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón”.

Además de la oración ¿con qué otras actitudes cristianas mantenemos encendida la llama de nuestra vida para que no se nos diga: “Os lo aseguro: no os conozco».

Veamos la aplicación de esta parábola en la fiesta que la Liturgia de la Iglesia nos invita a celebrar hoy: celebramos a Santa Teresa B. de la Cruz, filósofa judía, atea convertida al catolicismo, religiosa carmelita y mística alemana. Edith Stein murió mártir durante la persecución nazi. El 1 de mayo de 1987 el Papa Juan Pablo II celebró la beatificación de Edith Stein y dijo: “La Iglesia vive hoy un gran día. Nos inclinamos ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein… Una personalidad que reúne en su vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy, pero que hombres y mujeres con sentido de responsabilidad se han esforzado y siguen esforzándose por curar, síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró el descanso en Dios”.

9 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Del Evangelio según Mateo 16,13-23

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
La pregunta de Jesús a los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” abre el proceso de curación de la ceguera que se superará plenamente con el testimonio del sepulcro vacío; allí es donde Pedro y sus compañeros comprenden con claridad el misterio de la cruz y la resurrección.

Mientras vive la experiencia personal del escándalo de la cruz y de la nueva mañana con la resurrección, Pedro es reprendido: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!; él debe confrontar sus seguridades y encontrarse con la negación que hace de su Maestro, debe afrontar su vergüenza hasta confesar tres veces: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”.

“Según todos los evangelistas, – comenta el Papa Benedicto XVI- la confesión de Simón sucedió en un momento decisivo de la vida de Jesús, cuando, después de la predicación en Galilea, se dirige decididamente a Jerusalén para cumplir, con la muerte en la cruz y la resurrección, su misión salvífica. Los discípulos se ven implicados en esta decisión: Jesús los invita a hacer una opción que los llevará a distinguirse de la multitud, para convertirse en la comunidad de los creyentes en él, en su «familia», es el inicio de la Iglesia”.

Jesús quiere que sus discípulos pasen del conocimiento superficial que tiene la multitud a la experiencia profunda y radical en la que hay que ir hasta el fondo para reconocer la singularidad de la persona de Jesús de Nazaret. También hoy Él nos invita a recorrer este camino de fe; no se trata de saber muchas cosas del Señor ni de ser expertos de la religión; tampoco se trata de estar ahí entre la multitud que busca milagros y busca favores pero sin comprometerse.

La pregunta que se repite es: ¿para ti quien soy yo?, una pregunta que pide una respuesta personal e invita a revisar la experiencia de fe que toca y da sentido a toda la existencia. En medio de tantos conceptos y ofertas de espiritualidad ¿quién es Jesús para ti? Pedro respondió sin titubear: “Tú eres el Cristo” y con esta confesión, en medio de lo que no entendía, fue invitado a recorrer el camino hasta la Cruz y el sepulcro vacío. De la respuesta personal que cada uno de nosotros da, depende el camino de fe que hacemos; o bien caminamos como multitud que ve de lejos o como discípulos que van siguiendo las huellas del Maestro y haciendo una historia de salvación con sus hermanos.

8 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Del Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante Él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!”. Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Jesús va de camino y es alcanzado por la mujer cananea que le dirige una petición inoportuna a favor de su hija enferma. El proceso que nos relata el evangelio presenta los pasos de profundización en la fe.

La mujer cananea se dirige a Jesús con el título de “hijo de David”. La mujer cree de alguna manera en Jesús; una fe que brota de la necesidad extrema de su hija. Pareciera que Jesús no la escuchara, continúa su camino como si tomara distancia de la mujer; algo que desconcierta a primera vista a los lectores; más el relato nos lleva a encontrar la manera pedagógica con la que Jesús conduce a una fe profunda.

Luego los discípulos piden a Jesús que le ponga cuidado pues sigue gritando detrás de ellos. La mujer no desiste en su intención; no se deja desanimar, hay algo grande que la sostiene: la fe en Jesús que puede cambiar la realidad de si hija: “Señor, sálvame”. La respuesta de Jesús es dura y misteriosa: “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”.

Así la mujer es capaz de acoger un signo de esperanza y presenta un motivo para obtener el milagro: reconoce su pequeñez, supera la prueba y muestra su confianza plena en Él. Su actitud de fe va creciendo, se consolida; sin prepotencia y muy consciente de ser “cananea”, alcanza el gesto de salvación. Hasta escuchar la admiración de Jesús: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”.

Así podemos decir que La fe auténtica todo lo puede. Es la conclusión que nos permite contemplar la escena de este pasaje del evangelio. Así la madre que ora con perseverancia y sin desfallecer, se hace modelo de vida espiritual para todo creyente.

Es la oportunidad de ponernos frente a este texto y preguntarnos ¿cómo es la fe que profesamos? ¿Es como la mujer que, sabiendo su condición de cananea, va al encuentro de Jesús, le reconoce como hijo de David, luego como su Señor y logra que el Señor confirme su fe y cure a su hija? ¿una fe en progreso que no se rinde ni se desanima ante el “silencio del Señor?

En fin, podemos preguntarnos con el Papa Francisco: “¿Qué puedo aprender de este Evangelio? Tengo tres modelos: tengo a los apóstoles, que aún no comprendían en qué consistía extender tu Reino. Tengo a una mujer cuyo amor el mismo Cristo enalteció. Y tengo tu corazón, Señor, del que nunca alcanzaré a aprenderlo todo, pero el cual puedo imitar también el día de hoy”.

7 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10
Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador… Se le aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “ Maestro, ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado, escuchadlo”. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús… Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Jesús anuncia su Muerte a los discípulos, ellos no lo pueden comprender ni aceptar, sobretodo Pedro no puede aceptar aquel anuncio y “tomando aparte a Jesús se puso a reprenderle”. La cruz y el sufrimiento eran impedimentos para creer en Jesús; Él quiere ayudar a sus discípulos a comprender el sentido de su dolor, muerte y resurrección, y por esto se transfigura delante de ellos en el monte alto.

¡La cruz siempre ha sido un escándalo! Lo expresa Pablo cuando nos dice: «Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1Cor 1,22-31). Sí, hoy día también la cruz es signo de contradicción que no armoniza con la lógica del mundo; en muchos escenarios la cruz viene sacada bajo diversos pretextos. Se hace escándalo porque nos habla de verdades que se quieren callar: el amor verdadero que no busca la propia complacencia, la vida puesta en alto frente a la cultura de la muerte, la presencia del Dios con nosotros que ama, llama e invita a dar la vida con Él. En lo alto un Crucifijo grita que no podemos ser indiferentes ante las injusticias, los egoísmos y el mal; desde el silencio, la cruz nos dice que podemos hacer un nuevo camino; aquel camino de búsqueda de la voluntad de Dios y de cooperación en la obra de Dios. Siempre la Cruz nos va decir que no hay gloria y resurrección sin ella.

¿Qué es la cruz para nosotros los cristianos? Es mucho más que un símbolo para llevar al cuello o adornar paredes; la cruz es el testamento del Señor que, amándonos hasta el extremo, se entregó para que en Él tuviéramos vida, libertad y salvación. Así es, la salvación viene de la Cruz. Hoy también, dice el Papa Francisco, “la Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la cruz, con este Dios que se ha hecho pecado por amor a mí. Y que cada uno de nosotros pueda decir: ‘Por amor a mí’. Y podemos pensar. ‘¿cómo llevo yo la cruz?, ¿cómo un recuerdo? Cuando hago el signo de la cruz, ¿soy consciente de lo que hago?; ¿cómo llevo yo la cruz?, ¿Solo como un símbolo de pertenencia a un grupo religioso?, ¿cómo llevo yo la cruz?, ¿cómo un ornamento?, ¿cómo una joya con muchas piedras preciosas, de oro?´. Que cada uno de nosotros mire el Crucifijo, mire a este Dios que se ha hecho pecado para que nosotros no muramos en nuestros pecados”.

Por esto, Jesús sube al monte alto y se transfigura delante de los Apóstoles anticipándoles la gloria de la resurrección. Él es la plenitud de la Ley y los profetas. Y aunque Pedro tuvo dificultad para entender el misterio de la Cruz, luego de la resurrección confirmaría lo escuchado: “¡Este es mi Hijo amado!” ¡Escuchadlo!”.

Detengámonos por un momento en algún crucifijo que esté a nuestro alcance. Sabemos que el Señor ha resucitado revestido de gloria; ha mostrado la marca de la pasión y de la muerte a sus discípulos para hacerles comprender que tenía que pasar por la cruz y el dolor. ¿Qué te dice hoy cruz? ¿Te dejas invitar por ella a asumir con generosidad la voluntad de Dios y a dar la vida de cada día buscando el bien de tus hermanos y tu salvación? ¿Vives como una persona nueva transfigurada por la gracia de Dios?

6 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,1-12

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.» El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
El testimonio del martirio de Juan Bautista que nos presenta el evangelio de hoy nos coloca frente a los temas de la corrupción, la injusticia y uso indebido del poder. Juan fue condenado a muerte sin proceso, cuando el rey banqueteaba con los grandes del reino y se dejaba vislumbrar por el baile de la hija de Herodías.

Herodes Antipas, hijo de Herodes, el Grande, gobernó por 43 años convirtiéndose en dueño absoluto de todo, haciendo lo que le placía sin tener que darle cuenta a nadie. Era de un corazón prepotente que absolutizaba el poder y que perdía el norte de sus actuaciones. Herodes era un gobernador supersticioso que se sentía amenazado por la verdad que denunciaba el Bautista, pues Herodes se había casado con la mujer de su hermano Felipe.

La oportunidad de sacar del medio a aquél que denunciaba ese sistema corrupto, se dio con motivo de la fiesta de cumpleaños de Herodes. Entre cantos y desórdenes morales, Juan fue eliminado, una venganza personal se fraguó en un juramento de un hombre sin control.

En el contexto actual es fácil acostumbrarnos al cáncer de la corrupción que permea todos los estamentos de la sociedad. La Corrupción pública y privada, la negociación de la verdad, la pérdida de la vocación de servicio de la política y las relaciones contaminadas por la venganza, el odio y la injusticia, son el pan de cada día. Ante esta realidad ¿Qué se le pide al creyente?

En primer lugar, la vigilancia del corazón porque como dice el Señor “las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Es lo que contamina al hombre» (Mt 15,19). Vigilar el corazón para no dejarlo debilitar y corromper. La vigilancia nos pide tener claros los criterios que fundamentan nuestra vida humana y espiritual. Cuando el Señor está al centro de la vida personal no se negocia con aquellas opciones que contradicen lo que el nos ha enseñado: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). La vigilancia del corazón nos lleva a renovar la opción de fe de caminar en la verdad y la justicia, dando un claro “No” a todo aquello que daña al hermano, porque “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? (Mt 16,26).

Y en segundo lugar, se nos pide no ser indiferentes a la necesidad del otro. Herodes se encerró en su poder y sus seguridades. Él se sintió amenazado por el Bautista cuya vida valió la danza de una muchacha. El cristiano reconoce que cada persona tiene una dignidad, que la vida desde la concepción hasta la muerte natural, hay que respetarla. Que nos asemejamos al Señor cuando seguimos sus pasos y somos capaces de respetar la vulnerabilidad de la vida.

Que esta palabra nos mueva a no ser partícipes de la espiral de corrupción que daña tantas esperanzas y ahoga en el ambiente de la indiferencia a tantos que piensan que no hay nada por hacer; y no es así; podemos comenzar desde nosotros; si queremos cambiar el mundo, comencemos por cambiar nosotros.

3 agosto, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Con dos breves parábolas Jesús continúa esclareciendo aspectos del misterio del Reino de Dios: el tesoro escondido y la perla fina.

El encontrar el tesoro escondido produce tal alegría, que los demás bienes pueden ser vendidos porque se quiere comprar el campo para poseerlo totalmente. Recordemos que el Reino de los cielos, es la presencia nueva de Jesús que viene a revelar la bondad, cercanía y misericordia de Dios Padre; Jesús ya está en el campo del de la vida; está “escondido”, dispuesto a ser “descubierto”.

En esta parábola el hombre que encontró el tesoro no esperaba encontrarlo, ni lo buscaba. Al descubrir que se trata de un tesoro muy valioso e importante desea adquirirlo. Lo encontrado comienza a tener un nuevo valor. Jesús acontece, se hace el encontradizo; podemos evidenciar esta realidad cuando leemos lo que significó para Pablo ser encontrado por el Señor Resucitado: “Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte” (Filipenses 3, 7-10).

La otra parábola del comprador de piedras preciosas siendo semejante a la primera, en ella hay una diferencia importante. El mercader conoce el valor de las perlas, no se le puede engañar; y cuando encuentra una de gran valor, vende todo lo que tiene y compra esa perla porque confirma que su valor es más grande.

Con estas parábolas Jesús nos da a conocer la presencia de Reino, el tesoro escondido, la perla preciosa, que descubrimos por la iniciativa de Dios, que gratuitamente se nos revela y/o que llegamos a comprender su valor por la búsqueda sincera. En todo caso ambas realidades nos confirman el poder transformador del descubrimiento que da el sentido y el valor real a la existencia.
Nos dice el Papa Francisco “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Jesús es la alegría, ¡No se necesita buscar más en otra parte!”.

Para concluir nuestra meditación nos podemos preguntar: ¿Cómo hacemos realidad la alegría de haber conocido al Señor? ¿Es Jesús nuestro bien más precioso que amamos y cuidamos sobre todas las cosas? ¿Experimentamos la novedad del Evangelio que nos lleva a dar testimonio de la fe?

31 julio, 2019
0 Facebook Twitter Google + Pinterest
Entradas más actuales