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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

En la oración Jesús pone de relieve el que los pobres y sencillos acojan con novedad el Reino e invita a encontrar en el refugio de su corazón nuestro descanso en las fatigas y cansancios del camino de la vida.

El camino recorrido por Jesús en el cumplimiento de su misión estuvo trazado por un sinnúmero de incomprensiones; desde la gente que se le acercaba por interés hasta las ciudades que vieron los milagros y oyeron su predicación pero no quisieron acoger el mensaje de salvación; desde los sabios y doctores de la Ley que buscaban motivos para acusarlo porque les parecía molesto, hasta sus parientes no lo comprendieron. Solo los pobres de espíritu, los pequeños y los excluidos aceptaron la Buena Nueva proclamada por Jesús.

Esta primera enseñanza que brota de la oración de Jesús conduce a preguntarnos: ¿Acogemos con un corazón dispuesto la propuesta de Jesús o dejamos que nos gobierne la soberbia aferrándonos a nuestras seguridades? La Oración de Jesús se convierte en un llamado personal a dejarnos llenar de la verdadera sabiduría que conduce al auténtico temor de Dios. Quien responde a la gracia de Dios experimenta en su cotidianidad la necesidad de ser guiado en la voluntad de Dios, reconoce que es vital dar la respuesta de la fe adhiriéndose totalmente a Aquél que lo ha llamado a una vida nueva, liberándolo de engañosas propuestas y falsas soluciones.

Luego Jesús hace resonar una invitación siempre actual: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Jesús conoce y no permanece indiferente ante el sufrimiento y cansancio de la gente. Ir a Él para renovar la relación con Dios y con los otros; Ir a Él para descargar nuestras tensiones, cansancios, desilusiones, agobios, frustraciones y heridas. Sí, ir a El para dejar que, como dice el salmo 123, repare nuestras fuerzas, vende nuestras heridas, cure nuestras dolencias, reconforte nuestro espíritu y nos ayude a caminar con pie firme. En medio de tanta tensión que vivimos en nuestros tiempos, la invitación de Jesús se hace una necesidad apremiante que se traduce en la búsqueda sincera de una práctica espiritual liberada de la rutina, la costumbre o en simple cumplimiento; es la necesidad de vivir la vida teniendo claras nuestras prioridades. La invitación del Señor los quiere liberar de una vida tocada por el activismo que nos sobrepasa y genera tantas tensiones; Jesús nos invita a encontrar en Él nuestro descanso. Es lo que acontece en la experiencia bien vivida de los sacramentos, de la oración y la vida de comunidad.

¿Por qué ir a Jesús? porque está dispuesto a acogernos con ternura y nos brinda su consuelo; sólo en su misericordia entrañable repara nuestras vidas para que también podamos ser instrumentos de acogida y liberación para otros. Ir a Jesús para aprender de Él a asumir con generosidad la voluntad de Dios todos los días de nuestra vida y dejarnos reparar cuando salimos heridos por nuestros pecados.

Al meditar este pasaje del evangelio acojamos las palabras de Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia, todo lo alcanza; Quien a Dios tiene nada le falta: Solo Dios basta”.

15 octubre, 2019
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Nació en Islip, cercca de Oxford ( Inglaterra.) ,en el año 1003.
Fallecio en el año 1066.
Después de ser gibernados por reyes vikingos, Ingleterra se convirtió en una provincia escandinava.
Fue sucediendo una cadena de desgracias en su familia. Todos fueron enviados sl destierro a Normandía; su padre, fue muerto y muchos familiares. Su madre los abandonó a él y a su hermano menor.
Después del gobierno de dos soberanos daneses con uno de ellos se casó su madre y él aún tuvo hermanastros. El pueblo lo recibió y acogió con júbilo pues era el representante de las antigua dinastía inglesa
En el viaje de regreso su hermano fue asaltado y después de mucho sufrimento, falleció.
El perdonó a todos menos a su madre a la que quitó todas sus posesiones y la ingresó en un monasterio.
Ya que desde sus 10 años y ahora ya tenía 42 años.
Contrajo matrimonio con la hija del conde Godwino, la mayor amenaza para su reino.
Hombre piadoso, amable y amante de los pobres.
Su administración fue justa y equitativa que lo hizo muy popular entre sus súbditos.
Un hecho popular fue la supresión del impuesto para el ejército.
Durante su destierro había prometido que si se iban solucionando sus problemas y disputas familistes haría una peregrinación a Roma .
Decidió convocar un Concilio pero allí le manifestaron que su partida abriría el camino a las distensiones. El papa León IX, le aconsejó que el dinero que habría de gastar en el viaje que lo repartiera entre los pobres y que construyera un monasterio en honor a San Pedro.
En su último año tuvo problemas con el conde Tostig al que tuvo que desterrar
Su cuerpo fue trasladado a una capilla del coro de la abadía de Westminster, de la cual fue él promotor.
Incansable por mantener la paz en sus Estados.
Patrono de Inglaterra hasta el año 1348, en el que se le sustituyó por San Jorge.
Propagador de la religión. Reflexivo, silencioso.
Fue algo más que un rey, fue un buen rey.
Llevó a Ingleterra a 25 años de paz.
Debido a que había hecho con su esposa promesa de celibato, a su fallecimiento hubo problemas de sucesión.
Canonizado por el papa Alejandro III, en 1161.

13 octubre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.
Meditación
En pocas palabras el evangelista San Lucas presenta el mayor elogio que Jesús hace a su Madre, que además, se hace una clave para entender lo que podemos aprender de María siguiendo el llamado “Evangelio de la Infancia de Jesús”. ¿Quién es María para san Lucas?
Si nos detenemos a leer los primeros dos capítulos de San Lucas nos encontramos con un profundo testimonio de la Santísima Virgen María. Ella es la “Llena de Gracia” obediente que sabe abrirse a la Palabra de Dios, acogerla y permitir que se haga carne; es la “Dichosa” que ha creído en el cumplimiento de las promesas de Dios, es la “Madre de Mi Señor” como lo confiesa Isabel en la visitación; ella es la humilde “Hija de Sion” que reconociendo lo que Dios ha hecho en ella y por ella “proclama las grandezas del Señor”. Ella es la que“ meditaba todas estas cosas en su corazón” al ver lo que se dice de su pequeño Jesús; es la Mujer del dolor: “ y a ti mujer una espada traspasará tu alma”, le dijo Simeón al tener en sus brazos a Jesús y confirmar el cumplimiento de las promesas de salvación: “Mirad, la virgen dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.
Cuando contemplamos la íntima unión de Jesús con su Madre, somos conducidos por la Palabra a participar en el elogio que aquella mujer hizo a María: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Es verdad lo que dice María en el Magnificat: “desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí”.
Entonces encontramos que San Lucas nos presenta a María como el ejemplo del creyente y de la comunidad que sabe acoger la Palabra de Dios y llevarla a la práctica. En la escuela de Nazaret, María nos enseña a encarnar, vivir, profundizar, hacer crecer y fructificar la Palabra de Dios.
Por último recordemos que en este mes del Santo Rosario, el Papa Francisco nos ha invitado a pedir confiadamente la protección de la Virgen María, Madre de la Iglesia, con aquella oración antiquísima: “Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!”.

12 octubre, 2019
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: «Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: »Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Jesús libera a un hombre que estaba poseído de un demonio mudo y esto suscita diversas reacciones entre la gente. Ante el hecho del bien, tres reacciones se hacen sentir: la admiración por los signos obrados, el pedir una señal del cielo pues no estaban convencidos de lo que habían visto y la acusación de que expulsaba los demonios con el poder del príncipe de los demonios.

Pero Jesús que conoce lo más íntimo del corazón del hombre no se deja confundir ni por los elogios, ni las pruebas, menos por las acusaciones sin fundamento; Él conserva la paz interior, no enceguece su corazón con la ira, sino que aprovecha la ocasión para poner de manifiesto la incoherencia de sus adversarios que lo atacan, enceguecidos por sus temores y seguridades que les impiden ver el bien obrado a favor de este hombre atormentado.

La liberación de los oprimidos es un signo de la llegada del Reino; la situación se hace ocasión para dejar sentado una verdad importante: Él es el enviado por el Padre que con el poder del Espíritu Santo, vence al Maligno: “yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios”.

Jesús que ha confiado a la Iglesia la misión de anunciar la Buena Nueva continúa actuando la liberación del hombre. El evangelio de hoy nos conduce a la certeza del poder del Señor que vence el mal; el enemigo ha sido vencido por Jesús y por esto los discípulos del Cristo no tienen miedo; el Señor nos asiste en nuestras luchas, nos concede la liberación de toda opresión, nos da firmeza y nos sostiene en el camino de victoria sobre el poder del mal.

Meditando este evangelio el Papa Francisco nos recuerda que no podemos negociar con el demonio; la vigilancia es necesaria “porque la estrategia de él es aquella: ‘Te has convertido en un cristiano, ve adelante en tu fe, te dejo, te dejo tranquilo. Pero luego, cuando te acostumbras y no vigilas tanto y te sientes seguro, voy a estar de vuelta’. ¡El evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y termina con el demonio que vuelve! San Pedro lo dijo: “Es como un león feroz, que gira a nuestro alrededor. Le pedimos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él vino a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! Por favor, ¡no hagamos tratos con el diablo! Él trata de volver a casa, a tomar posesión de nosotros… ¡No relativizar, sino vigilar! ¡Y siempre con Jesús!”

11 octubre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.» Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.» Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Con una parábola Jesús continúa la enseñanza sobre la oración que se debe hacer con fe y sin desfallecer. Así confirma que Dios atiende siempre nuestra oración y exhorta a pedir, buscar y a llamar sin poner condiciones.

Dice el Papa Francisco: “Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra y al que llama, se le abrirá. Pero se necesita, buscar y tocar a la puerta. Nosotros, ¿nos involucramos en la oración? ¿Sabemos tocar el corazón de Dios? En el evangelio Jesús dice: ‘Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!’ Esto es algo grande. Cuando oramos valientemente, el Señor nos da la gracia, e incluso se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! Nunca el Señor da o envía una gracia por correo: ¡nunca!”

En el contexto de este Mes Misionero Extraordinario estamos invitados a renovar nuestra relación personal con Dios. Lo llamamos Padre con la verdadera convicción de su amor personal, incondicional e ilimitado. Por esto, este tiempo misionero nos mueve a dar testimonio de la fe que profesamos.

Necesitamos pedir. Pedir el don de la fe, una fe que brille, que se haga vida, una fe que toque toda nuestra existencia. Pedir el don de la caridad para vencer el egoísmo y salir al encuentro del hermano. Pedir el don de la esperanza para saber confiar y así perseverar en la prueba teniendo firme la mirada en lo que nos espera.

Necesitamos buscar, buscar poner en el centro de la vida a Dios; como él nos lo ha indicado: “buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6,33). El camino de la persona humana es un camino de búsquedas; siempre nuestro corazón está inquieto. Y por esto la oración nos conduce a la fuente de la vida, de la alegría y de la paz.

Necesitamos llamar tocando el corazón de Dios y dejándonos encontrar por Él. Llamar para entrar a la profundidad del corazón del Padre en donde somos recreados.

Concluyamos la meditación de este pasaje del Evangelio asumiendo el compromiso de orar insistentemente. El Espíritu Santo dirija nuestra oración y nos conduzca al corazón de Dios Padre.

10 octubre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1-12

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

“Estos setenta y dos discípulos, que Jesús envía delante de Él, ¿quiénes son? ¿A quién representan? Si los Doce son los Apóstoles, y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, presbíteros y diáconos; pero en sentido más amplio podemos pensar en los demás ministerios en la Iglesia, en los catequistas, los fieles laicos que se comprometen en las misiones parroquiales, en quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de marginación; pero siempre como misioneros del Evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca. Todos deben ser misioneros, todos pueden escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante y anunciar el Reino”.

Con estas palabras el Papa Francisco recuerda que el Mes Misionero Extraordinario es un llamado a redescubrir la importancia de renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado. “La comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, indica el Papa Francisco, es fuente de una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas. Y esta vida divina no es un producto para vender —nosotros no hacemos proselitismo— sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión. Gratuitamente hemos recibido este don y gratuitamente lo compartimos (cf. Mt 10,8), sin excluir a nadie. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y a la experiencia de su misericordia, por medio de la Iglesia, sacramento universal de salvación”.

Esta es la razón por la que el pasaje del Evangelio de hoy invita a confirmar que todos los bautizados son enviados por el Señor de dos en dos, es decir, desde la experiencia de comunión con Dios y con los hermanos. La condición de llamados y enviados a la misión se sostiene de la oración y de la respuesta generosa al saber que la “mies es mucha” y la necesidad del anuncio del Evangelio es urgente. Nadie está excluido. Y cuando se tiene una experiencia viva de Jesucristo y su amor incondicional se siente la necesidad de ser testigo.

Renovemos la gracia del Bautismo y demos testimonio del amor que hemos experimentado; vivamos con alegría y compromiso, en los ambientes de cada día, la certeza de la presencia del Señor que nos anima y nos da su paz.

P. John Jaime Ramírez Feria

3 octubre, 2019
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Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 18, 1-5- 10

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: -«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: -«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial».

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación

Celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios. Como lo decía San Basilio “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida”; esta verdad de fe viene atestiguada por la Palabra de Dios, que nos confirma la existencia de estos espíritus celestiales. En el salmo 91 leemos: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios para que te guarden en tus caminos”.

En el Evangelio de hoy, escuchamos a Jesús que nos dice: “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus Ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial”.

Siguiendo esta enseñanza del Señor podemos puntualizar que los ángeles (mensajeros de Dios) están en la presencia del Señor para adorarlo y cumplir sus órdenes, entre ellas, acompañar a los seres humanos en el camino de la vida. Esta convicción la señalaba en el siglo II, Orígenes, diciendo que “los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Así, cuando hablamos del ángel de la guarda o ángeles custodios a muchos de nosotros viene a la memoria, las primeras enseñanzas de la fe. Fue la oración “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que me ponga en paz y alegría con todos los santos, Jesús y María”, de las primeras plegarias que nos daban confianza y seguridad. ¿Será que continuamos realizando esta plegaria o consideramos que era un asunto de niños?

Conservemos la amistad con Nuestro Ángel de la guarda, expresión del cuidado de Dios con nosotros, pidamos su intercesión en nuestro caminar hacia el cielo.

Recordemos el llamado del Papa Francisco a vivir el Mes Misionero Extraordinario. Él nos dice: “Yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión… quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida… Cuántos santos, cuántas mujeres y hombres de fe nos dan testimonio, nos muestran que es posible y realizable esta apertura ilimitada, esta salida misericordiosa, como impulso urgente del amor y como fruto de su intrínseca lógica de don, de sacrificio y de gratuidad”.

P. John Jaime Ramírez Feria

2 octubre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-4

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:- ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: – Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Una pregunta de los discípulos da pie a la enseñanza de Jesús; ellos quieren saber “¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?”, dejando ver que quizás no habían entendido la nueva propuesta del Señor. Esta situación se convierte en la posibilidad de confirmar un criterio básico del Evangelio: hacerse pequeño, como los niños para acoger la novedad del Reino.

Recordemos que en los tiempos de Jesús, los niños hacían parte del grupo de personas sin importancia en la sociedad, no pertenecían al mundo de los grandes. Así la autenticidad del discipulado, no lo dan los reconocimientos, las grandezas humanas, el prestigio social, etc. La gracia del ser discípulos brota de la gratuidad del amor de Dios que se manifiesta, entre otras cosas, en el hecho de su iniciativa al elegirnos no por méritos o carrera espiritual sino por nuestra pequeñez.

Por esta razón, el Señor confirma que en la comunidad de sus discípulos deben estar vivos los criterios del servicio y la entrega sin buscar intereses individuales o autopromociones. Constatamos que una experiencia de comunidad se corrompe y se estanca cuando hay luchas de “importancia”, dándole cabida al abuso del poder, a la selección de personas, las envidias, rivalidades y divisiones.

Por esto, Jesús insiste que debemos hacernos “pequeños” y no ser motivo para que otros pierdan la fe en Dios y abandonen la comunidad, pues ha sido el mismo Señor, el Buen Pastor, quién “no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”; Él ha venido a rescatar a su Rebaño en el que cada persona cuenta. La comunidad no es una masa amorfa, es presencia de personas concretas donde ninguna debe ser excluida. Así se confirma la misión de cuidar, proteger y promover a los pequeños y a quienes ante los ojos del mundo no cuentan.

Así lo entendió santa Teresita del Niño Jesús a quien celebramos hoy; ella habla del caminito de la Infancia espiritual, caminito para “esperarlo todo del buen Dios, como un niño pequeño lo espera todo de su padre, es no inquietarse de nada, no buscar fortuna. Hasta entre los pobres se da al niño lo que le es necesario pero en cuanto se hace mayor, su padre ya no quiere mantenerle más y le dice: «Trabaja ahora, tú te puedes ya bastar a ti mismo.» Para no oír jamás tales palabras, por eso no he querido ser nunca mayor, sintiéndome incapaz de ganarme la vida, la vida eterna del Cielo. Me he quedado siempre pequeña”.

Al releer el evangelio de hoy podemos concluir que el Señor nos llama a compartir sus sentimientos y actitudes, haciéndonos pequeños y acogiendo con novedad su propuesta, en la que descubrimos que la experiencia de comunidad exige renunciar a toda marginación y búsquedas egoístas de autopromociones.

Iniciamos la vivencia del Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco, con el tema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión por el mundo”. Este mes quiere reavivar la conciencia misionera y recordarnos que vivimos en estado permanente de misión, es decir, que todos somos misión, que tenemos la noble responsabilidad de dar testimonio de la fe para que otros se animen a una nueva esperanza.

P John Jaime Ramírez Feria

1 octubre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: -«El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mi; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: -«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: -«No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Jesús coge de la mano a un niño y lo puso en medio de los discípulos para confirmarles quién es el más importante; con este gesto pone de manifiesto el privilegio de ser acogido en la comunidad de creyentes que debe manifestar la grandeza de Dios. Experimentarnos amados y acogidos por Dios y tener disponibilidad interior para acoger la novedad del Evangelio en compañía de los hermanos.

Los apóstoles se quedan en una discusión sobre a quién le corresponderá el primer puesto. Jesús que conoce lo más íntimo del corazón enseña que grande es quien lo acoge con alegría y gratitud, encontrando en su Palabra la mayor motivación para acoger al hermano sin delirios de grandezas o autoreferencialidad.
Ya sabemos lo que nos sugiere este Evangelio: No aspirar a grandezas humanas que excluyan a los otros; antes bien hacernos pequeños en el Señor para encontrar en él no sólo nuestro refugio y seguridad sino también la actitud liberadora de encontrarnos con el hermano sin fingimientos ni categorizaciones.

Leyendo este pasaje del evangelio comenta el Papa Francisco que “el niño es precisamente el signo de la necesidad de ayuda, de docilidad para ir adelante… Este es el camino. No quién es más grande. Los que están más cerca de la actitud de un niño están más cerca de la contemplación del Padre”.

Damos gracias a Dios que nos ha concedido este mes dedicado a la Sagrada Escritura y confirmemos la necesidad de escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios. Un buen propósito para nuestro crecimiento espiritual es el de leer y meditar todos los días textos de la Biblia. También con la confianza de hijos recibimos un nuevo tiempo, octubre, el Mes Misionero Extraordinario. Todos estamos llamados a renovar el don de la fe y así ser testigos del amor de Dios con los hermanos.

30 septiembre, 2019
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Del Evangelio según Lucas 9,43b-45

Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.» Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado su sentido de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Los discípulos no entienden las palabras de Jesús que les habla de la cruz. No entienden ni aceptan la idea de un Mesías sufriente, siervo de los hermanos; siguen soñando un mesías glorioso. La admiración que se despierta por las obras que hace el Señor parece confirmar el mesías triunfalista.

Jesús no alimenta falsas expectativas; de camino hace el anuncio de la cruz. Él ha asumido la misión que le ha encomendado el Padre. Al hablar de su pasión, muerte y resurrección Jesús les habla del camino de la entrega. Abraza la misión y desea que sus discípulos caminen con él.

El camino de la cruz que el Señor recorre es camino de plenitud, de donación y de vida. Camino de plenitud que lo lleva a decir: “Todo está consumado”, el grito de plenitud de aquel viernes santo. Camino de donación porque “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Único para que todo el que crea en él se salve y tenga vida eterna”. Camino de vida porque “Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos”. Jesús no renuncia a la cruz, la abraza diciendo: “¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!”

Dice el Papa Francisco que “La Cruz nos da miedo también en la obra de evangelización, pero está la regla que el discípulo no es más grande del Maestro. Está la regla que no hay redención sin la efusión de la sangre, no hay obra apostólica fecunda sin la Cruz”.

También hoy se da una resistencia a la cruz aunque se luzca en bellos pendientes. En muchos escenarios la cruz va desapareciendo porque incomoda. San Pablo advierte esto diciendo: “Porque son muchos y ahora os lo digo con lágrimas, que son enemigos de la cruz de Cristo” (Filipenses 3, 18). Contemplar al Crucificado siempre inquieta porque rompe todo argumento de soberbia y orgullo. Dice un autor: “Satanás el orgulloso y soberbio odia la cruz porque Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella «humillándose a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz», y así transformo la cruz en victoria: «…por lo cual Dios le ensalzó y le dio un nombre que está sobre todo nombre» (Flp 2, 8-9)”.

Entonces, no se trata de llevar cruces de lujo o ponerlas como bellos adornos; es necesario contemplar el poder del Crucificado y encontrar en él la verdad de Dios y del hombre. La verdad de Dios porque la cruz revela el amor personal e incondicional de Dios, amor que salva. Encontramos la verdad del hombre porque por la Muerte y la resurrección de Jesucristo se nos da la Salvación y la vida verdadera.

28 septiembre, 2019
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