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abril 2020

En la festividad de San Marcos. Abril 2020

La pastoral del “día después”

Queridos sacerdotes, diáconos, miembros de Vida Consagrada y laicos:

Poco a poco, y Dios quiera que cuanto antes, nos vamos acercando a ese día después de la situación que estamos viviendo con motivo de la pandemia del coronavirus. La programación pastoral que pensábamos realizar en el comienzo de la Cuaresma hemos tenido que realizarla de otra manera distinta a cómo habíamos pensado.Posiblemente las orientaciones de las autoridades sanitarias cuando sea posible afrontar una determinada normalidad, nos van a condicionar en relación con los hábitos y costumbres que formaban parte de nuestra vida hasta ahora. En este tiempo la familia ha redescubierto y vivido su condición de iglesia doméstica. Pero sentimos ya la necesidad de celebrar fraternal y comunitariamente nuestra fe día a día y sobre todo en el Domingo, día del Señor. Agradecemos las posibilidades que nos han ofrecido los medios telemáticos pero hemos echado en falta las presencias personales.

Momento de transformar

En estos momentos está condicionando el futuro la idea de suspender y trasladar:muchos acontecimientos de tipo pastoral, cultural, social, y deportivo, algunosse suspenden y otros se trasladana nuevas fechas. Nuestra preocupación pastoral debe ser transformarcon creatividad la nueva realidad que va a tocar vivir conforme al espíritu del libro del Apocalipsis. Nos preguntamos ¿qué nos dice el Señor del tiempo y de la historia, el Alfa y el Omega, a la Iglesia que peregrina en Santiago de Compostela en esta tribulación?[1]También como al evangelista San Juan se nos responde hoy: “No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (Apoc 1,17-18). “Mira, hago nuevas todas las cosas… Estas palabras son fieles y verdaderas” (Apoc 21,5). A la luz de las Escrituras hemos de interpretar lo acontecido como Jesús les hizo caer en la cuenta a los discípulos de Emaús. La Iglesia como un río ha seguido discurriendo y reflejando nuestras caras de asombro en sus aguas mientras seguía su curso. Nos dejaba el mensaje de que el contenido de vida cristiana se fundamenta en conocer a Cristo, en vivir la eucaristía, en compartir la propia existencia con los demás y en asumir la acción misionera (cf. Hech 2,42-47). Ahora es necesario retomar las catequesis, preparar la celebración de los sacramentos: bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios, ordenaciones sacerdotales, confesiones, unciones de los enfermos,y recordar en la eucaristía con los familiares a los fallecidos, no olvidando el compromiso caritativo y social. Es la Iglesia humilde y cercana a la condición humana y espiritual del hombre, y portadora de salvación y de esperanza.

Fortalecer las raíces

En la reflexión de nuestro peregrinar por este largo desierto del confinamiento hemos considerado posiblemente que es necesario volver al hecho cristiano fundamental, identificándonos con la persona y la historia de Jesús, y dando testimonio de que el cristianismo es un modo fascinante de vivir la propia humanidad a la hora de dar sentido a la existencia. La enseñanza de los apóstoles, garantes del testimonio de toda la Iglesia, es vivir en espíritu de comunión que se explicita en la unión interna de los corazones manifestada en la unidad, en un mismo ánimo, en compartir los bienes y en la oraciónya sea comunitaria o privada, de súplica, de alabanza, o de acción de gracias.

La Iglesia ha de estar atenta a cuanto se mueve en la sociedad civil yésta debe considerar la propuesta eclesialdemostrándose que cuando se converge en la dignidad y en la realización integral de la persona las características propias de cada institución siempre son complementarias y compatibles. El sentir religioso no desaparecerá jamás porque no se puede eliminar del corazón del hombre la promesa sobre el significado  de la propia vida que siempre bordea el misterio. Nos da confianza en medio de todo saber que el destino de la Iglesia no depende de nosotros y que nosotros dependemos de Cristo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). San Pablo dirá: “Todo lo puedo en Aquel  que me conforta” (Fil 4,13). El fruto no está nunca en nuestras manos. En la misión no va incluido el éxito pero esta certeza no ha de llevarnos ni a la indiferencia, ni a la pasividad ni a ser prisioneros de los propios proyectos. “No tenemos excusa para no dar frutos de santidad que den gloria a Dios”. La realidad siempre es más grande que nuestros esquemas. La vida misma es vocación que debe ser vivida siempre con esperanza cristiana.Es momento de estar con las lámparas encendidas (cf. Lc 12,35). Una Iglesia así interpelará proféticamente y nunca defraudará. “La gracia del Señor Jesús esté con todos” (Apoc 22,21).

Unidos en la oración, también en nombre del Sr. Obispo Auxiliar, os saluda con afecto y bendice en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] Cf. Capítulos 2 y 3, 21 y 22 del Libro del Apocalipsis.

28 abril, 2020
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  • El párroco de Liáns se muestra partidario de retransmitir los entierros ya que pueden suponer un alivio para los familiares que no pueden estar presentes, pero no de inmortalizarlos para siempre. «Yo no tendría la foto del ataúd de mi madre», confiesa

Lleva más de 30 años oficiando entierros, y dice que estos días se está enfrentando a situaciones realmente duras. El hecho de no poder despedirse del ser querido, de dar un abrazo a los familiares, de no tener una red social para sobrellevar el duelo, lo están haciendo realmente complicado. El Padre Alonso explica que hay que pasar por todas las fases del duelo, y que cuando faltan procesos a lo largo plazo pasa factura.

-¿Cómo se puede gestionar el duelo cuando no hay despedida, como está sucediendo en muchos casos?

-Es muy difícil por varias razones. En primer lugar, a no ser que sea un accidente de tráfico inesperado, hay un acompañamiento, una enfermedad, un seguimiento, que hace que lo vayas asimilando. En estos casos no, estás en casa con un persona que empieza a tener síntomas, se lo llevan, y cuando lo ves de nuevo, hasta hace poquito porque ahora ya dejan estar 15 minutos, está muerto. De por sí ya es un shock la propia enfermedad. Además, eso de la alegría compartida es mayor alegría, la tristeza es menos tristeza, ahora no puedes compartir ese duelo con nadie porque los entierros están vetados a dos o tres personas. Y tercero, somos animales sociales, venimos de una cultura latina, de abrazarnos, besarnos, y aunque no digamos nada, a veces un abrazo, una mirada o un apretón de manos, dice mucho. Sin embargo, ahora no puedes ni siquiera acercarte. Es muy duro, realmente muy duro.

-¿ Ahora se puede acompañar unos minutos en los últimos momentos, no?

-Sí, en A Coruña ya se hace. Hay unas salas para que los enfermos terminales puedan pasar al menos 15 minutos acompañados con las medidas pertinentes. Es un consuelo para el que se va y para el que lo despide, saber que su ser querido no se va como un perro, que somos personas.

 -Es importante. ¿Hay diferencia entre el que se despide y el que deja a su familiar en una residencia u hospital y no lo vuelve a ver?

-Muy importante. Yo lo comparo con la muerte de un accidente de tráfico, que marcha tu hijo por la mañana y ya no vuelve, para esto nadie está preparado. El que te den la oportunidad de despedirte, aunque sea un ratito, es para el que se va y también para el que se queda un consuelo, aunque sea morir cogidos de la mano.

El que no haya despedidas, ¿en un futuro puede traer consecuencias?

-El duelo hay que pasarlo siempre. Tiene varias fases: negación, cabreo, aceptación y superación. Cuando no puedes vivirlas paso a paso eso pasa factura, porque te faltan procesos, te falta verbalizar la muerte, compartir la muerte, el dolor… Si no lo vives ahora, a la fuerza lo vas a vivir más adelante sí o sí. La pena y el dolor también te carcome de que ese ser querido haya fallecido en soledad. Cuánta gente, en circunstancias normales, se arrepiente de no haberle dicho, de no haber estado.. y sufre por eso, si eso ocurre en el contexto de siempre, pues el pensar que ha fallecido en soledad y que no has podido expresarlo, aún influye más.

 -Es lo que más se repite en los que han perdido a alguien estos días: pensar que han fallecido solos.

-Es una carga de conciencia, es muerte truncada, como un accidente, inesperado, a la que se añade la dificultad de no tener una red de apoyo social y familiar a la que estamos acostumbrados. Esa red social que te arropa, aunque luego estén en el velatorio tomando un café y hablando en la puerta, van allí a estar contigo. A decirte: «Lo siento, a mi manera, pero lo siento».

 -¿Son las circunstancias más difíciles en las que se puede perder a alguien?

-Yo he celebrado miles de entierros, 30 años de cura enterrando a gente, hay familias que lo llevan con más entereza que otras, cuando ves que la familia se rompe también ves cómo enseguida acuden a su lado los más allegados para que no se caigan, y ver ahora que nadie lo puede hacer… Igual son tres hermanos, cada palo aguanta vela, no tienes a nadie que te arrope, ni a una pareja, porque van solos. El otro día viví una experiencia, viví muchas, muertes de niños, de jóvenes, pero el otro día había un entierro con tres personas, dos mujeres y un hombre, y verlo a él doblarse de impotencia, y pensar que nadie podía acercarse, tener que decirle ánimo de lejos, para mí fue terrible.

-Y lo de grabar los entierros que se está recomendando ahora, ¿cómo lo ves?

-La muerte se puede vivir desde la fe o no, yo la vivo desde la fe, uno graba en su corazón y arropa con oraciones el dolor, pero hay quien no la tiene, y hay psicólogos que recomiendan escribir una carta, poner por escrito sentimientos, hacer un homenaje en vida, y hay quien dice que se grabe para mostrar a los que no están. De los entierros que he celebrado estos días de coronavirus, en bastantes he visto que la gente grababa. Unos lo que hacían era retransmitir, que yo no lo veo mal, porque estás haciendo llegar a la viuda, por ejemplo que es mayor y está en casa, esa imagen, pero el que graba… Era costumbre en España a finales del siglo pasado esa fotografía mortuoria, yo no tendría la foto del ataúd de mi madre o del entierro de mi padre… A mí me gustaría recordarlo en vida como lo que fue, de hecho lo hago así, recuerdo a mis seres queridos en vida, no en el momento de la muerte, procuro borrarlo.

 -¿A la larga esos vídeos pueden jugar a la contra?

-Yo creo que pueden jugar malas pasadas, porque distingo entre retransmitirlo para el que no está, que lo veo hasta de alivio porque esa viuda o ese nieto también lo sufren, y me parece correcto, igual que se retransmite el de una persona conocida, pero grabarlo a mí personalmente me parece negativo. No vas a borrar ese vídeo, porque es el último recuerdo que tienes de tu padre, pero por otra parte andar viendo el entierro constantemente no ayuda a superar el dolor.

-¿Qué se les puede decir a los familiares? ¿Qué reconforta estos días?

-No hay palabra que pueda llenar el vacío que deja un ser querido cuando se marcha. Es verdad que todos somos hijos de la muerte, que va en el pack de la vida, y no hay palabra que reconforte totalmente. Al que tiene fe, saber que no es un adiós, sino un hasta pronto, ayuda. Al que no tiene, le ayuda saber que en vida han hecho por ellos lo mejor posible, se han desvivido por ellos… Decirles que se les ha tratado hasta el último instante del mejor modo posible, y que no pudo ser, puede aliviar un poquito, y el paso del tiempo. Las heridas tienen que cerrarse, aunque las cosas con hilo y aguja, aunque cierran inmediatamente, tardan en cicatrizar. Tiene que pasar tiempo que todo lo cura.

Fuente: La Voz de Galicia

22 abril, 2020
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Si algún aspecto positivo cabe extraer de la crisis sanitaria provocada por la propagación del coronavirus es la oleada de solidaridad que se ha disparado entre los feligreses.

Si ayer publicábamos en nuestra página la generosidad del APA del Colegio Cristo Rey donando 2000 € en alimentos para Cáritas hoy tenemos que congratularnos porque otra familia nos ha donado 100 kg de pasta (fideos, macarrones, etc…) para incluir en los repartos de alimentos que se realizan cada semana.

La parroquia mantiene las prestaciones y las asistencias de las familias más vulnerables e idean iniciativas para que a nadie le falte de nada. En estos días de incertidumbre son muchos los partículares que nos están mostrando su gran solidaridad con los más necesitados haciendo gala de su enorme humanidad y fraternidad cristiana. Los servicios sociales básicos básicos están asegurados en prácticamente todos los casos pues nuestro ayuntamiento siempre ha hecho de ello una prioridad. Pero hay casos a los que no llegan – pues se escapan de su competencia- y Cáritas, de manera, subsidiaria no deja de atender.

Han sido numerosos los feligreses que han querido aportar su granito de arena en la medida de sus posibilidades haciendo aportaciones económicas a Cáritas y también a la parroquia ( que non olvidemos sigue teniendo los mismos gastos de siempre aunque vaya a estar cerrada varios meses)

Seguimos contando con vuestra generosidad, no sólo porque la situación parece que se prolongará en el tiempo, si no porque a la crisis sanitaria le acompaña una crisis económica que arrastrará con ella a numerosas familias.

22 abril, 2020
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Desde el comienzo de la pandemia que nos tiene a todos confinados han sido numerosos los particulares e instituciones que han manifestado su preocupación por la situación que están viviendo las familias más vulnerables de nuestro entorno.

Uno de estos colectivos, el APA del colegio Hijas de Cristo Rey , situado en la parroquia De San Pedro de Nos , que además de la implicación del alumnado en las recogidas de alimentos en grandes superficies a lo largo del año y donando periódicamente alimentos a la nuestra Cáritas . Ante la emergencia sanitaria del COVID 19 no han dudado en ofrecer la donación de 2000 € en alimentos no perecederos y otros productos que previamente habían detectado como necesarios las familias que se asisten.

Cada día recibimos en la parroquia llamadas o mensajes solicitando ayudas de familias que han perdido el empleo o no tienen lo básico, y otras muchas ofreciendo sus deseos de ayudar mostrando así la mejor cara de esta gran familia que formamos como Iglesia.

Agradecemos desde aquí al APA Cristo Rey y a todos los que se han ofrecido su ayuda confiando en que pronto podríamos hacerlo personalmente.

21 abril, 2020
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  • «No sabemos cómo se harán todos los funerales, comuniones, confirmaciones y bodas que han quedado pendientes»

Los periódicos están llenos de esquelas que ponen que ya se oficiará el funeral cuando finalice esta situación. Cuando sea así los sacerdotes no van a dar abasto, porque se van a juntar muchísimos que ahora han quedado pendientes.

No solo funerales, también bautizos, que yo tenía quince o dieciocho en una semana, y la próxima semana ya empezaba con las confirmaciones.Ya desplacé las bodas de marzo-mayo y ahora esto empezando a trasladar las de junio. Se podrían hacer ceremonias comunitarias pero no puede haber aglomeraciones, así que no sabemos cómo se hará, todo son incertidumbres.

Está viendo cómo alguien se despide de un ser querido en soledad, solo tres personas y separadas, no se pueden consolar una a la otra siquiera, ni existen los pésames de vecinos, los besos y abrazos que ayudan a superar el duelo.

Ahora el sacerdote recibe en el cementerio y se reza un responso. Es una tristeza, y mayor porque no la compartes. Está el dolor de la persona que ha salido de casa y ha muerto solo y que luego se le despide en soledad, eso es un plus, es un duelo aún más duro de lo habitual.Yo llevo muchos entierros en el cuerpo pero ahora ves situaciones… El otro día una mujer que despedía a su madre se echó a llorar a lágrima viva y yo me sentí impotente, no poder consolarla, que no pueda haber un abrazo, dar la mano. Lo que estoy haciendo es que como retransmito misa todos los días a las 11.30 por internet, la dedico por cada familia afectada.

¿Los sacerdotes también han visto afectada su economía por esta situación? No tienen funerales ni bautizos…

Cobramos el salario mínimo interprofesional, y por los funerales nos dan una limosna que es para sostener el templo. Las parroquias además tienen que seguir pagando agua, luz…

La parroquia de Santa Cruz, tan activa junto a Cáritas, sigue ayudando a los más vulnerables.

La gente está volcándose.Todos los voluntarios están repartiendo entre las familias, protegidos con mono, guantes y mascarillas y pantallas, pero igual que antes, solo que las entregas son espaciadas, una familia cada quince minutos. También tenemos abierta una consulta de psicoanalista, por teléfono, y personas que ayudan comprando medicación a los demás o haciendo la compra.

 

Fuente: La Opinión de A Coruña

20 abril, 2020
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Todos sabemos quienes están siendo los auténticos protagonistas en esta pandemia del coronavirus tras los enfermos, que los son, muy a su pesar.

Me refiero a los médicos y demás trabajadores de la salud, muchos de ellos batallando en forma incansable y exponiéndose al contagio en primera línea. La ciudadanía reconoce su heroica labor y les homenajea todas las tardes a las 8 con aplausos y emocionados cánticos, que resultan conmovedores.

Pero no son los únicos: trabajadores de las residencias de ancianos, agricultores, transportistas, personal de supermercados, reponedores, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos, repartidores, empleados del transporte, y un sinfín de héroes invisibles que cada día ponen en riego su propia vida y la de los suyos para que nosotros podamos quedan confinados en la seguridad de nuestros hogares.

Pero esta pandemia pasará y el respaldo que necesitan es otro. No podemos que estos son los mismos héroes que antes de la alerta sanitaria ya reclamaban mas medios, mejoras en sus condiciones laborales, ayudas para los combustibles o mejores precios para sus productos.

Cuando todo pase y todo vuelva a lo normalidad recordemos los aplausos cuando la lista de espera para la cita medica sea muy larga o el personal de la residencia donde están nuestros mayores no nos atiendan a la primera, o los precios de tal o cual producto haya subido cinco céntimos.

Porque los héroes de hoy son los mismos que podremos convertir en villanos mañana

 

 

 

17 abril, 2020
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¡Feliz Pascua de Resurrección del Señor! Este mensaje encuentra un eco especial en estas circunstancias. “Dios entra de lleno en el juego desconcertante de nuestras vidas para liberarnos del mal”. Jesús resucitado había dicho a María Magdalena, María la de Santiago y Salomé: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis” (Mc 16, 7). Él se hace presente anticipadamente en nuestra “Galilea” herida y lastimada por la pandemia del coronavirus. Cristo resucitado nos recuerda que la muerte ha sido vencida y que podemos celebrar la vida en medio de la incertidumbre, del dolor y del agobio.

Tal vez el desánimo y el cansancio pueden haber hecho presencia en nosotros, pero no por ello dejemos pasar este Domingo de Gloria sin proclamar el ¡Aleluia Pascual! a los que tengamos cerca de nosotros. Ahora más que nunca, Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza como a los discípulos de Emaús para volver a nuestra “Jerusalén” donde la comunidad parroquial y la diocesana nos esperan siempre y allí comunitariamente escuchar la palabra de Dios, participar en la Eucaristía y compartir la propia existencia. No podemos quedarnos en sentimientos breves e intercambiables que no logran construir una historia de continuidad para la vida de la persona. Hemos de reconocernos amados y de ser capaces de amar. ¿Qué sentido tiene correr si vamos en una dirección equivocada?

Signos de esperanza los estamos viendo en hombres y mujeres que proveen a las necesidades de los demás, que están cercanos a los que sufren por cualquier causa, que consuelan con su palabra, que curan con su ciencia, derrochando esfuerzo y sin horarios, y que saben mirar de cara a la muerte, pensando que ésta no tiene la última palabra como nos lo acredita Cristo resucitado.  ¿No es esto lo que han hecho y están haciendo el personal sanitario, o los capellanes de los hospitales, o los sacerdotes y diáconos en las parroquias, o los miembros de Vida Consagrada, o las  familias, o el personal de Caritas, o los que tienen que tomar decisiones políticas, o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?  Sigamos mirando con el corazón a los que viven y no olvidemos a los fallecidos. Sólo así se explica la disponibilidad de quienes en los distintos campos y compromisos renuncian a vivir para sí mismos y entregan la vida a los demás.

¡Caminemos hacia adelante y miremos hacia arriba! ¡Demos testimonio de que el cristianismo es una manera fascinante de vivir la propia existencia! ¡Soplemos las cenizas acumuladas sobre las brasas del Evangelio y seamos portadores del fuego de la caridad, dialogando siempre con quien espera! Ni la tristeza, ni la amargura, ni mucho menos la desesperanza tienen nada que ver con el Hijo de Dios vivo que disipa nuestras dudas. ¡No tengamos miedo! ¡Resucitó Cristo, nuestra esperanza! ¡No es vana nuestra fe!

Saludo con afecto a todos los diocesanos, a los hermanos de las Iglesias separadas, de otras religiones, a los hombres de buena voluntad y a los que se encuentran en el Centro Penitenciario. ¡Feliz Pascua de Resurrección del Señor! ¡Que el Resucitado nos colme de bendiciones!

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

12 abril, 2020
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