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18 marzo, 2020

A muchos les sonará a título de telenovela pero se ha convertido en un imperativo.
Ante la emergencia del coronavirus la iglesia nos insta a elevar nuestra oración a Dios pidiendo su protección.

Todos somos instrumentos útiles para evitar su propagación con un sencillo gesto: quedarnos en casa. Sencillo pero que cada día se nos hace un poco más cuesta arriba. Los psicólogos nos animan a mantener ciertas rutinas diarias, a ser creativos sobre todo con los niños para hacer el confinamiento más llevadero, etc… Cada “gremio” aporta su grano de arena on line – bibliotecas o filmotecas en internet, visitas virtuales a museos o monumentos, clases telematicas para mantener el ritmo de estudio…

Vivir la fe de forma concreta en el hogar implica que los padres tengan en estos días momentos para orar. Los gestos sencillos de piedad, como bendecir la mesa, reafirman la presencia del Señor en el hogar. También se puede poner énfasis en la lectura y la meditación de la Palabra de Dios. Es una excelente oportunidad para establecer una comunión familiar en torno a Cristo, presente a través de su Palabra. Es indudable que, en estos momentos, Él mismo proclama su Evangelio a la familia reunida en su nombre.

Pero la gran familia de la parroquia tampoco puede abandonar a los suyos. Por eso hemos tomado algunas iniciativas

⁃ El Santísimo permanecerá expuesto de 11: 00 hh. a 12:00 hh.
⁃ Bendeciremos cada día a nuestro pueblo con su presencia en la custodia implorando su protección
⁃ A las 12:00 hh. se celebrará la misa que, estamos poniendo todos los medios, se podrá seguir por YouTube en un enlace que mañana publicaremos.
⁃ Si alguna persona desea confesarse podrá hacerlo sin bajar del coche en la puerta de la Iglesia nueva de Santa Cruz manteniendo la distancia social de seguridad.
⁃ Las campanas sonarán a las doce hora del Angelus para todos unidos pedir por esta intención.En los momentos de peligro, espontáneamente, los niños se dirigen a la madre. En la circunstancia particular que estamos viviendo, nos dirigimos a María, la Madre que Jesús nos dio desde la cruz.

Todos unidos venceremos

18 marzo, 2020
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Lo cierto es que he ido encontrándome a lo largo de mi vida con gran variedad de situaciones que, “sin saber por qué”, me han traído a mi situación actual.
Cada vez más cerca de la jubilación, con la idea generalizada de que hay que ir pensando en descansar, y hete aquí que “misteriosamente” me veo llamado por mi nombre para progresar en el compromiso personal del servicio a los demás en la Iglesia.
No es una cuestión que me haya surgido de hoy para mañana. La primera vez fue en torno a los últimos años de colegio. Por aquel entonces me sentí llamado a ser un laico comprometido a través de – entre otras cosas- mi profesión de psicólogo.
Pasados los años mi formación se fue enriqueciendo con diversos estudios en teología y con el ejercicio de la enseñanza de la Religión Católica en el instituto.
Y llegamos, dando un enorme salto, a unos meses atrás. Antes incluso de un gran –y triste- cambio en mi vida familiar, Dios quiso que empezara a preguntarme por el diaconado. Así que cuando D. José Carlos me lo sugirió, mi respuesta fue inmediata. ¡sí quiero!.
En este sí quiero, se recoge mi firme voluntad de responder a una apelación, insisto, totalmente misteriosa para mí. Por lo que lo asumo con alegría, inseguridad, esperanza, confianza…y amor.
Claro está que sin que esto se produjera en esta parroquia que no es un seminario propiamente dicho, pero sí un semillero de vocaciones de todo tipo, no tendrían sentido muchas cosas. Se da la circunstancia de que estoy “por aquí” desde hace unos cuarenta años: aquí canté, dí mis primeras charlas catequéticas, conocí mejor a quien sería mi querida esposa… y ahora me acoge como aprendiz de diácono y de casi todo.
Para quien se pueda extrañar: si se llevan años cerca de Dios, cada vez se quiere estar más cerca de Él para “recibir instrucciones y seguirle”.

18 marzo, 2020
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