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8 febrero, 2020

“Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”

Queridos diocesanos:

El lema para la campaña de Manos Unidas de este año puede sorprendernos. Sin embargo hemos de considerar que en el maltrato a la naturaleza quien más sufre las consecuencias son las personas empobrecidas. Son dos clamores que convergen, tanto el de los pobres como el del maltrato a la tierra por la codicia y la avaricia con que a veces actuamos.

Relativismo y consumismo

El deterioro ambiental y la crisis personal y social que lo acompañan son dos realidades a las que debemos prestar mucha atención. No podemos olvidar que “lo que afecta a los demás, a nosotros no nos puede ser ajeno”. Por otra parte nuestra actitud en relación con la naturaleza no ha de ser la de considerarnos dueños sino administradores de la misma, cuidándola lo mejor posible y pensando en todos los que habitamos el planeta. En este sentido hemos de evitar el relativismo que nos lleva a considerar irrelevante lo que no sirve a nuestros propios intereses, y el consumismo que nos hace olvidar que el apego a las cosas materiales es una trampa en la que fácilmente caemos, que nos deja el corazón vacío y hace olvidar nuestro compromiso con el bien común.

Arropados en nuestro confort nos pasa desapercibida la situación de tantas personas que viven en unas condiciones insalubres tanto en el agua potable, como en el aire contaminado y en los alimentos en malas condiciones. Hemos de escuchar el clamor de los empobrecidos que como dice el papa Francisco, “no tienen otras actividades financieras ni otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas y disponen de poco acceso a servicios sociales y a protección […] La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil”[1].

Nuestra casa común

Nos da miedo fijarnos detenidamente en nuestra casa común y comprobar la situación de la misma. Recordamos que habiéndola recibido habitable, -“vio Dios lo que había hecho, y era muy bueno” (Gen 1,31)-, la estamos deteriorando de forma que los que vengan detrás de nosotros ya no la podrían habitar en condiciones dignas. “La esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas”[2]. Esto debe despertar la responsabilidad desde nuestra condición de creyentes y desde la razón que nos vincula a toda la sociedad. El objetivo es “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”[3]. Si cuidamos la naturaleza, estamos combatiendo la pobreza. Quienes más sufren las consecuencias de la degradación ambiental son las personas empobrecidas. Es urgente trabajar por una sociedad más justa y por un mundo sostenible. En medio de la búsqueda de la rentabilidad dominante sembrar gratuidad es cosechar humanidad.

Vivir la espiritualidad cristiana

Recordamos la multiplicación de los panes realizada milagrosamente por Jesús. “Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido” (Jn 6,12). Esto nos hace pensar en la comida que desperdiciamos y de la que tanta necesidad tienen muchas personas. “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que nos ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres”[4].

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] FRANCISCO, Laudato Si’, 25.

[2] Ibid., 61.

[3] Ibid., 19.

[4] Ibid., 222.

8 febrero, 2020
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La conservación del Patrimonio contenido en una iglesia es una tarea difícil de abordar. A menudo son edificios históricos que han perdurado a lo largo de los años con múltiples reformas motivadas por el deterioro provocado por el paso del tiempo, la climatología, su variado uso a lo largo de su historia y eventuales desastres.

Las iglesias albergan un rico patrimonio cultural que es preciso conservar. Sirven al culto, son visitadas por su interés artístico y arquitectónico y frecuentemente representan hitos arquitectónicos merecedores de cuidados.

Una casa limpia y ordenada, es un hogar agradable donde todos quieren estar, es importante por la dignidad de las personas que ahí viven. Una casa limpia, es un hogar acogedor donde propios o extraños se sienten bien. Como es conocido por todos nuestra comunidad procuramos que nuestros templos estén bien cuidados y no son pocos las labores de restauración realizadas en todos y cada uno de ellos en los últimos años: tejados, pinturas, humedades, suelos, imágenes etc…

A pesar de que todas las obras son recientes para que no se deterioren es necesario un mantenimiento continuado. Unas veces serán simples reparaciones ordinarias; otras restauraciones más completas.

Si el año pasado en centro de todas ellas fueron los templos de Dorneda y Nos este año continuamos con el de Liáns. En verano hemos vuelto a pintarlo y en enmla
Mes de enero hemos llevado varias imágenes a restaurar -Santa Rita, Virgen de Fatima, Cristo- y se realizaron diversas tareas de carpintería.

Esta semana le ha tocado al suelo de madera del suelo al que hemos aplicado un tratamiento para su conservación e hidratación. La verdad es que cada vez que se aplica – y más ahora que está recién pintada- parece que estrenamos Iglesia.

Una vez más agradedecemos a todos los implicados en estas labores su colaboración al tiempo que invitamos a todos los que lo deseen a sumarse a la siempre necesaria tarea de cuidar el templo.

8 febrero, 2020
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La Santa Sede ha dado a conocer las intenciones de oración del Papa Francisco para el mes de Febrero 2020.
Intención de oración universal ‐ Escuchar los gritos de los migrantes

Recemos para que el clamor de los hermanos migrantes víctimas del tráfico criminal sea escuchado y considerado.

8 febrero, 2020
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Todos los jueves del año a las 19.30 en la sede de nuestra comunidad parroquial en Santa Cruz se expone solemnemente el Santísimo Sacramento para la adoración de los fieles mediante el rezo, el canto, la petición y el comentario de la Palabra de Dios.

Estar en presencia del Santísimo es un acto de intimidad en el que se profundiza nuestra amistad con Dios, correspondiendo al amor que Él nos tiene. Y como en todo diálogo tenemos que abrir nuestro corazón para escuchar la voz de Dios que nos habla a través del silencio y de su Palabra.

Desde nuestra pequeñez sabemos que todo es poco ante la presencia del Señor. Por ello intentamos que su presencia real se dé en un ambiente de respeto, austeridad y suma dignidad. Se nos presenta así en la custodia, pieza de orfebrería que se adorna y decora para acomodarse a tan divina presencia. Pero por muy bella que sea la custodia sabemos que la verdadera Belleza está en el Cuerpo de Cristo que se muestra en su centro bajo la especie de pan.

Pero como siempre queremos lo mejor y más bonito para nuestro Dios y Señor el jueves 6 de febrero de 2020 la exposición contó con un nuevo elemento singular para asentar la custodia. Se trata de un trono o tabor, que toma el nombre del monte donde se produjo la transfiguración de Jesucristo (Lucas 9, 28-36), para colocar entre el altar y la custodia. Tres ángeles resguardan la divina presencia.

Esta pieza artística, que acaba de ser restaurada, pertenece a la parroquia desde hace tiempo y se encontraba arrumbada. Debió servir como trono de santa Eulalia, pues en una de sus caras muestra unas palmas, distintivo del martirio que sufrió nuestra patrona.

De esta sencilla manera, con el arte, con la belleza, queremos mostrar nuestro amor y respeto a Dios, pero lo que de verdad honra al mismo Dios hecho eucaristía es nuestra compañía y nuestra oración.

8 febrero, 2020
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La leyenda lo presenta como rey aunque seguramente sería un importante señor feudal probablemente de Wessex.
Tuvo tres hijos ( 2 hombres y una mujer ), los tres Santos.
Hizo una larga peregrinación por Francia para llegar a Roma acompañado por dos de sus hijos pero falleció en el camino, en Lucca, la Toscana ( Italia ), fue enterrado en la basílica de San Frediano.
Pronto fue proclamado Santo ( en aquellas épocas las canonizaciones se hacían por aclamación popular ).
Casado con Santa Wunna, hermana de San Bonifacio.
Ellos hicieron la travesía por el Sena y desembarcaron en Rouen.
En Roma deseaban venerar las Sagradas reliquias de los Santos Apóstoles y conocer al papa San Gregorio II
Se drvía que es muy humilde, orante y penitente.
En el siglo XII se trasladaron algunas de sus reliquias a Eichstatt por la devoción de sus hijos personajes muy populares y poderosos en el norte de Europa.
Hace más de 50 años era considerado rey de Ingleterra , hoy en día en el Martiriologio romano es por derecho propio Santo Peregrino.
Un hijo suyo se unió a San Bonifacio ( su tío ) y llegó a ser el primer obispo de Eichstatt ( Baviera ).

8 febrero, 2020
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Lectura del Evangelio según San Marcos 6,30-34

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Los Apóstoles regresan de la misión y le comparten al Señor todo lo que habían vivido y enseñado; por su parte él los invita a un lugar apartado para descansar un poco. Y como la gente lo busca afanosamente, sintió compasión y se puso a enseñarles. Buscar a Jesús, encontrar el sentido del descanso y dejarse restaurar con la misericordia del Buen Pastor son las tres actitudes que podemos tomar del evangelio de hoy.

Los Apóstoles han vivido la experiencia de la misión; al regreso, entre la alegría y el cansancio buscan a Jesús para contarle todo. Cada día, también nos levantamos con la conciencia de cumplir la misión encomendada. Del trabajo a la edificación del hogar, de la búsqueda del bienestar al mundo de las relaciones; son tantas responsabilidades que vivimos con alegría, sin renegar ni maldecir. Y con todo lo que es nuestra vida nos percatamos que necesitamos ser escuchados, comprendemos la necesidad de compartir los gozos y fatigas de la jornada.

Los Apóstoles buscan a Jesús porque saben que él los escuchará con respeto. Busquémonos en casa para conocer el mundo interior de los otros, para compartir la vida. En ocasiones damos por supuesto que todo está bien, que “no hay nada nuevo para contar”; no dejemos perder aquellos hábitos que tanto bien nos hacen: el mirarnos a los ojos, el escuchar con respeto al otro, el compartir tiempo de calidad.

Jesús comprende el cansancio que trae la misión e invita a los Apóstoles a descansar. ¡Cuánto necesitamos aprender el valor del descanso! Sabemos que la falta de un apropiado descanso genera estrés, ansiedad, irrisión y otras enfermedades psicosomáticas. El descanso genera armonía, recrea el ánimo, restablece las fuerzas para continuar el camino, es decir, descansar para encontrarnos. ¿Encontrarnos? Sí, en primer lugar, con Dios aceptando su invitación de estar con Él, escucharlo, dejarnos reparar las fuerzas, curar las heridas y tomar un nuevo aliento; en segundo lugar, encontrarnos para disfrutar la compañía de la familia que se convierte en remedio para la desesperanza, la frustración y la soledad. En tercer lugar, descansar para encontrarnos con nosotros mismos. No debemos tenerle miedo al silencio que nos ayuda a escuchar y comprender los anhelos que hay en nuestro corazón. Y descansamos para restablecer la capacidad de contemplar y no acostumbrarnos a la creación. Cuando la persona descansa ve la vida desde otra óptica y su trabajo no sólo se hace más eficaz sino que alcanza a ser transcendente.

“Y Jesús, viendo la multitud sintió compasión y comenzó a enseñar con paciencia”. Porque vio con el corazón fue capaz de tener compasión. Como dice el Salmo 23 : “¡El Señor es mi pastor nada me falta!” Jesús restaura con su Palabra; su enseñanza no está centrada en sentencias frías sino en la Buena Nueva de la misericordia del Padre que se hace vida.

Entonces, acerquémonos a Jesús cultivando una auténtica experiencia de fe en comunidad, aprendamos a descansar para recrear la vida y los asuntos que se nos confían, y reconozcamos que necesitamos dejarnos reparar por Jesús, el Buen Pastor.

8 febrero, 2020
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