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24 septiembre, 2019

La Iglesia Católica celebra hoy la fiesta de la Santísima Virgen María, en su advocación de La Merced (misericordia).

En nuestra parroquia reside una comunidad de religiosas Hermanas de la Caridad de Nuestra Señora de las Mercedes que desarrolla una gran labor religiosa y social y que hoy celebra su Día Grande.

Religiosas, sacerdotes, educadores y personal de la casa participarán hoy en una Solemne Eucaristía presidida por su Capellán y – a continuación – en una comida de confraternización que sin duda estrechará lazos entre los miembros de la comunidad que forman.

Esta congregación fue fundada en Málaga (España), el 6 de marzo de 1878, por el sacerdote Juan Nepomuceno Zegrí, con el fin de ejercitar las obras de la caridad cristiana, especialmente en favor de los pobres y necesitados.

Fiesta de la Merced y Carisma Mercedario

Los orígenes de la festividad son de España, desde  1218 (siglo XIII) cuando- según la tradición- la Virgen se aparece a un hombre llamado Pedro Nolasco y le pide que funde una comunidad religiosa llamada La Merced para que se dedique fundamentalmente a redimir (liberar) a los cristianos que se encontraban cautivos en las prisiones de los musulmanes (moros) durante las cruzadas.

Con la desaparación de este contexto social y con ello de la cutividad clásica, la Merced ha seguido y sigue escudriñando las nuevas formas de cautividad. La lectura de su carisma-misión actual ha variado su forma pero no su fondo

Las nuevas formas de cautividad, constituyen el campo propio de la misión y cuarto voto mercedarios, se dan allí donde hay una situación social en la que ocurren las siguientes condiciones:

1ª es opresora y degradante de la persona humana;
2ª nace de princpios y sistemas opuestos al evangelio;
3ª pone en peligro la fe de los cristianos; y
4ª ofrece la posibilidad de ayudar, visitar y redimir a las personas que se encuentran dentro de ella

La novedad mercedaria radica, en primer lugar, en realizar los rescates sin llevar ganancia alguna, por merced, esto es, por misericordia. Y esta es la gran labor que realizan la Congregación de “Hermanas Mercedarias da Caridad” en nuestra parroquia que hoy celebran a su patrona especialmente en favor de menores.

¡Muchísimas felicidades y que Dios las bendiga con nuevas vocaciones!

24 septiembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.

Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
El evangelio de hoy nos trae el envío de los doce para la misión; el Señor les da la autoridad para que en su nombre anuncien la Buena Nueva y realicen signos que confirmen la llegada del Reino. También hoy la Iglesia, edificada sobre la roca de los apóstoles continúa la misión haciendo presente al Señor resucitado.

Con la predicación de los Apóstoles, acompañada de los diversos signos, Jesús intensifica el anuncio del Reino de Dios que trae a los hombres la novedad de la vida; el poder recibido lleva a comprender que es el Señor quien llama y capacita para que se pueda realizar la misión, no en términos de éxito y fama sino en clave del servicio a la humanidad. Por esta razón, la autoridad para liberar, curar y anunciar no significa ni autoproclamación ni autopromoción sino la disponibilidad para que el Señor sea conocido, amado y seguido.

Al ser enviados los apóstoles reciben unas instrucciones que tienen un significado muy importante: en primer lugar, deben ir sin nada, confiando en la hospitalidad de la gente. Es la actitud de apertura a la providencia de Dios que no abandona sino que muestra su solicitud por medio de la comunidad. En segundo lugar, el Señor los invita a permanecer y participar de la vida y del trabajo de la comunidad; viene rescatado el valor del compartir que supera todo individualismo. En tercer lugar, deben curar y liberar, es decir, cumplir la misión de ser defensores de los débiles y excluidos; la misión debe hacerse signo de la presencia del Señor que no excluye ni condena. Y por último, deben tener la conciencia clara que la obra no es de ellos sino de quien envía. El discípulo debe sentirse respaldado por el Señor aun cuando la misión le traiga persecuciones, incomprensiones e incomodidades.

Con estas actitudes se comprende que el envío que el Señor hace nos compete a todos los bautizados. Somos enviados por el Señor, como miembros de la Iglesia, a anunciar con nuestra vida que el Reino de Dios es una realidad; que su reino acontece y se evidencia en las comunidades que deciden seguir las huellas del Señor viviendo en fraternidad, caridad y justicia. Entonces brota la respuesta al Señor dando testimonio de la Vida que se edifica en el Señor.

Entonces, ¿qué nos corresponde a nosotros? Crecer en la conciencia de nuestra responsabilidad misionera impregnando los ambientes en los que vivimos de los valores que nos enseña el evangelio. nos corresponde tener la certeza que el Señor nos capacita y nos respalda para que todos contribuyamos a la edificación de la Iglesia y de una sociedad más justa y fraterna. Nos corresponde no tener miedo ni avergonzarnos de nuestro ser de creyentes sabiendo que debemos ser como faros puestos en lo alto para iluminar con la luz que hemos recibido del Señor.

24 septiembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: -Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él les contestó: -Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
El evangelio de hoy podría ser reducido a la polémica de si María tuvo más hijos o no. Abordemos esta realidad desde la Sagrada Escritura y ampliemos el mensaje sobre una nueva familiaridad que el Señor nos invita a entablar con él por la adhesión a su Palabra.

La Biblia habla de “hermanos de Jesús” y no de “hijos de María”; entonces, alguien podría decir que es lo mismo porque lo vemos desde nuestra cultura. Para la cultura judía la palabra “hermano” tiene distintos significados que se descubren conociendo los contextos bíblicos. En el Génesis encontramos esta palabra referida a la relación tío-sobrino (Gn 11,27; 12,5; 13, 8), a un primo (Tob 7,12), también a un correligioso (Hch 9,30;7,2) o de la misma raza (Tob 11,35). Es decir el término denota una relación de parentesco, familiaridad, raza o afiliación religiosa. Cuando la Biblia nos quiere hablar de los hermanos hijos de una misma madre o padre utiliza la expresión “hijos de…” y no “hermanos de”. Con esto aprendemos un principio para no hacerle decir a la Palabra de Dios lo que ella nunca dice: “es necesario conocer el contexto del texto bíblico para no interpretar de una manera subjetivista y reducida la Biblia”.

Una vez recordada esta distinción nos detenemos en el texto para encontrar en María un ejemplo privilegiado de la verdadera familiaridad que estamos llamados a tener con Jesús nuestro Señor y Maestro.

María es la mujer que sabe acoger la Palabra de Dios y hacerla vida: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Con su Sí María coopera en la obra de la salvación porque la “Palabra de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. María es la mujer que está atenta para acoger y ponerse en el camino de la comprensión de la voluntad de Dios; así, movida por el Espíritu Santo, Isabel le dice: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Dichosa tú, que has creído que se cumplirían las promesas del Señor”. María ha creído con total abandono comprometiendo todo su ser con el plan de Dios. Ella es la mujer obediente que “guardaba todas esas cosas en su corazón”. A ella llamamos bienaventurada “porque el poderoso ha hecho obras grande por ella y en ella”.

La íntima relación de Jesús con su santísima Madre es una realidad que descubrimos en las palpitaciones del evangelio desde la anunciación del ángel hasta el Calvario, desde la pesebrera donde tuvo a su hijo envuelto en pañales hasta el sepulcro donde aguardaba su resurrección gloriosa; desde el silencio de Nazaret hasta el cenáculo donde exhortaba a los apóstoles a permanecer unidos en la oración.

Así desde María comprendemos esta nueva familiaridad de los discípulos del Señor. Se hace necesario que en cada uno de nosotros se cumpla el “dichosos los que escuchan la Palabra del Señor y la practican”. Al respecto nos dice el Papa Francisco: “Recordamos a todos nuestros hermanos que aún hoy ponen en práctica estas palabras de Jesús, ofreciendo su tiempo, su trabajo, su propia fatiga y hasta su vida para no renegar de su fe en Cristo. Jesús, mediante su Espíritu Santo, nos da la fuerza para ir hacia adelante en el camino de la fe y del testimonio: actuar de acuerdo con lo que creemos; no decir una cosa y hacer otra. Y en este camino la Virgen siempre está cerca nuestro y nos precede: dejémonos tomar de la mano por ella, cuando atravesamos los momentos más oscuros y difíciles”.

Entonces preguntémonos ¿qué familiaridad establezco con el Señor mediante la escucha, la meditación y la puesta en práctica de su Palabra? En el ritmo de la cotidianidad ¿busco comprender lo que Dios me está pidiendo y me encamino en obediencia para unirme más a Él? ¿Encuentro en María un estímulo para dar una respuesta generosa al Señor?

24 septiembre, 2019
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