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25 febrero, 2019

Con frecuencia la Iglesia nos recuerda la necesidad de vivir en Gracia De Dios. Pero ¿que significa esto?

La gracia es una participación gratuita de la vida sobrenatural de Dios que inicia con el Bautismo y se pierde cada vez que se comete un pecado grave.

Para vivir en gracia y aumentarla debemos orar a diario, recibir los sacramentos de la Eucaristía y Confesión, escuchar la Palabra de Dios, leer libros religiosos, evitar malas amistades y las ocasiones de pecar. Es por esto que con tanta frecuencia se nos invita a recibir el perdón mediante la Penitencia.

Esta semana los niños que recibirán la Primera Comunión año celebraban el sacramento del perdón por primera vez. Nosotros tenemos la suerte de que en la parroquia hay la posibilidad de hacerlo pues a diario antes y después de la Eucaristía los sacerdotes estamos a disposición de todos los que lo deseen.

También cada domingo desde las 11:00 hasta las 13:00 dos sacerdotes están en la Capilla de la Confesión para atender a todos aquellos que deseen reconciliarse con el sacramento del Perdón.

Para que veamos la importancia y necesidad de recibirlo aquí ofrecemos algunos textos de la doctrina de la Iglesia al respecto:

El sacramento de la Reconciliación es uno de los aspectos o ingredientes más singulares y bellos de la Iglesia Católica. Jesucristo, en su abundante amor y misericordia, estableció este sacramento, para que nosotros como pecadores tuviéramos la posibilidad de obtener el perdón de nuestros pecados y reconciliarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Este sacramento “nos recupera y limpia”, nos renueva en Cristo.
“Jesús dijo nuevamente a sus discípulos: ‘La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’” (Juan 20,21-23).
La celebración comunitaria de la reconciliación expresa más claramente el carácter eclesial de la penitencia (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1482).
“El sacramento de la penitencia, como todos los sacramentos, es esencialmente una acción de Cristo y de la Iglesia, y no un simple momento privado de la vida espiritual del cristiano. Sin embargo, este aspecto eclesial de la penitencia no siempre ha sido suficientemente explicitado, desde hace muchos siglos, y por eso hay que esforzarse en recuperarlo” (Ritual de la Penitencia).

“De la misma manera que el pecado no se reduce a una cuestión individual, sino que tiene a la vez una dimensión eclesial, así también la reconciliación no es solo una relación entre Dios y el pecador, sino que implica una relación visible con la Iglesia” (Ritual de la Penitencia).

25 febrero, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué discutís?» Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.» Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta
cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.» Se lo llevaron.

El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?» Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.» Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.» Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.» Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.» Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie. Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?» Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

Palabra del Señor. Gloria a TI, Señor Jesús

Meditación
El Señor desciende del monte, luego de la transfiguración y se encuentra con el asombro de la gente que corre hacia él para saludarlo; los discípulos no han podido echar fuera a un espíritu maligno que atormentaba a un muchacho y Jesús se encuentra con la súplica del padre: “Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos”.

Es verdad que los discípulos estaban avergonzados por no haber podido liberar a aquel muchacho de las garras del enemigo; una experiencia frustrante en su ministerio. Pero allí estaba Jesús que escucha la angustia y la ansiedad del padre que se desahoga contando el drama de su hijo que se convertía en el drama de toda la familia y allegados; en ese estado era imposible que se diera cualquier tipo de relación; era una escena continua de autodestrucción y desesperanza.

El padre se movía entre la fe y la desesperación. Y cuando el joven estuvo delante del Señor empezó una conversación con el padre ¿Por qué? Si bien, Jesús obraría liberando al joven, era necesario restaurar también la fe del padre que debía ser restablecida: “Tengo fe, pero dudo; ayúdame”. Reconoció la flaqueza de su fe y clamó la ayuda. Y Jesús liberó al joven y restableció la vida del padre.
Aprendamos de este modo de obrar del Señor. Primero para dejarnos liberar por Él. Busquémoslo porque se deja encontrar; clamemos en nuestras aflicciones y agobios; pongámonos delante de Él con nuestras flaquezas y dudas para decirle también “Tengo fe, pero dudo; ayúdame”, y encontrar en el tiempo oportuno su respuesta.

No dejemos que la incredulidad y las realidades que se nos salen de nuestro control nos lleven al desespero y a la renuncia de la vida porque «para el que cree todo lo es posible». Sí, es posible ser levantados, es posible recuperar la vida, es posible si estamos en comunión constante con Jesús. Recordemos sus palabras y guardémoslas en nuestros corazones: «sin mí nada podéis hacer».

P. John Jaime Ramírez Feria

25 febrero, 2019
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