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8 febrero, 2019

“Rezar para que las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia, sean recibidas con generosidad”

El Santo Padre Francisco pidió en ‘El Video del Papa’ de febrero de 2019, que recemos pidiendo la generosidad de hospedar a las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia.

(Ciudad del Vaticano, 7 de febrero de 2019) – Lo vemos diariamente en los noticieros y en la prensa. Les llamamos migrantes económicos, refugiados, clandestinos, extracomunitarios, desplazados, menores no acompañados, caravanas, o como se quiera, olvidando muchas veces que son personas.

Ellos son millones, se escapan cada día de sus tierras, debido a la guerra, al hambre, las persecuciones políticas, religiosas, o a las situaciones de pobreza extrema, enfrentando abusos de todo tipo. Lo que en cambio no vemos es, a las organizaciones criminales que lucran con esto, esclavizando a hombres, mujeres y niños, laboral o sexualmente, para el comercio de órganos, para hacerlos mendigar o delinquir.

En El Video del Papa de febrero Francisco nos recuerda que la esclavitud «no es cosa de otros tiempos» y que «no podemos lavarnos las manos si no queremos ser, de alguna manera, cómplices de estos crímenes contra la humanidad».

En colaboración con Talitha Kum, la red mundial de la vida consagrada comprometida contra la trata de personas, la sección “Migrantes y Refugiados” del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, el Servicio Jesuita a Refugiados, la Pontificia Academia de las Ciencias y el Apostolado del Mar; La Red Mundial de Oración del Papa se suma a la jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de personas, bajo el hashtag #JuntosContraLaTrataDePersonas.

Conmemorando el 8 de febrero, día en el que murió Santa Josefina Bakhita, Francisco nos invita a rezar «por la acogida generosa de las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia».

Por su parte P. Frédéric Fornos SJ, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa indicó: «Frente a esta tragedia humana, frente a tanto sufrimiento, desamparo y angustia de hombres, mujeres y niños que son víctimas de la trata de seres humanos y de la esclavitud, a menudo en contexto de migración, ¿qué podemos hacer? Denunciar nuestra complicidad, pero también rezar. El grito de la oración, el que viene del corazón y del cual los salmos son el eco”. P. Fornos también recordó que hace unos días la sección «Migrantes y Refugiados» del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral presentó dos documentos importantes para luchar contra todas las formas de trata: «Estos no son discursos – añadió. Estos documentos son una fuerte llamada a cambiar la sociedad, y proponen acciones concretas para toda la Iglesia. El Papa Francisco está fuertemente comprometido con la lucha contra este flagelo en sus diversas expresiones.”

8 febrero, 2019
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Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de Él: unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas». Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado».

Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.

Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Juan el bautista testifica con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios. Hasta el final cumple su misión, como dice San Beda, monje del siglo IX: “San Juan por (Cristo) dió su vida, a pesar de que no recibió la orden de renegar de Jesucristo, le fue ordenado solo callar la verdad. Y no calló la verdad y por eso murió por Cristo, quien es la Verdad. Justamente, por el amor a la verdad, no reduce su compromiso y no tiene temor a dirigir palabras fuertes a aquellos que habían perdido el camino de Dios”.

Herodes era un empleado del imperio romano y para agradar a Cesár, el emperador, buscaba una administración que produjera lucro y fuese la carta de promoción y seguridad personal. Aunque se hacía llamar bienhechor del pueblo era un tirano; además la corrupción golpeaba su gobierno y tocaba su moral. Un hombre con contradicciones: tenía miedo de los levantamientos del pueblo por su tiranía pero admiraba a Juan, quería escucharlo y con esto callaba su conciencia que le reclamaba el estado en el que vivía. La escena que nos narra el evangelio de hoy nos muestra el estado de corrupción de Herodes; prefirió el mal, su fama y dar rienda a sus apetitos; la vida del Profeta ya no fue tan importante, lo mejor era quedar bien con todos y no mostrar su debilidad.

Dice el Eclesiástico 7,36: «En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado”; es decir, que estamos llamados a ser vigilantes de lo que vamos concibiendo en el corazón. Herodes dio rienda a sus intereses hasta llegar a ser un hombre sin control de sí, anuló su conciencia y se hizo enemigo de la verdad hasta reducir el valor de la persona a una diversión. En cambio, Juan tuvo siempre presente su fin, sabía que camino debía recorrer, buscó el bien y permaneció firme en la voluntad de Dios. Entonces, cada uno de nosotros tenemos la tarea de sacar las conclusiones.

En una ocasión el papa francisco decía: “Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos que quieres volver atrás y te chupa… El pecador es una persona que conoce límites, que tiene equivocaciones. Tiene conciencia de que se equivoca. En cambio el corrupto pierde esa brújula y vive en otro mundo, del que difícilmente se sale”.

Pidamos al Señor nos conceda un corazón limpio de toda forma de corrupción, un corazón que no negocie la verdad y que se gaste en la búsqueda del bien del prójimo. Un corazón conectado con el propósito de Dios que nos lleve a experimentar en lo más cotidiano la plenitud de la vida. Oremos también por aquellos sistemas de corrupción en todos los niveles de nuestra sociedad y sus víctimas.

P. John Jaime Ramírez Feria.

8 febrero, 2019
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