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diciembre 2018

Comienzo del santo evangelio según san Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha contado.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús
Meditación
Llegamos al último día del año, una jornada marcada especialmente por el agradecimiento del año vivido y la confianza que crece con el año nuevo. Tanto el balance como los buenos propósitos deben ayudarnos a vivir esta jornada, lejos de agüeros, supersticiones y falsas creencias que no solo desdicen de la fe cristiana sino que también nos hacen evadir de la responsabilidad de la buena administración del tiempo y los asuntos que se nos confían.
Decir que en este día es una ocasión propicia para hacer nuestro balance 2018 nos ayuda a revisar, sin nostalgias ni pesimismos, lo que hemos vivido; en el camino que hemos recorrido encontramos aciertos y desaciertos, avances y retrocesos, logros alcanzados y tareas pendientes. Vemos con una mirada humilde cómo fueron vividas las prioridades. Pasan por el lente nuestra relación con Dios y el sano cultivo de la fe y la confianza en Él, examinamos el cuidado que tuvimos de nosotros mismos en la búsqueda correcta de la satisfacción de las necesidades físicas, mentales, emocionales, espirituales: ¿Cuánto crecimos en este año? Nos detenemos para contemplar el don de la familia; miramos las relaciones de casa como esposos, padres, hijos, hermanos para saber cuáles han sido nuestros depósitos para custodiar, fortalecer y madurar nuestros lazos afectivos. Nos detenemos en el trabajo realizado, en aquellos asuntos de los que hemos sido responsables. Si nos detenemos a hacer este balance confirmamos, como en la parábola de los talentos, que el Señor nos confía el tiempo y la existencia para salir al encuentro del prójimo. Entonces, brotan la gratitud y la súplica humilde del perdón junto al planteamiento de verdaderos y nobles propósitos para el año nuevo.
Esto nos hace responsables abriéndonos a lo nuevo con una mentalidad renovada no adormecida por “bonitas intenciones” sino aclarada por propósitos que nos animan a servir y a vivir con ánimo decidido.
No evadimos la responsabilidad al afrontar el año nuevo. Es la razón que nos lleva a no caer en la promoción de toda clase de supersticiones y rituales de nochevieja. El cristiano no vive de suertes y soluciones mágicas; qué faltos de fe y de seguridad propia, quienes esperan mejores días porque usan prendas de este o aquel color, quienes realizan rezos, sahumerios, baños y otras cosas que para nada santifican; y ¿qué decir de lectura de horóscopos, la consulta a adivinos y otros tipos de prácticas contrarias a la fe verdadera?
Un año bueno para el creyente es el que se dispone a vivirse conforme a la voluntad de Dios tomando una verdadera actitud de servicio y valentía. Un año nuevo es una empresa confiada para dar buenos resultados con la sabiduría y la dirección de Dios. ¡Que tengamos un buen año! Sí, un año en el que resuene las palabras del Señor: “Lo que yo te ordeno es que te esfuerces y seas valiente, no te acobardes ni te desanimes, porque donde quiera que vayas yo estaré contigo”.
Con gratitud y confianza abrámonos a la novedad de Dios y de su mano pongámonos en camino con la certeza que nuestra vida está en sus manos.

31 diciembre, 2018
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Una semana más el grupo de jóvenes de la parroquia se ha lanzado a la calle a llevar un poco de esperanza a las personas que viven el la calle. Esa esperanza la acompañan con un café, unos bocadillos y unos bizcochos en estas frías mañanas de invierno.

La intención es acercarnos a los que están en la calle, a los que no tienen donde reclinar la cabeza y a los que nadie saluda. La entidad está formada por 25 voluntarios. Gracias a su solidaridad y sensibilidad hacia este drama humano, consiguen llevar un poco de calor a las personas que necesitan  abrigo. Pero su concepto de “abrigo” va más allá de lo material. Su calor va directo al corazón de los que están en la calle.

Los voluntarios de Desayunos Solidario se lanzan a la calle los sábados por grupos y tienen varias rutas establecidas para intentar acercarse al mayor número de personas posible. Y lo mejor de todo es lo enriquecedor y gratificante que resulta para los que participan.

31 diciembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-35

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús

Meditación

“Una de las particularidades del pueblo creyente pasa por su capacidad de ver, de contemplar en medio de sus ‘oscuridades’ la luz que Cristo viene a traer. Ese pueblo creyente que sabe mirar, que sabe discernir, que sabe contemplar la presencia viva de Dios en medio de su vida, en medio de su ciudad. Con el profeta hoy podemos decir: el pueblo que camina, respira, vive entre el ‘smog’, ha visto una gran luz, ha experimentado un aire de vida. […] ¿Cómo es esta luz que transita nuestras calles? ¿Cómo encontrar a Dios que vive con nosotros en medio del ‘smog’ de nuestras ciudades? ¿Cómo encontrarnos con Jesús vivo y actuante en el hoy de nuestras ciudades pluriculturales?”

Con estas palabras el Papa Francisco, lee el pasaje del evangelio de hoy; José y María llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor y ofrecer la ofrenda que prescribía la Ley. Allí Simeón, conducido por el Espíritu Santo, reconoce al Niño Jesús y tomándolo en sus brazos lo presenta como el cumplimiento de la promesa de Dios en el Antiguo Testamento, como la Luz verdadera y la Gloria del pueblo que esperaba la salvación. La esperanza del Pueblo de Dios, representada en la fe de Simeón, se realiza en Jesucristo. Dios cumple sus promesas pero lo hace, como signo de contradicción, no con el poder y la fuerza sino con la debilidad del Aquel niño envuelto en pañales. Nos salva, no siguiendo las lógicas humanas sino con su amor desbordante que se abaja para levantarnos.
Estos días de Navidad que estamos celebrando, nos confirman en la iniciativa de Dios que sale a nuestro encuentro para salvarnos; Él es la luz que ilumina el camino de la vida, es la plenitud anhelada de la existencia humana, es la alegría verdadera que confirma la cercanía de Dios que camina con su pueblo. Imitemos la actitud orante y contemplativa de los padres de Jesús, que se admiraban por lo que se decía del Niño, imitemos el silencio de san José que nos permite escuchar la voz de Dios, Imitemos la Virgen Madre que guardaba todo en su corazón, imitemos a Simeón que acogió a Jesús y vio realizada su esperanza.

Así, Simeón proféticamente señaló el camino que habría de recorrer el Niño, de la cuna de Belén al calvario en Jerusalén; ésta sería la espada que traspasaría el alma de María. Impulsados por el Espíritu hagamos este recorrido y confirmemos que el Señor Jesús es la Luz verdadera que no conoce ocaso, Él es la vida plena que colma nuestros corazones y nos compromete con la búsqueda de un mundo mejor.

P. John Jaime Ramírez F.

29 diciembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»

Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
El relato de Mateo, muestra como el rey Herodes sintiendo amenazada su autoridad y poder por el Niño Jesús nacido en Belén, hizo matar a todos los niños de dos años para abajo. Por su parte San José, asumiendo con su obediencia silenciosa, se hace cargo de Jesús y de María protegiéndoles de aquella amenaza. Dos actitudes contrarias que nos ofrecen una clave de interpretación para nuestros días.

Hoy, día de los Santos Inocentes, mientras algunos malinterpretan esta fecha con noticias falsas, bromas y jocosidades, somos llamados a comprender que la Navidad no es un tiempo para disfrazarlo con un discurso irreal para que parezca bonito; este tiempo nos habla también del llanto, de los desafíos e injusticias de aquel tiempo y del nuestro. Se nos presenta un gemido: “Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes”. Un gemido que hoy se nos pide escuchar, que debe llegar al alma del creyente y que produce el deseo de hacer algo para consolar, para rodear la vida y cambiar la tragedia del dolor.

Dice el Papa Francisco: “Contemplar el pesebre es también contemplar este llanto, es también aprender a escuchar lo que acontece a su alrededor y tener un corazón sensible y abierto al dolor del prójimo, más especialmente cuando se trata de niños, y también es tener la capacidad de asumir que hoy se sigue escribiendo ese triste capítulo de la historia. Contemplar el pesebre aislándolo de la vida que lo circunda sería hacer de la Navidad una linda fábula que nos generaría buenos sentimientos pero nos privaría de la fuerza creadora de la Buena Noticia que el Verbo Encarnado nos quiere regalar. Y la tentación existe”.

Es por esto, que la alegría cristiana por la Buena Noticia de la Navidad no puede ignorar el dolor de los inocentes, de los pobres y excluidos. La Navidad nos reúne en torno al Niño de Belén para hacer un cántico a la vida y constatamos la vulnerabilidad de la vida que pide ser protegida. Sabemos que son miles de niños a los que se les niega el derecho a la vida, las cifras de los abortos provocados y promovidos como un derecho son de la locura de Herodes. Son miles de niños los que están atrapados en las redes de los mercaderes de la muerte y viven en dramáticas situaciones de miseria. “Una inocencia desgarrada bajo el peso del trabajo clandestino y esclavo, bajo el peso de la prostitución y la explotación. Inocencia destruida por las guerras y la emigración forzada», dice el Papa, con la pérdida de todo lo que esto conlleva.

Escuchemos el clamor de estos niños, escuchemos el dolor de las madres que lloran a sus hijos, escuchemos el grito desgarrador de los que piden justicia y claman por la protección de sus derechos. Escuchemos el clamor de los sin voz. Imitemos a San José, el custodio de la vida. Él como hombre obediente y fiel a la voluntad de Dios se levantó y protegió al Niño y a la Virgen Madre de la violencia de Herodes porque supo escuchar la voz de Dios y se dejó guiar por la Voluntad Divina, san José tomó en sus manos la responsabilidad y se puso en camino, no fue indiferente y protegió la vulnerabilidad de la vida.

Sigamos las huellas de María y José para cultivar la alegría que nos trae Jesús y sintámonos comprometidos con la defensa y cultivo de la vida; pidamos que nuestro corazón no se endurezca como el de Herodes, hombre ambicioso de poder y enceguecido por el odio y el egoísmo. Seamos capaces de escuchar el clamor y respetar el dolor de nuestros hermanos.

P. John Jaime Ramírez Feria

28 diciembre, 2018
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El semanario católico Alpha y Omega se ha hecho eco de la labor de nuestro grupo de jóvenes el ámbito de la Comunicación y de su trabajo ayudando a preparar la Jornada diocesana de Jóvenes-Vigilia de la Inmaculada celebrada este mes en la Iglesia nueva de Santa Cruz organizada por la Delegación de Pastoral de Infancia y juventud de nuestra diócesis.
Comunicar la luz de Dios

 

28 diciembre, 2018
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El día de Navidad el Niño-Dios ha venido cargado de regalos para la parroquia. Celebramos el nacimiento del Enmanuel -el “Dios con nosotros”- y todos esos regalos son para hacer presente, custodiar y exponer al Dios Eucaristía. Se trata de una custodia, un cáliz y un copón que gracias, a la generosidad de una familia, vienen a cubrir una carencia que teníamos en la parroquia:

La Custodia es una pieza de plata del siglo XX, mide casi 60 centímetros de altura y 30 centímetros de ancho y su base está exornada por elementos eucarísticos, mientras que el tronco se conforma de un ángel de cuya testa surgen ramas de trigo, donde nace el sol, en cuyo centro se encuentra el viril en el que se cobija el Santísimo Sacramento. Finalmente, la Cruz de Cristo, entre los rayos que surgen del viril, centra la parte superior de una pieza que viene a acabar con una carencia que tenía la parroquia hasta la fecha.

El segundo presente que hemos recibido es un Copón de plata, de del s. XVII de estilo barroco, con basamento elevado de perfil cónico, nudo arcaizante semiovoide con toro de coronamiento y rica ornamentación de cardina de factura muy plana y repujado de temas florales. Se trata de una pieza de gran envergadura y amplia copa

El tercer regalo es un Cáliz de plata, también del s. XVII, de unos 30 cms. y de estilo barroco. Con estructura de nudo periforme y amplia subcopa con pequeña crestería de coronamiento. Es una de bea muy labrada con motivos florales y los instrumentos de la Pasión ( columna de la flagelación, clavos, dados con los que se sorteó el manto del Señor, etc..).En la base tiene una inscripción repujada con las iniciales IHS y el remache en forma de rosa.

Agradecemos de corazón la generosidad y sensibilidad de la familia que nos lo ha donado pues han recuperado el uso de estos vasos sagrados hechos para el Señor y que vuelven para ser usados en el culto.

Como bien sabéis la parroquia tiene “falta” de muchas cosas y donaciones como la de ayer contribuyen a ir tachando de la “lista de carencias” algunas de ellas.

Muchísimas gracias y que Dios les premie su bondad.

27 diciembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Juan 20,2-8

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Sigue resonando en esta Octava de Navidad la alegría por la celebración del misterio del nacimiento del Señor, como nos lo dice el prólogo del Evangelio según san Juan: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros… Y hemos contemplado su gloria…” (Jn 1, 14). En este contexto de júbilo celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Juan, que nos invita a vivir la experiencia de la intimidad con el Señor, a ver su acción y creer con generosidad.
Juan, el hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, era pescador y en un día en el que remendaba las redes a la orilla del lago de Galilea, el Señor se acercó y lo llamó “ven conmigo y te haré pescador de almas”. Ante aquella mirada de amor, Juan no pudo resistirse a la Palabra y, dejándolo todo, lo siguió. Dentro del grupo de los doce, Juan tuvo un papel muy importante. Junto a Pedro y Santiago presenció los más grandes milagros de Jesús: la Transfiguración, la resurrección de la hija de Jairo; estuvo allí en la agonía de Cristo en el huerto de los Olivos, fue testigo de la pasión del Señor y estuvo al pie de la cruz en donde recibió a María como madre; “hijo he ahí a tu madre”. El Domingo de la resurrección, fue el primer en llegar al sepulcro vacio, vió y creyó. Nos enseña la tradición, que Juan se encargó de cuidar a María Santísima; se le representa con un águila al lado. San Epifanio, señaló que San Juan murió hacia el año 100 a los 94 años de edad.
Celebrar la fiesta del apóstol San Juan nos conduce a reconocer, en primer lugar, la necesidad de vivir nuestra fe desde la perspectiva y como discípulos amados que nos dejemos encontrar y apasionar por el Señor y su evangelio. Sin esta experiencia, la fe se convierte en algo circunstancial u opcional, una fe que se quebranta en la prueba incapaz de ver la acción de Dios. Ser discípulos amados es ponernos en camino tras el Señor, la Palabra hecha carne que nos concede la gracia de contemplar su gloria. Ser discípulos amados es escuchar con corazón abierto la Palabra que da vida y edificar nuestra existencia sobre la Roca que es Jesucristo. Ser discípulo amado es abrirnos a la novedad de la fe para recostar la cabeza en el pecho del Maestro, permanecer firmes en la Cruz, alegrarnos en la resurrección y acoger a María como madre en nuestra casa. Vivir la condición de discípulos amados nos abre a la contemplación del misterio de Dios y del hombre.
En el contexto de esta Navidad la fiesta del apóstol San Juan es un llamado a acoger a Jesús haciendo vida en nosotros su Palabra. Por ejemplo, en los escritos joánicos encontramos una insistencia a amarnos como hermanos, como el Señor nos ha amado; “amémonos unos a otros porque el amor viene de Dios; quien no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor”.
Que estos días de fiesta, podamos contemplar el misterio de nuestra salvación, desde el corazón de María que supo acoger en su vientre la Palabra eterna del Padre Dios.

P. John Jaime Ramírez Feria

27 diciembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Estamos en la Octava de Navidad proclamando el enorme gozo del nacimiento del “Dios con nosotros”, de la Palabra hecha carne que ha puesto su morada entre nosotros. Y lo primero que celebra la Iglesia al día siguiente del nacimiento de Jesús es la fiesta de Esteban, primer testigo martirizado de manera injusta y cruel. ¿Qué podemos encontrar en este contraste tan grande?

Ayer el canto de los ángeles y la visita de los pastores al recién nacido en Belén. Hoy la sangre derramada de Esteban, apedreado porque se la certeza de creer en las promesas del Señor y en la confesión de fe en Jesucristo como verdadero Dios y salvador. El dio testimonio de su amor radical hasta el último momento de su vida; al caerse muerto bajo las piedras imitó a Jesús, gritando: “¡Señor, no les tengas en cuenta este pecado!” (Hechos 7,60).

Cuando nos detenemos en el texto completo de los Hechos de los Apóstoles y nos encontramos con Esteban vemos un anuncio del cumplimiento de lo que San Lucas había señalado al comienzo de su evangelio: “este niño está colocado de modo que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida…” (Lc 2,34). Es la razón por la que la profundidad de estos días no se expresa solamente con las luces, los villancicos y regalos; la profundidad de esta Navidad se confirma en el don de Dios manifestado en Jesucristo, hecho hombre por nuestra salvación. El camino de la cuna de Belén a la Cruz en Jerusalén es único e inseparable. El encuentro con la ternura del Niño envuelto en pañales nos lanza a contemplarlo desnudo, como el hombre del dolor abandonado en el Calvario. Esteban creyó y se alimentó del gozo de “haber visto al Salvador” al punto de imitar el camino de su maestro hasta entregar su vida.

Con la fiesta del martirio de Esteban se hace una importante aclaración: “seguir a Jesús tiene exigencias” pero nos anima la certeza de su presencia que nos motiva a darnos totalmente; en el camino de la fe no vamos solos, no vamos a tientas, no salimos al encuentro del Desconocido; al contrario, tenemos la certeza de ser arrebatados por el autor de la vida, de ser levantados por el Dios omnipotente que se abaja y de ser guiados por la luz del Espíritu que nos indica la verdadera alegría de la Navidad que celebramos.

En el contexto del gozo de la Navidad el Papa Francisco nos invita en la fiesta de san Esteban a que “hoy rezamos de manera particular por los cristianos que sufren discriminación a causa del testimonio que dan de Cristo y del evangelio. Estamos cerca de estos hermanos y hermanas que como san Esteban, son acusados injustamente y objeto de violencias de varios tipos. Estoy seguro que, lamentablemente, son más numerosos hoy que en los primeros tiempos de la Iglesia y que son tantos. Esto sucede especialmente en los lugares en donde la libertad religiosa no está todavía garantizada o no está plenamente realizada. Sucede también en países y ambientes que en sus papeles tutelan la libertad y los derechos humanos, pero donde de hecho los creyentes, especialmente los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones. Que María Reina de los Mártires nos ayude a vivir este tiempo de Navidad con aquel ardor de fe y de amor que refulge en san Esteban y en todos los mártires de la Iglesia”.

Feliz Navidad.

P. John Jaime Ramírez Feria

26 diciembre, 2018
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El 30 de diciembre celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. El misterio de la Navidad nos sitúa ante el portal de Belén, contemplando a Dios hecho carne. Es un acontecimiento que nos invita a acoger a la Palabra que acampa entre nosotros, de abrir el corazón a Dios encarnado en la fragilidad y ternura de un niño. Es una invitación a la acogida llena de afecto y agradecimiento.

El pasado domingo en todas las misas hemos hecho entrega de un folleto para que en cada hogar, estos días de Navidad, las familias puedan orar juntas y contemplar la razón de a estas fiestas que no es otra que el nacimiento del Salvador. Invitamos a que en todos los hogares las familias dediquen algunos rato de oración contemplándonos los Belenes, cantar villancicos y enseñar a los pequeños de la casa la grandeza del Misterio.

En esa misma línea -vivir en familia estas fiestas- la misa del próximo domingo estará dedicada a las familias de la parroquia y en ella se impartirá una especial bendición para todas ellas.

La Iglesia, en su actuación pastoral, ha tenido siempre en gran aprecio la comunidad de vida y de amor conyugal, fundada por el Creador e instituida por Cristo, el Señor, como un sacramento del nuevo Testamento, así como un estado y orden de vida, a semejanza de su misteriosa y fecunda unión con la Iglesia. De esta comunidad procede la familia, en la cual los esposos tienen su propia gracia y vocación en el pueblo de Dios, a fin de que sean cooperadores de la gracia y testigos de la fe y del amor de Cristo para sí mismos, para sus hijos y para los demás familiares. Por esto la familia cristiana, como una Iglesia doméstica, cumpliendo la misión recibida de Dios y ejerciendo su apostolado, está obligada a proclamar muy alto ante los hombres las virtudes del reino de Dios en el mundo y la esperanza de una vida feliz.

Para que los esposos y demás miembros de la familia fueran cada vez más aptos para asumir y realizar más plenamente su propia misión, la Iglesia instituyó también la ayuda de algunos sacramentales con los que la vida familiar, en determinadas circunstancias, fuera enriquecida con la proclamación de la palabra de Dios y una peculiar bendición

Día: Domingo 30 de diciembre
Lugar. Iglesia nueva de Santa Cruz
Hora 11:30 hh.

26 diciembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

En esta fiesta de Navidad escuchamos el Prólogo del evangelio de Juan; en él, Juan describe el camino que hace la Palabra de Dios, Jesucristo. Estaba junto a Dios, desde antes de la creación y por medio de ella todo fue creado. Quiso llegar a nosotros y se hizo carne en el seno virginal de la Virgen Madre. Puso su morada entre nosotros y a quien le recibió le concedió la gracia de ser hijo de Dios.

El saludo que intercambiamos de Feliz Navidad evoca con alegría todo lo que el Señor ha hecho para salvarnos; nos creó por amor “y vio Dios que todo era bueno”, heridos por el pecado no nos abandonó en la desobediencia sino que desde el Génesis encontramos la promesa de salvación: “Ella te pisará la cabeza cuando tu busques herirla en su talón”. La descendencia de la nueva Eva vencería una vez para siempre el maligno. Por esto como dice el apóstol san Pablo: “llegada la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, a fin de rescatar a los sujetos a la ley” (Gálatas 4,4). La Palabra puso su morada entre nosotros con el Sí de María. Compartió nuestra naturaleza para darnos la dignidad de hijos de Dios. El vino en la pobreza para enriquecernos con su divinidad; él que es la Luz verdadero brilla en las tinieblas, y aunque intentan apagarla no lo pueden conseguir. No conseguimos vivir en las tinieblas, en ausencia de Dios.

Dios no quiere que vivamos lejos de Él, por esto «La Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros». Dejemos que resuene en nosotros este pregón de Navidad: “No teman, alégrense, les ha nado el Salvador, Cristo, el Señor”.

Nos dice el Papa emérito Benedicto XVI: “Cada hombre y cada mujer, necesita encontrar un sentido profundo para su propia existencia. Y para esto no bastan los libros, ni siquiera las Sagradas Escrituras. El Niño de Belén nos revela y nos comunica el verdadero «rostro» de Dios, bueno y fiel, que nos ama y no nos abandona ni siquiera en la muerte. «A Dios nadie lo ha visto jamás -concluye el Prólogo de san Juan-: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado».

Vivamos esta fiesta de Navidad con espíritu renovado, con la mente nueva y con el corazón que acepta el anuncio del amor siempre fiel de Dios. Demos el saludo de navidad haciéndonos anunciadores de la presencia del Señor que nos trae el gozo y la paz. ¡Feliz Navidad!

25 diciembre, 2018
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