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26 noviembre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,1-4

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos centavos, y dijo: «Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
El elogio de Jesús a la viuda pobre que echa dos reales en el arca de las ofrendas se hace una oportunidad para enseñar el verdadero valor del compartir desde lo que se tiene para vivir y no desde lo que sobra.

Al llamar la atención de los discípulos hacía el gesto de la viuda, Jesús nos enseña, en primer lugar, la confianza en la providencia de Dios que abre sus manos a favor de sus hijos. Tener confianza en la Divina Providencia es saber que todo está en las manos de Dios y, realmente, esto se convierte en fuente de sabiduría y libertad, de gozo y confianza. Jesucristo nos explicó el obrar de la Providencia: “No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimento? ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por eso, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso”(Mt. 6, 31-32).

La viuda se desprende de lo que tenía para vivir porque tiene como intuición el llamado que hace el libro del Deuteronomio: “abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de tu tierra”. (Dt 15,11). Así dar limosna era considerada una “obra buena” que manifestaba que todos los dones pertenecen a Dios y que estamos llamados a administrarlos. Para la comunidad cristiana la caridad es un imperativo: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Esa caridad se concreta en el compartir con los otros lo que hemos recibido de Dios. Lo expresa San Pablo: “Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia. Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría. Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena. Como está escrito: Repartió a manos llenas; dio a los pobres; su justicia permanece eternamente” (2Cor 9, 7-10).

Y así en pocos versículos viene presentada la invitación a ser libres del pensamiento consumista e individualista que centra la felicidad en poseer y acumular, en conseguir y consumir; la verdadera libertad consiste en estar dispuestos a dar de lo que tenemos para vivir, a darnos a nosotros mismos. El discípulo de Cristo recorre el mismo camino de su Maestro que “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a todos”, al Maestro que amándonos hasta el extremo, no dio algo por nosotros sino que se dio a sí mismo, todo él por nuestra salvación; él es la Ofrenda plena y definitiva que nos da la Redención. Es él quien nos enseña que así como nosotros hemos sido bendecidos con toda clase de bendiciones, debemos vivir la experiencia continua de la solidaridad fraterna contribuyendo a dignificar la vida de los hermanos. Nunca dar de lo que sobra para autopromocionarnos, presentándonos como buenos; mejor es estar dispuestos a dar de lo que tenemos para vivir.

P. John Jaime Ramírez Feria

26 noviembre, 2018
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