Inicio Archivos diarios
Archivos diarios

22 noviembre, 2018

La pasada semana daban comienzo las obras para dotar a la Iglesia nueva de Santa Cruz de iluminación exterior de la que tan necesitada estaba.

Esta actuación sobre el templo ha podido realizarse gracias a un acuerdo entre la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de Oleiros que han asumido el coste de las instalaciones y está previsto que finalicen la semana que viene.

El convenio para el desarrollo del proyecto fue firmado  a mediados de octubre con el Ayuntamiento de Oleiros y la Parroquia de Liáns que se encargará de su mantenimiento.

Se ha instalado un  moderno sistema de iluminación compuesto por 22 proyectores de tecnología de vanguardia -que han reducido la potencia necesaria a 2 kilovatios-, que iluminan todo el exterior de la iglesia.

Las lámparas utilizadas destacan por su elevada eficiencia, lo que no sólo supondrá un ahorro energético sino que ha garantizado una excelente reproducción cromática de las distintas obras de arte del templo. Esto permitirá poner en valor el esplendor artístico del conjunto – templo, cruz y muro- asi como el murete del atrio.

Confiemos que en breve podamos celebrar su inauguración y para goce y disfrute de todos los vecinos.

22 noviembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19,41-44

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Jesús al ver la ciudad de Jerusalén empieza a llorar y a pronunciar unas palabras que vislumbran un futuro muy sombrío para la ciudad. Llora porque ama a su pueblo, ama el templo y a la gente que no ha reconocido el camino que lo llevaba a la paz.

La sed de Jesús por las almas lo quebranta ante la dureza del corazón de los suyos que les impide percibir la verdad: “Ellos se rebelan a la verdad y obedecen a la injusticia” (Rom 2,8). No pueden acoger, ni siquiera percibir el paso de Dios que viene en persona a buscar a su pueblo: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!.

Jesús lo está dando todo hasta ponerse en camino con sus discípulos hacia la pascua de su muerte y resurrección; sin embargo, como dice el Papa Francisco “el pueblo elegido, aun habiendo recibido muchos beneficios, no le había escuchado. Dios ha dado todo, pero ha recibido de vuelta solamente cosas feas. La fidelidad ha desaparecido, no son un pueblo fiel”.

También hoy, en la historia de Dios con nosotros parece que el Señor vuelve a conmocionarse ante nuestra realidad; el llanto de Dios en el que se contrasta su fidelidad con la dureza del corazón del hombre. El señor nos ha amado hasta el extremo dándolo todo, su paciencia no tiene medida ni su continúa búsqueda porque “no quiere que nadie se pierda”, pero le resistimos, la ceguera crónica impide ver su presencia y entonces hacemos nuestra voluntad. Y un corazón endurecido, petrificado no permite que la Palabra de Vida penetre, transforme, vivifique y nos encerramos, nos alejamos.

El Señor no obliga a seguirlo, la fe no es un yugo que violente la libertad y la voluntad del hombre; la fe cura la ceguera porque permite descubrir la verdad de sí mismo, de Dios y de los otros. Es fuerte sentir cómo el Señor llora y describe el futuro que le va a tocar a Jerusalén: ser sitiado, invadido, destruido. De hecho, en el año 70, Jerusalén fue cercada e invadida por los ejércitos romanos. Todo fue destruido.

Qué desolación se da en la persona cuando resiste al amor de Dios que lo levanta, lo llena de vida y le conduce a la verdadera libertad; qué engañosa es la experiencia del hombre cuando pretende colmar su sed de eternidad y su hambre de absoluto con realidades que lo vacían; qué desgaste no encontrar el camino que nos conduce a la paz.

Por esto, encontremos en este pasaje bíblico un llamado claro del Señor a no resistirnos a su plan de salvación y a dejar que él cure nos cure las durezas del corazón que nos impiden ver su paso por nuestra vida.

P. John Jaime Ramirez Feria

22 noviembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

La exposición del Santísimo es la devoción que tiene por objeto la adoración de Cristo Eucarístico. Se fundamenta en la fe en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. La Eucaristía se expone en una custodia (ostensorio) para adoración. Nosotros lo hacemos cada jueves con una intención que destaca sobre las demás: pedir al
Señor por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Día: Jueves
Lugar:Iglesia nueva de Santa Cruz
Hora: 19:30 hh.

“Invertir” el tiempo adorando al Señor.

La Iglesia, por la fe y la certeza de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, nos invita a darle culto de adoración, llamado latría, al Santísimo Sacramento. Este culto de adoración lo realizamos tanto dentro de la Santa Misa (sobre todo en los momentos en que nos ponemos de rodillas) como fuera de ella (cf. Catecismo de la Iglesia 1378).

Por ello, la Iglesia non pide conservar la Santísima Eucaristía en el Sagrario principalmente para poder dar la Sagrada Comunión a los enfermos que no pueden participar en la Santa Misa, y para que los fieles puedan dar culto de adoración a Dios presente en la Santa Eucaristía.

Son varios los momentos en que nos reunimos como comunidad para dar culto de adoración al Santísimo Sacramento: durante la Exposición del Santísimo Sacramento, cada vez que recibimos la bendición con el Santísimo Sacramento, en las procesiones con el Santísimo Sacramento, especialmente en las solemnidades del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi) y el Jueves Santo (in Coena Domini).

Cada fiel, personalmente, está invitado a dar culto al Santísimo Sacramento. Esto se realiza cuando el fiel se acerca al Sagrario para visitar al Señor, para estar con Él. San Juan Pablo II decía: “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este Sacramento del Amor. No ahorremos nuestro tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y pronta a reparar las grandes culpas y delitos del mundo. No cese jamás nuestra adoración” (Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae 3).

La costumbre de conservar la Santísima Eucaristía en el Sagrario era vivida ya desde las primeras comunidades cristianas. Así, lo señala el Concilio de Trento: “la costumbre de guardar en el sagrario la santa eucaristía es tan antigua que era conocida ya en el siglo del Concilio de Nicea (año 325).

Con el fin de despertar en los fieles la adoración al Señor en la Eucaristía fuera de la Misa, la Iglesia nos indica que “el Sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el santísimo sacramento” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1379).

ADORO TE DEVOTE (Himno de Santo Tomás de Aquino).

Te adoro con devoción, Dios escondido,

oculto verdaderamente bajo estas apariencias.

A ti se somete mi corazón por completo,

y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto,

pero basta con el oído para creer con firmeza;

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios;

nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

En la cruz se escondía sólo la divinidad,

pero aquí también se esconde la humanidad;

creo y confieso ambas cosas,

y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás,

pero confieso que eres mi Dios;

haz que yo crea más y más en ti,

que en ti espere, que te ame.

¡Oh memorial de la muerte del Señor!

Pan vivo que da la vida al hombre;

concédele a mi alma que de ti viva,

y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, bondadoso pelícano

límpiame, a mí, inmundo, con tu sangre,

de la que una sola gota puede liberar

de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo escondido,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro ya no oculto,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

22 noviembre, 2018
0 Facebook Twitter Google + Pinterest