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1 noviembre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: –«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Celebramos hoy la Solemnidad de todos los Santos recordando que, como nos dice San Pablo, el Señor nos ha elegido para que “fuésemos santos e irreprochables ante por el amor (Efesios, 1, 4). Esta solemnidad nos recuerda que los santos nos protegen, sostienen, conducen, alientan y acompañan.

El Papa Francisco nos recuerda que “la santidad es el rostro mas bello de la Iglesia” y que tenemos una invitación personal: “el Señor te llama a ti. Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo… esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos”.

Qué grande comprender que la santidad no es un llamado exclusivo para unos pocos, como si perteneciera a una casta; la santidad es un llamado para todos “haciendo que cada instante sea una expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. No te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti. No tengas miedo de apuntar más alto”.

El camino de las Bienaventuranzas que meditamos en el texto bíblico de hoy nos desafía. En la exhortación sobre el llamado a la Santidad en el mundo actual, no enseña el Papa Francisco que “Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas”.

En la Exhortación el Papa Francisco termina diciendo: “quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…» (Gaudete ed exsultate 176).

1 noviembre, 2018
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Como cada jueves a las 19:30 nos reuniremos para celebrar una exposición del Santísimo en la que pedimos de modo especial por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

La Eucaristía camino de santidad.

¿Podemos todos ser santos?

Sí. “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). El sentido de nuestra vida es UNIRNOS A DIOS en el amor, corresponder totalmente a los deseos de Dios. Debemos permitir a Dios “QUE VIVA SU VIDA EN NOSOTROS” (santa Teresa de Calcuta). Esto significa ser santo. (Cf Catecismo de la Iglesia 2032-2040, 2049-2051).

¿Pero cómo puedo unirme a Dios? ¿Qué hacer para que Dios viva en Mí? Responder a estas interrogantes no resulta difícil, pues bien sabemos que, para encontrarnos con Dios, Él mismo nos ha dejado varios medios para alcanzarlo: obras de misericordia, oración, su Palabra, los sacramentos, etc. – puesto que el tema que estamos desarrollando busca recordarnos que la santa Eucaristía es un camino de santidad, nos enfocaremos exclusivamente en este medio de santificación -.

El Papa Francisco nos recuerda que “la Eucaristía nos hace MÁS HERMANOS y nos va convirtiendo en COMUNIDAD SANTA y misionera” (Gaudete et exsultate 142). En la celebración eucarística alabamos a Dios porque es fuente de santidad “Santo eres en verdad Señor, fuente de toda santidad” (Plegaria eucarística II). Esta acción de santificadora de la Eucaristía se realiza a través de dos medios o vías:

La primera es la vía de la oración y adoración Eucarística. Puesto que Cristo mismo se encuentra presente en la Eucaristía y puesto que Dios mismo es la fuente de la santidad, cuando pasamos un momento en oración ante Jesús eucaristía, Dios mismo nos hace partícipe de su santidad. Vivir conscientemente los momentos de oración ante el Santísimo Sacramento, es sumergirse en la santidad de Dios, es “empaparse” de la santidad de Dios. Él mismo nos hace partícipes de su santidad.

La segunda vía es el alimentarno de la misma Eucaristía. El mismo Señor nos recuerda esta realidad cuando dice: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día” (Jn 6,53-54). Si la oración consciente ante Jesús eucaristía produce santidad, del mismo modo y con mayor razón, producirá santidad en aquellos que se alimentan de este Santo Sacramento.

Los santos han vivido esta experiencia de la Eucaristía hasta el punto de no tener deseos del alimento cotidiano: “Es tal la saciedad que me viene del Señor al recibir su venerabilísimo Sacramento, que no puedo de ninguna manera sentir deseo por comida alguna” (Legenda Maior: Santa Catalina de Siena II, nn. 170-171).

Por tanto, puesto que todos estamos llamados ha ser santos, todos estamos invitados a buscar la santa Eucaristía, tanto para hacer oración como para alimentarnos de Él. Entonces alcanzaremos aquello que los santos han alcanzado: la unión intima con Dios en el Cielo, que lo comenzaron a vivir ya aquí en la tierra mediante el sacramento de la Eucaristía.

Un día una persona dijo a Santa Teresa de Ávila: “Si tan solo hubiese vivido en el tiempo de Jesús. Si tan solo le hubiese visto y le hubiese hablado. Santa Teresa le respondió: ¿Pero acaso no tenemos ante nosotros a Jesús vivo, verdadero y realmente presente en la Eucaristía?

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves
Hora: 19:30

1 noviembre, 2018
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