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23 octubre, 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor. Gloria a TI, Señor Jesús

Meditación
Jesús nos exhorta a la vigilancia: “tened ceñida la cintura y encendidas la lámparas”. Pero ¿qué significa vigilar? ¿qué relación hay entre vigilar, servir y ser dichoso? Las palabras de Jesús en su subida a Jerusalén nos ayudan a comprender estos interrogantes.

Para no dificultar los movimientos del cuerpo, era necesario ceñirse la cintura, es decir, amarrar una tela alrededor del traje. Así con esta imagen, el Señor exhorta a estar siempre preparados para la acción, vigilando que no hayan impedimentos que obstaculicen una fe viva que se traduce en servicio y caridad. Tener ceñida la cintura para movernos al encuentro del otro, en quien encontramos al Señor; esto indica la necesidad de cultivar una actitud fundamental: la vigilancia para conquistar la libertad interior.

Cabe preguntarnos: ¿qué impide, interna y externamente, nuestra tarea de movernos en libertad hacia Dios y a los hermanos? Vigilar significa vivir responsablemente la vida, el tiempo, los talentos; la vigilancia no es vivir en el miedo o en la angustia; al contrario, se alimenta de la esperanza y la confianza en la fuerza de Dios que capacita para que podamos obrar el bien. Vigilamos porque conocemos que hay peligros que amenazan y, que como somos frágiles, podemos poner en riesgo los valores más preciosos que se nos han confiado. La vigilancia nos pide la prudencia, la responsabilidad, la lealtad a Dios que nos ha confiado tanto y el cuidado hacia lo confiado.

Vigilar para servir manteniendo las lámparas encendidas; no nos podemos descuidar ni relajar en el camino emprendido. Tener las lámparas encendidas y en lo alto, se hace el llamado del Señor a vivir con generosidad el compromiso de caminar junto a otros, en la familia, en el trabajo, en la comunidad, etc., siendo luz con nuestras palabras, actitudes y propósitos, movidos por la fe que alimenta nuestra esperanza: “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos”.

Con esto confirmamos que estamos llamados a “buscar y aspirar a los bienes de allá arriba”; y esto para nada es algo pasivo, quieto, estéril; al contrario, exige una actitud dinámica, comprometida y prudente.

23 octubre, 2018
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