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septiembre 2018

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
¿Cómo podemos entender las tres frases de Jesús que nos presenta el evangelista san Lucas?

Con la primera imagen de la lámpara que ilumina el cristiano, él se siente invitado a irradiar para los demás lo que ha conocido y está viviendo; la experiencia de la fe no es algo que se reduzca a una realidad individual o que se deba encerrar sin que alumbre a los demás; no podemos tener miedo de dar testimonio de la Buena Noticia que hemos abrazado, que va transformando la vida y es el mayor bien que podemos compartir con los demás. Jesús nos ha dicho: “yo soy la luz del mundo quien me sigue no andará en tinieblas”. Hemos experimentado la luz del Señor que disipa las tinieblas más densas; hemos conocido su misericordia, hemos creído en su Palabra viva y eficaz. Entonces no podemos avergonzarnos ni negar lo que estamos viviendo. No se trata de proselitismo o de tácticas para violentar a los otros para que crean; se trata de dejar que en nuestra vida se transparente la luz de Dios; que el testimonio coherente de fe sea una luz que abra a la esperanza, a la fe y al amor a la personas con las que compartimos la existencia. No es la multiplicación de palabras, es la conciencia del valor que tiene el testimonio.

Con la segunda frase “Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto”, el Señor mueve a sus discípulos a vivir la libertad interior que brota de la coherencia de la vida; es decir, que no haya contradicción entre lo que pensamos, decimos y vivimos. El discípulo se ha dejado alcanzar por la misericordia de Dios que lo lanza a tener una vida nueva, ha experimentado que la presencia del Señor le da una armonía que trae consecuencias no solo en su vida interior sino también en las relaciones que se originan en su entorno.

Y con la tercera afirmación “A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener», el Señor nos conduce a no tener falsas seguridades; para esto es necesario escucharlo bien liberándonos de preconceptos que hacen creer que estamos en la ruta de la voluntad de Dios cuando en verdad estamos haciendo nuestro parecer. Nuestra seguridad está en el Señor que nos capacita dándonos las gracias que necesitamos para corresponder a los que nos confía.

De estas tres frases podemos sacar nuestro compromiso con la Palabra: no avergonzarnos de dar testimonio del Señor, conquistar nuestra libertad interior con una vida coherente y encontrar nuestra seguridad en el Señor que nos capacita para corresponder a su gracia.

24 septiembre, 2018
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Ya está abierto el plazo de inscripción a la catequesis de Primera Comunión del curso 2018/19.

La catequesis de preparación para el sacramento de la Comunión tiene una duración de tres años, empezando en 2º de Primaria. La catequesis se imparte todos los domingos con dos dimensiones:

⁃ Catequesis: antes de la misa, a las 19:30 de la Misa en pequeños grupos de niños.
⁃ Celebrativa: participando en la Misa de las familias a las 20:30 hh.

Es muy importante que no entendamos la catequesis como una actividad extraescolar más. Por eso es imprescindible que la acompañemos con la asistencia a la Misa dominical ( en nuestro caso, vespertina).
La catequesis “no la damos” sólo en la parroquia. Es un compromiso también de los padres, que son los primeros responsables de la educación en la fe de sus hijos.
Si quieres inscribir a tu hijo/a a la catequesis del próximo año sólo tienes que presentarte el primer sábado de octubre en la Parroquia de San Martin de incorporarte a la celebración

Para cualquier caso particular puedes visitarnos al despacho parroquial o utilizando el correo electrónico.

¡Os esperamos!

23 septiembre, 2018
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La semana pasada terminaron los trabajos de recuperación de los paramentos exteriores del templo que, tras haber sido pintados este verano, sufrían algunos daños.

Agradecemos a los vecinos que tan pronto y eficazmente se han puesto manos a la obra para su recuperación al tiempo que les felicitamos por el esmerado cuidado que permanentemente hacen del mismo.

22 septiembre, 2018
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En la tarde de ayer el grupo de catequistas con su directora al frente celebraron su primera reunión para planificar el comienzo del nuevo curso.

El objetivo de la actividad era que los catequistas renovasen su ser de profetas, a fin de profundizar en el proceso para convertirlo en ministerio mediante la reflexión de aptitudes, valores y proyección comunitaria.

La formación es una realidad permanente de los catequistas para dar un mejor servicio a la Iglesia.«Ser» catequistas. No trabajar como catequistas: eso no vale. Uno trabaja como catequista porque le gusta la enseñanza… Pero si los encargados de esta tarea no son catequista, ¡no vale! No serán fecundos, no serás fecunda. Catequista es una vocación: “ser catequista”, ésta es la vocación, no trabajar como catequista. ¡Cuidado!, no he dicho «hacer» de catequista, sino «serlo», porque incluye la vida.

Se guía al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. Recuerden lo que nos dijo Benedicto XVI: “La Iglesia no crece por proselitismo. Crece por atracción”. Y lo que atrae es el testimonio. Ser catequista significa dar testimonio de la fe; ser coherente en la propia vida. Y esto no es fácil.

El primer domingo de octubre daremos el pistoletazo de salida del Catecismo con la celebración de la Eucaristía a las 11:30 hh. A continuación los niños, acompañados de sus catequistas, se trasladarán a los los locales parroquiales para formar los distintos grupos.

Invitamos a todos los niños – también a los que ya hayan recibido la Primera Comunión – y a sus familias a incorporarse con ilusión para unirnos cada día más a Jesús y a su Iglesia

22 septiembre, 2018
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»
Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

“¡Quién tiene oído para oír, que oiga!”. Con esta expresión del Evangelio, Jesús lleva a sus oyentes a pensar en la experiencia directa que establecen con su Palabra que es la Semilla capaz de hacer producir fruto abundante; la parábola debe despertar en el creyente una respuesta creativa y generosa con la que participe de la iniciativa de Dios que se da a conocer.

Con esta parábola se nos propone una relación vital que debemos entablar con Jesús y su Palabra. Es lo que reza el salmo 1: «¡Dichoso el hombre que se complace en la ley del Señor y la susurra día y noche! Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien”. La Palabra de Cristo es Palabra que salva cuando dejamos que penetre en nuestros corazones; es la perla preciosa que abre a la alegría de la adhesión a Jesucristo que cambia la vida; La Palabra es lámpara que va indicando el camino y que da firmeza en la prueba. La Palabra da discernimiento para elegir en libertad aquello que nos conduce a la verdadera dicha. Pero se hace necesario acogerla, comprenderla y hacerla vida. Cuando viene acogida la novedad de la Palabra, el creyente afina su corazón y da fruto abundante; ya el Señor lo dijo: “Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y les será hecho” (Jn 15, 7-8).

Recordemos lo que nos dice San Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.» (II Timoteo, 3 , 16-17). Tengamos en alta estima la Sagrada Escritura; leámosla, participemos en los grupos de estudio bíblico, meditémosla preguntándonos ¿qué nos quiere decir el Señor en su Palabra? Y dejemos que esta Palabra viva y eficaz ilumine nuestros pasos.

Que sea nuestro propósito ser tierra buena, dispuesta, abonada, capaz de dejar que el Espíritu nos haga producir fruto abundante, rebosante y de calidad. Hagamos de la Palabra de Dios leída, meditada y aplicada la brújula que nos indique el norte para no perdernos la salvación y permitir que se cumpla lo que Isabel le dijo a María: “Dichosa tú porque has creído que se cumplirían las promesas del Señor”.

22 septiembre, 2018
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Lucas 7,36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con Él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»

Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
El encuentro de Jesús con Simón, el fariseo y la mujer del perfume se hace ocasión para ver la actitud de acogida que el Señor realiza con aquellos que eran excluidos proclamando la misericordia de Dios que conduce a la persona a una nueva humanidad.

Aquella mujer, no está invitada por Simón, el fariseo; sin embargo, entra, se coloca a los pies de Jesús, los pies con las lágrimas, los seca con sus cabellos y los unge con perfume. Jesús no aleja a la mujer en su gesto de cercanía, e independencia; Él no se retrae, ni aleja a la mujer, acoge aquel gesto que rompía todas las costumbres de la época. Si viene señalada por Simón como pecadora, es acogida por Jesús en un verdadero derroche de amor que perdona, libera y se hace manifestación de la dignidad de la mujer.

La Parábola propuesta por Jesús muestra que, tanto el fariseo como la mujer han recibido algo y manifiestan su gratitud por diversas vías: el primero invitándolo a comer, la segunda
con sus lágrimas, besos y el perfume. Así, Jesús al aplicar la parábola enseña que «¡a quien poco se le perdona, poco amor muestra!»; el fariseo se consideraba muy bueno porque observaba la ley de Dios, la seguridad en sí mismo le impide abrirse a la experiencia de la gratuidad del amor de Dios. Es como si el Señor le dijera a Simón: “aunque te moviste para ofrecerme esta cena, ¡tú tienes poco amor!».

Y aparecen aquellas palabras liberadoras para la mujer: “tus muchos pecados están perdonados, porque tienes mucho amor; tu fe te ha salvado, vete en paz.”. Aquí está la novedad siempre actual de la actitud de compasión de Jesús; Él no condena, no excluye, no rechaza al pecador; porque ama mucho y perdona, ya lo decía San Agustín: “la medida del amor es amar sin medida”. Es la experiencia de la Confesión cuando venimos al Señor con el corazón lastimado por el pecado y necesitados de liberación; es la experiencia del reconocimiento de la necesidad del amor que salva, que levanta y devuelve la paz. La fe de la mujer, la llevó a los pies de Jesús y la hizo encontrarse con Dios y consigo misma. Algo nuevo la hizo levantarse y caminar de una manera nueva.

Entonces, podemos colocarnos en esta escena del evangelio para no estar seguros de nosotros mismos como Simón; es necesario no perdernos la fiesta del perdón y del amor del Señor. Que también nosotros podamos escuchar “tus muchos pecados están perdonados, porque tienes mucho amor; tu fe te ha salvado, vete en paz”.

20 septiembre, 2018
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Como cada jueves nos reunimos ante el Señor, presente en la Custodia, para pedir especialmente pornlas vocaciones sacerdotales y religiosas.

¿Por qué se llama a la Eucaristía sacrificio de la misa o santo sacrificio?

Porque en la Eucaristía se actualiza el único sacrificio de Cristo, que completa y supera todos los sacrificios. En la cruz Jesucristo fue sacrificado cruentamente (con derramamiento de sangre), en cada Eucaristía Jesucristo es sacrificado incruentamente (sin derramamiemto de sangre). Su sacrificio en la cruz fue el precio de nuestra redención, en cada Eucaristía Jesucristo contunua redimiendonos, contunua salvandonos, continua dando su vida por nosotros.

Cada cristiano está llamado a unirse en cada Eucaristía al sacrificio de Cristo ofreciendo sus padecimientos de cada día, su trabajo, sus las alegrías y tristezas, en una palabra, ofreciéndose así mismo cada día.  Con razón el catecismo dice: La Iglesia y los creyentes se incluyen a sí mismos, con su entrega, en el sacrificio de Cristo (cf. CEC 1348-1355).

Llenos de agradecimiento por la entrega de Nuestro Señor en cada Eucaristía, nos dirigimos a Él para pedirle perdon por todas las veces que no hemos sabido ofrecer nuestro sufrimientos, nuestras alegrías y tristezas, nuestros triunfos y fracasos, pedimos perdón por las veces que no hemos sabido ofrecernos a nosotros mismos en la Eucaristía. Le pedimos al Señor que nos ayude a unirnos a su sacrificio en la Eucaristía presentando nuestras vidas, dispuestos a cumplir siempre su santa voluntad.

!Gracias Señor por tu sacrificio en la cruz! ¡Gracias Señor por tu sacrificio en la Eucaristía!

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves 20
Hora: 18:30 hh.

20 septiembre, 2018
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Este fin de semana la Parroquia ha acogido a 14 parejas que se han decidido a dar “el sí quiero” en los próximos meses.

El sábado por la mañana eran recibidos por Ana Amado, responsable de la pastoral familiar de la parroquia el párroco que les explicó la dinámica del encuentro.

D. Ronald , agradeció a las parejas que hubiesen elegido nuestra Parroquia para recibir las catequesis prematrimoniales e impartió las primeras sesiones que versaron sobre el sacramento del
matrimonio y la liturgia del mismo. A él le siguieron varios matrimonios que, durante todo el fin de semana fueron desarrollando el programa que la Delegación de Pastoral Familiar de nuestra diócesis ha preparado para la preparación de los novios.

Han sido dos jornadas en las quebel equipo que desde hace años se encarga de preparar a las parejas que optan por el
matrimonio cristiano fueron desgranando las distintas catequesis lo que en definitiva, no es otra cosa que dar testimonio de sus propias experiencias.

Las parejas han participado de varias dinámicas e intercambiado experiencias. Han recordado cómo se conocieron y sobre todo han dialogado mucho acerca de cómo quieren que sean sus vidas en esa nueva familia que van a formar.

Además de los catequistas que han intentado dar testimonio de su propia vida en común, también han colaborado miembros de la Parroquia impartiendo alguna charla más específica y preparando el tentempié que en el
descanso compartieron.

 

18 septiembre, 2018
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Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

Con el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naím, el evangelista San Lucas muestra cómo la novedad del anuncio de la Buena Noticia se va abriendo camino; hay una nueva manera de presentar la acción de Dios y esto sorprende a todos hasta decir: «Dios ha visitado a su pueblo». ¿Qué encontramos en el evangelio de hoy que interpele nuestro caminar de creyentes?

Imaginémonos el escenario pintado por el evangelista: dos procesiones se encuentran en el camino; la primera es aquella de la Viuda de Naín que lleva a su único hijo hacía el cementerio. Es la procesión de la muerte, de la desolación y la soledad; es la procesión de la pérdida total de aquella mujer que, según la cultura judía, perdía su identidad y su posición social. En una palabra podríamos llamar ese camino la procesión del dolor y la desesperanza. La segunda procesión está marcada por la vida que trae la presencia de Jesús y sus discípulos que van tras el maestro; es la procesión de la alegría y la apertura para descubrir lo que el Maestro enseña y hace con su Palabra de autoridad.

El encuentro entre las dos procesiones hace brotar la compasión de Jesús. Él puede ver el dolor de aquella mujer, que se enterraba con su única riqueza y seguridad; iba cabizbaja y con su mirada perdida en el horizonte que se desvanecía ante ella; y Jesús no podía seguir su camino; algo pasa en su interior, su corazón se convulsiona, como lo profetizaba Isaías: “me convulsiono de amor por ti”. Es capaz de padecer con la mujer, su dolor se hace el suyo, su realidad lo toca; detiene su camino para encontrarse con respeto con la verdad de la Viuda de Naím y actúa: “Al verla el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: ¡No llores! Y la compasión hace que el poder de la vida venza la muerte, que dos caminos marcados por realidades diferentes se fusionen en el poder liberador del Señor.

Jesús devuelve la vida a la Viuda, la consuela, la saca de la desolación interior, la libera de la compañía de lástima. ¡No llores! Sí, la resucita con su amor comprometido. Y luego, pronuncia aquella Palabra de vida: «¡Joven, a ti te digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre”.

Entonces, un doble movimiento surge al acoger esta palabra. En primer lugar, confesar que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” y que también hoy se acerca a nosotros en todos los momentos donde nuestra procesión interior va marcada por el sufrimiento, el dolor y la desesperanza. El evangelio nos invita a abrirnos a la experiencia de la presencia viva del Señor que nos dice: “no llores”, “yo estoy contigo todos los días de tu vida hasta el fin del mundo”. Esta experiencia hace resonar también el “yo te ordeno: levántate”. Todos en el camino de la existencia vivimos las procesiones de la vida y la alegría, del sufrimiento y el dolor; en ellas el Señor continúa dándonos su presencia compasiva y liberadora.

El segundo movimiento del Evangelio, nos conduce a ser capaces de experimentar los sentimientos de Jesús. Lejos de nosotros tener una mirada de indiferencia o de lástima ante el dolor de los hermanos. Lejos de nosotros cerrar el corazón ante el sufrimiento de quien nos encontramos en el camino y necesita verdaderos sentimientos de compasión: orar, acercarte y actúar

Dejémonos alcanzar por esta Palabra de Jesús y digamos como la multitud: “Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. Entonces, “sé en quien he puesto mi confianza y sé que no me veré defraudado”.

18 septiembre, 2018
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