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28 agosto, 2018

Mateo 23,23-26

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús
Meditación
La falta de coherencia entre la palabra y la actitud viene denunciada con los dos “ay de vosotros” que el Señor pronuncia contra los líderes religiosos de su época; como ayer, este pasaje adquiere actualidad y nos podemos ver como en un espejo buscando liberarnos de toda hipocresía que corrompe la relación con Dios, con el prójimo y con la verdad de nosotros mismos.
El quinto «¡ay!” que leemos hoy advierte sobre el peligro de considerar que el principio de la religión es el cumplimiento de normas, reduciendo el seguimiento del Señor a prácticas externas y descuidando la justicia, la misericordia y la fe. Jesús confirma que en una auténtica experiencia de fe se forma la auténtica libertad, que implica descubrir en el amor de Dios el sentido de la vida. Dice el Papa Francisco “«Aquellos fariseos eran muy religiosos en la forma, pero no estaban dispuestos a compartir la mesa con los publicanos y los pecadores; no reconocían la posibilidad de un arrepentimiento y, por eso, de una curación; no colocan en primer lugar la misericordia: aun siendo fieles custodios de la Ley, ¡demostraban no conocer el corazón de Dios! Es como si a ti te regalaran un paquete, donde dentro hay un regalo y tú, en lugar de ir a buscar el regalo, miras sólo el papel que lo envuelve: sólo las apariencias, la forma, y no el núcleo de la gracia, ¡del regalo que es dado!»
La vida cristiana no es un empeño por encontrar la justificación por las propias fuerzas que como señala el Papa Francisco “se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. En esto algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio…” (Gaudete et exsultate 57). Confirmemos que sin la experiencia del amor de Dios y la respuesta libre a la gracia, las observancias de la leyes y normas se convierten en idolatrías; nos lo enseña San Pablo cuando nos dice que la plenitud de la ley se realiza en la práctica del amor.
Santo del día: San Agustín de Hipona
San Agustín nació el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, al norte de Africa. Su padre pagano, Patricio, y su madre cristiana, Mónica. Se educó en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. En su juventud se dejó arrastrar por los malos ejemplos y, hasta los 32 años, llevó una vida licenciosa, aferrado a la herejía maniquea. De ello habla en sus «Confesiones», que comprenden la descripción de su conversión y la muerte de Mónica, su madre. La Iglesia lo acogió mediante el bautismo en el año 387. Fue ordenado presbítero de Hipona en 391 y obispo de la ciudad en 395. Murió el 28 de agosto de 430, a los 72 años de edad, de los cuales había pasado casi 40 consagrado al servicio de Dios.

28 agosto, 2018
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