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27 agosto, 2018

Como es tradicional, el oferente de la misa del santísimo entrega el “testigo” a los que cargarán de la fiesta el próximo año.

En esta ocasión, la agrupación Santaia no sólo ha sido la encargada este año del Ramo que se ofrece al Santísimo, si no que, como viene siendo habitual, acompañaron la procesión de la ofrenda por todo el pueblo hasta la iglesia y tras la Misa, acompañaron al Señor en la Custodia juntos a un grupo de gaitas.

Al término de la celebración hicieron entrega del Ramo a la Comisión de Fiestas, a la que debemos agraceder sus esfuerzos por engrandecerlas cada año y felicitar por el resultado de las mismas.

Gracias a la Agrupación Santaia, a la Comisión de Fiestas, a todos los que han trabajado en la parroquia para que todo resultase tan bien y a los que han participado en las celebraciones de la Virgen del Carmen y el Santísimo, así como en la multitud de actividades organizadas. Que Dios se lo premie a todos

27 agosto, 2018
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Mateo 23,13-22

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»
¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga.» ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

Encontramos en el Evangelio de hoy cuatro veces la frase “ay de vosotros” contra los líderes religiosos de la época; palabras duras que al meditarlas las vemos como en un espejo para encontrar lo errado que puede haber en nosotros mismos, en nuestra familia, en nuestra Iglesia y sociedad.

Cerrar la puerta del Reino presentando la imagen de Dios como un juez severo, de leyes y normas dejando poco espacio para la misericordia y la compasión es hipocresía; usar la religión como medio para enriquecerse explotando al pobre y transformando la fe en un mercado es hipocresía, creer que la fuerza del Evangelio se impone con el proselitismo y no por el compartir alegre de la Buena Nueva del amor de Dios que da vida en abundancia es hipocresía; y vivir haciendo juramentos para confirmar la verdad o para despertar credibilidad sabiendo que el lenguaje debe ser: “’Sí, sí’ ‘no, no’: y lo que lo que pasa de aquí viene del Maligno”.

La mirada del evangelio de hoy no se queda en el recuerdo de aquellas palabras duras de Jesús; esta Palabra es también para nosotros una experiencia de corrección, un llamado a la conversión auténtica que haga brotar una nueva manera de relacionarse con Dios, con la religión y con los otros. Jesús nos corrige porque se interesa por nosotros, no le es indiferente que nos extraviemos o corrompamos el corazón.

Él quiere que nuestra imagen y experiencia de Dios no sea errada; Él no es un Dios severo y distante, Él es el Padre que ama y no quiere que ninguno se pierda. Él nos conduce a una verdadera práctica de la vida espiritual, personal y comunitaria que además nos alarma porque “el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores” (1 Timoteo 6,10).

Entonces, acojamos estas palabras con humildad, aceptemos la corrección del Señor y que no existe incoherencia entre lo que profesamos, somos y hacemos.

Santo del día: Santa Mónica, Madre de San Agustín (Tagaste, 331 – Ostia Tiberina, 387)

Santa Mónica Nació en Tagaste (África) el año 331, de familia cristiana. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio. Tuvo varios hijos, entre ellos San Agustín. Su determinación, su inteligencia, su amor materno y su fidelidad a la Iglesia resultaron decisivos en la conversión religiosa de su hijo. Al presentir la cercanía de su muerte le dijo a Agustín: «hijo mío, nada me deleita ya en esta vida […]. Una cosa deseaba y era el verte cristiano católico antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, puesto que, despreciada la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago ya aquí» (Confesiones: 9.10,26).

P. John Jaime Ramírez Feria

 

27 agosto, 2018
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