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30 octubre, 2017

Con frecuencia tengo la sensación de que estamos perdiendo en nuestra sociedad la esencia de ser cristianos. Sin ir mas lejos, preguntaba a mis alumnos adolescentes, no sin cierta malicia, si sabían el motivo del festivo de estas semana. Y digo con malicia por que intuía su repuesta. Unánimemente me respondieron: es Halloween.

Halloween deriva de All hallow’s eve, expresión del inglés antiguo que significa ‘víspera de todos los santos’, ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche de disfraces, sustos y bromas.

Esas tradiciones que emigraron con los irlandeses a Estados Unidos nos han venido de vuelta, vaciada de todo contenido supersticioso, a través de la colonización de valores morales (o inmorales ) a la que estamos sometidos por la televisón y el cine. que Lo que realmente celebramos es la Solemnidad de todos los Santos – el día primero de noviembre – y la Conmemoración de todos los fieles difuntos el día siguiente.

Una festividad, la de Todos los Santos, para recordar a todos aquellos que nos han precedido en la fe y han sido glorificados y reconocidos por la Iglesia como beatos o santos. Celebramos que estos hermanos nuestros en la fe ha alcanzado la vida eterna y nos encomendamos a ellos para que intercedan por nosotros, peregrinos todavía en este mundo para, siguiendo su ejemplo, poder llegar un día a gozar de esa vida eterna prometida por Jesús a todos aquellos que sigan su camino.

Los santos nos enseñan que en las condiciones más diversas es posible con la ayuda de la gracia de Dios practicar el amor a Dios y al prójimo, y nos motivan a ello. Los santos son el Evangelio vivido. En palabras de Benedicto XVI: » La fe nos dice que la verdadera inmortalidad a la que aspiramos no es una idea, un concepto, sino una relación de comunión plena con el Dios vivo: es estar en sus manos, en su amor, y transformarnos en Él en una sola cosa con todos los hermanos y hermanas que Él ha creado y redimido, con toda la creación.»

Nos motivan, en consecuencia, para asumir también nosotros el anhelo de santidad, de modo que participemos un día en esta gloria de Dios, que ha de ser la meta máxima de nuestra vida

Una conmemoración, la de los fieles difuntos, para tener presentes a todos nuestros familiares, amigos y conocidos que han fallecido, que han pasado por la muerte, igual que Cristo, para llegar a la Resurrección.
Nuestro recuerdo no es un lamento por su ausencia, sino manifestar y renovar nuestra confianza en Cristo Resucitado que dijo: “allí donde estoy yo, quiero que estéis también vosotros.

No se trata solo de una celebración para recordar a los muertos, sino que esta conmemoración nos invita a ser conscientes de nuestra fragilidad y vivir nuestra vida con un fuerte sentido de humildad ante Dios, que es Señor de la vida y nos recuerda nuestro carácter de peregrinos hacia la Vida.

Que María, con su mirada atenta, vele por ellos, que duermen ahora el sueño de la paz en espera de la feliz resurrección. Y nosotros elevamos a Dios nuestra oración por ellos, sostenidos por la esperanza de volver a encontrarnos todos un día unidos para siempre en el Paraíso

30 octubre, 2017
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