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19 julio, 2019

Lectura del santo evangelio según san Mateo 12,1-8

Un sábado de aquéllos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.»

Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?

Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

Encontramos en el evangelio de hoy una manifestación del conflicto entre Jesús y las autoridades religiosas de su época entorno a prácticas religiosas como el ayuno, la pureza, la observancia del sábado, entre otras.

También hoy somos testigos de conflictos que surgen en diversas circunstancias y escenarios. Conflictos en la vida personal, en la casa, en el colegio, en el trabajo, en la comunidad, en la Iglesia, en las redes sociales, que además despiertan hipersensibilidades, etc. Los conflictos son una nota dentro de la escritura de la historia, se presentan en el camino y en el proceso de seguimiento cristiano.

Entonces, ¿Qué hacer? lo que llama la atención en Jesús, es que Él enfrenta a los conflictos. No usa violencia de ningún tipo; no ataca la persona ni piensa que en las diferencias; gana quien más poder o dominio muestra, Él hace prevalecer la misericordia sobre la observancia ciega de las normas y por esto proclama que hay que poner como eje central la dignidad de la persona. Ante el conflicto, Jesús es claro y aunque viene injustamente atacado y perseguido no entra en el juego de la venganza y el “desquite”. Jesús no deja turbar su corazón y sin embargo presenta la verdad de las cosas; no se esconde y sus palabras no son de ataque sino que habla con claridad haciendo ver la realidad de las cosas. Su actitud es liberadora y pacificadora.

Frente al conflicto, Jesús propicia el diálogo, ilumina con el ejemplo, deja hablar escuchando con respeto. No evita al otro ni lo hace anónimo. Preguntémonos: ¿Qué tipos de conflictos vivimos en la familia, en la sociedad y en la Iglesia? ¿Cómo actuamos ante los conflictos que se nos presentan? ¿Hemos aprendido de Jesús lo que significa misericordia?

Entonces, resuena aquella expresión de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificio”, invitando a vivir el mandamiento del amor, fundamento de la vida cristiana. Como escribe un autor cristiano. “Misericordia significa tener el corazón en la miseria del otro; en otras palabras, la persona misericordiosa tiene que estar bien cerca del sufrimiento de las personas, identificarse con ellas. Jesús enseña que las necesidades humanas están por encima de prácticas que no son importantes para ayudar a las personas; de ahí que el sacrificio más agradable a Dios no es que la persona viva alejada o distanciada de la realidad sino que disponga todo su ser, consagrándolo al servicio de aliviar la miseria de sus hermanos”.

19 julio, 2019
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Las cosas bellas, los momentos geniales y las personas buenas a las cuales conocemos en la vida es únicamente obra de Dios.

La Iglesia es universales, es por ello que me siento en casa, uno más de ustedes, con ustedes y para ustedes y no un extraño.

Recibir tanta acogida y tanto cariño de muchísimas personas (feligreses) especialmente de don José Carlos (párroco de Liáns) y otros sacerdotes, me llena de inmensa alegría y regocijo.

Durante varios años consecutivos desde el 2014 al 2017, he venido desde Roma a esta parroquia para ayudar, servir y descansar durante el verano. Concluidos los estudios y obtenido la licencia en derecho canónico en la universidad de la Santa Cruz; en octubre del 2017, marché para Perú para ponerme al servicio de la Iglesia y así lo estoy haciendo: en una Parroquia, en el Seminario y en el Tribunal Eclesiástico.

Por derecho (CIC canon 283 parágrafo 2), los sacerdotes tenemos un mes de vacaciones (cambio de actividades); es por ello que estoy aquí entre vosotros.

El día 9 de julio, por pura obra, gracia y misericordia de Dios he cumplido 13 años de sacerdote y con inmensa alegría celebre la Santa Misa en la capilla Clementina, lugar donde se encuentra la tumba de San Pedro, donde os tuve presente a todos vosotros, rezando por vuestras intensiones.

Estaré entre vosotros, si Dios lo permite y el señor párroco (sé que si) hasta el 1 de agosto, luego regresaré a Perú para seguir sirviendo y cumpliendo lo que Dios me encomendó.

Muchísimas gracias por su cercanía, su amistad y su hermandad.

Unidos en la oración y en el servicio a la Iglesia.

Don Juan José Astoquilca Rivera.

Nota buena: cuando me marche, el 1 de agosto no les diré adiós sino hasta luego o hasta pronto, solo Dios sabe.

Un abrazo para todos.

19 julio, 2019
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