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Del santo Evangelio según Mateo 12,46-50
Todavía Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Celebramos hoy la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Reina y Patrona de Colombia. La historia de la devoción a la Santísima Virgen María, en la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se remonta al siglo XVI.

Entre los primeros conquistadores del Nuevo Reino de Granada, Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y Chiquinquirá, solicitó al fraile dominico Andrés Jadraque una imagen de la Virgen María, para colocarla en la capilla de Suta. Fue Alonso de Narváez quien pintó en un lienzo de algodón de 1,26 x 1,13 cm a Nuestra Señora del Rosario; y como sobraba espacio pintó al lado derecho a San Antonio de Padua y al lado izquierdo pintó a san Andrés, apóstol.

Al paso de algunos años por la humedad se deterioró el lienzo; roto por algunas partes y deteriorada la pintura, la imagen quedo abandonada. A la muerte de don Antonio, su viuda, se trasladó a Chiquinquirá y llevó consigo el cuadro. Fue María Ramos quien rescató el lienzo y acostumbraba a hacer esta oración: “¿Hasta cuándo, rosa del cielo, habéis de estar tan escondida? ¿Cuándo será el día en que os manifestéis y os dejéis ver al descubierto para que mis ojos se regalen de vuestra soberana hermosura, que llene de alegría mi alma?”.

El 26 de diciembre de 1586 una india que venía de muzo vió que la imagen de Nuestra Señora resplandecía, llenando de claridad toda la capilla. María Ramos llena de asombro vió que toda la pintura estaba renovada completamente; “El rostro de la Madre Santísima duró encendido todo aquel día; después, la imagen quedó tal como hoy se contempla”.

Luego, el Papa Pio VII, la declaró patrona de Colombia en 1829 y fue coronada canónicamente en 1919. El 3 de julio de 1986 san Juan pablo II visitó a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y consagró la nación a la Virgen María. En una Eucaristía con cerca de 200mil peregrinos elevó esta oración: “Oh Virgen, bella flor de nuestra tierra, envuelta en luz del patrio pabellón, eres tú nuestra gloria y fortaleza, madre nuestra y de Dios. En burda tela avivas tu figura con resplandor de lumbre celestial, dando a tus hijos la graciosa prenda de la vida inmortal. Orna tus sienes singular corona de gemas que ofreciera la nación, símbolo fiel del entrañable afecto y del filial amor. A Tí te cantan armoniosas voces y te aclaman por Reina nacional y el pueblo entero jubiloso ofrenda el don de su piedad. Furiosas olas a la pobre nave contra escollos pretenden azotar; tu cetro extiende y bondadosa calma las olas de la mar. Brote la tierra perfumadas flores que rindan culto a tu sagrado altar; prodiga siempre a la querida patria los dones de la paz. A Ti, Jesús, el Rey de las naciones, a quien proclama el corazón por Rey, y al Padre y al Espíritu se rinda gloria, honor y poder. Amén”.

9 julio, 2019
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Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).

De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano.

Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018
Fiesta de san Francisco de Asís

1 marzo, 2019
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En Adviento somos invitados a prepararnos para el nacimiento del Señor. Navidad, cada año, es la gracia renovada que nos hace Dios: la gracia de la venida de su Hijo, para que le acojamos plenamente en nuestra vida.

Una de las cosas que más nos ayudará a una Navidad vivida en profundidad es convertirnos a Cristo y reconciliarnos sacramentalmente en este tiempo de Adviento. De modo que nuestra oración «Ven, Señor Jesús» vaya acompañada por la decisión «Voy, Señor Jesús.

Para facilitar la reconciliación de todos aquellos que lo deseen hemos ampliado el horario de confesiones los domingos que a partir de ahora será 11:00 hh. a 12:30 hh los domingos y antes y después de misa de 19:00 hh. diariamente.

14 diciembre, 2018
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El grupo de reflexión en el que participan mujeres de la parroquia celebró estos días el primer encuentro del nuevo curso que se presenta muy interesante.
En esta ocasión debatimos sobre qué parroquia queremos y cómo transformarla partiendo de nuestra realidad. Para ello empezamos por plantearnos la realidad del laico, que hoy es muy amplia en la Iglesia.

Se trata de una palabra no siempre clara. En efecto, en el Nuevo Testamento no encontraremos ninguna que pueda identificarse con el concepto de laico que utilizamos hoy. Por el contrario, sí encontramos el concepto de pueblo.

Además, el laico siempre tiene una definición negativa: el que no es sacerdote, el que no hizo votos religiosos, pero en definitiva es el cristiano, todo bautizado. En este sentido, el teólogo Yves Congar decía que los laicos sólo encontraban tres posiciones posibles dentro de la Iglesia: sentados, escuchando lo que dice el sacerdote; arrodillados, siguiendo la misa que el sacerdote celebraba de espaldas y en latín; o con la mano en el bolsillo, para el sostenimiento de la Iglesia.

A esos laicos les correspondía un papel totalmente pasivo hasta que fueron convocados por el Concilio Vaticano II como productores de bienes simbólicos y no sólo consumidores.

En la parroquia tenemos muy claro que la evangelización y la labores parroquiales deben pivotar sobre los laicos y el sacerdote presidir, enseñar y santificar como tareas fundamentales de su ministerio.

Al término alcanzamos un consenso sobre cuál será la clave para la reactivación de la parroquia: el compromiso personal con la misión evangelizadora que hemos recibido. Esto tenemos que traducirlo en acciones concretas al servicio de la comunidad y participando en las distintas iniciativas que desde la parroquia y otras instituciones se ofrecen.

Tras un largo y enriquecedor debate celebramos un pequeño ágape con lo que cada uno aportó. Animamos a todas aquellas mujeres que quieran participar en estos encuentros una vez cada quince días no duden en unirse. Basta que lo comuniquen en el despacho para poder convocarlas personalmente. Oración, reflexión y merienda es una buena combinación para crear grupo.

Dia: viernes alternos
Lugar: locales parroquiales
Hora: 20:30

9 octubre, 2018
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Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.
Meditación
Celebramos hoy la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, y el Evangelio nos permite hacer una aproximación al camino de fe que la Santísima Virgen María recorrió; ciertamente su “peregrinación de fe” no fue fácil. Contemplando el dolor de María, miramos con un respeto sagrado el sufrimiento de tantos hermanos que cuyo dolor clama al cielo.
María con su sí, se unió íntimamente a la misión de su Hijo que compartía también el sufrimiento; Simeón le hizo aquel anuncio dramático; anuncio profético que incluía el dolor, la incomprensión y el sufrimiento: “y a ti misma una espada te traspasará el alma” (Cf. Lc 2,33-35). Fiel a su vocación María camina en la dirección de Dios. “Dichosa la que ha creído que se cumplirían las promesas de Dios”, le dice Isabel; sin embargo, “ella mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 58).
Al releer el Evangelio de Juan encontramos aquella fotografía que muestra a la Madre junto con el Hijo. La mujer fuerte que no se deja abatir, con su presencia fiel y silenciosa “»guardaba todas esas cosas en su corazón”. ¿Cómo no estremecerse ante la escena de la cruz? ¿Cómo no experimentar el dolor de María unido al sacrificio de su Hijo? ¿Cómo no reconocer su presencia maternal e intercesora en nuestros sufrimientos? En la cruz Jesús nos da en la persona del discípulo amado el testamento de su amor: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre». Por esta razón caminamos en la certeza de la importancia de la Virgen María en nuestra peregrinación de fe.
Contemplemos los siete dolores de la Santísima Virgen María y pongamos en su corazón los dolores de tantos hermanos que claman nuestra solidaridad y oración: ¿cuáles son esos siete dolores? La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús, la huida a Egipto con Jesús y José, la pérdida de Jesús, el encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario, la crucifixión y la agonía de Jesús, la lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto, el entierro de Jesús y la soledad de María.
Que esta Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos sirva para acoger la invitación del Papa Francisco: “Jesús prometió no dejarnos huérfanos, y en la Cruz nos dio a su Madre como Madre nuestra. Los cristianos tenemos una Madre, la misma que Jesús; tenemos un Padre, el mismo que Jesús. ¡No somos huérfanos! Ella nos engendra en aquel momento con tanto dolor: es un auténtico martirio. Con el corazón traspasado, acepta darnos a luz a todos nosotros en aquel momento de dolor. Y desde aquel momento, Ella se convierte en nuestra Madre, desde aquel momento Ella es nuestra Madre, la que cuida de nosotros y no se avergüenza de ninguno: ¡nos defiende!”.

 

15 septiembre, 2018
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La ‘Amorphophallus titanum’ no es la típica planta bonita de dulce aroma. Ésta planta es toda una rareza en el mundo de la horticultura. Tanto que tarda 10 años en ‘fabricar’ su flor, que además sólo vive durante tres días.

Este ejemplo podría servirnos para entender la abundante “floración” de vocaciones que hemos vivido este curso en nuestra comunidad.

Las vocaciones no surgen de la noche a la mañana. Son fruto de un proceso, de una escucha, un seguimiento.Cada día, en cada misa, pedimos por el florecimiento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Y este curso se ve que Dios nos quiere mostrar su gran Misericordia.

Tras la ordenación de Carlos, la decisión de un muchacho de entrar en el seminario esta semana, la de una joven a entrar en la vida religiosa esta misma tarde, le sigue la de dos religiosas Capuchinas que han decidido venir desde Murcia a entrar en el convento de las Madres Clarisas Capuchinas en nuestra parroquia.

Es sin duda una gran alegría que aportará juventud y futuro a esta comunidad que tanto lo necesitaba. Así nos lo ha transmitido su Abadesa:

“Las HH Clarisas Capuchinas…de esta Parroquia , les hacemos particepes de nuestra alegría; por la incorporación a nuestra comunidad de 2 hermanas mexicanas; jóvenes

Ellas vienen de la comunidad de Murcia…pero desean hacer una experiencia con nosotras, lo cual nos llena de gozo y alegría

Pedimos el apoyo de vuestra oración, para que se encuentren bien y todo sea para gloria de Dios y bien de ntra Parroquia.”

¿Quiénes son las Clarisas Capuchinas?

La Fundación de las Hnas. Clarisas Capuchinas hay que remontarla a la Edad Media y más concretamente al año 1212.
En esos días Clara de Asís, amiga y compañera en el seguimiento de Jesucristo de Francisco de Asís, junto a algunas jóvenes de su entorno, funda la II Orden, más conocida como «Hermanas pobres de Santa Clara», pero no es hasta 1535, cuando los movimientos de reforma de Franciscanos y Clarisas, dan lugar a los Capuchinos y Capuchinas en Italia.

Les damos la bienvenida, oramos a Dios por ellas e invitamos a que cada uno se deje mirar por el Señor para descubrir su camino y responder con generosidad pues El, sigue llamando.

2 septiembre, 2018
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Mateo 13,47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos les contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.» Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Meditación

Nos encontramos hoy con la última parábola del capítulo 13 sobre el reino de los cielos: la red echada en el mar. La escena es claramente comprendida por la gente que vive alrededor del lago de Galilea y sabe lo que es el final de un día de trabajo entre satisfacciones y cansancios.

Esta escena de la vida cotidiana el Señor la aplica, con imágenes fuertes, para llevar a sus oyentes a ser conscientes del destino de aquellos que se excluyen a si mismos del amor y la salvación de Aquel que no quiere que ninguno se pierda sino que se salven y tengan vida abundante.

Las claves de interpretación que el mismo Señor ofrece nos lleva a considerar que la conciencia de la presencia del Reino de Dios en la vida cotidiana, compromete al creyente a no separar la vida con la búsqueda más auténtica que experimenta el corazón del hombre: la salvación; ilumina el salmo 15 cuando se pregunta: “Señor, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte? El que anda sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón, y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo…Quien obra así jamás vacilará».

Así en un ambiente de familia y cercanía, Jesús con su Palabra nos invita a pensar en la verdadera realización de la existencia. Al final de nuestros días no nos presentaremos al Señor con las manos vacías; no abrazamos la vida eterna como consecuencia del azar y la casualidad; exige la decisión cotidiana de traducir la enseñanza del Señor en las realidades de la vida. Así, su presencia nos inspira para salir a tirar la red, encontrar el sentido del sudor del día e ir a él con los agobios y cansancios; su presencia inspira para que crezcamos en el reconocimiento del valor de las decisiones que tomamos cada día; cada cosa que hacemos debe estar impregnada de eternidad.
Que la red que se lanza en el mar de nuestra existencia recoja de lo mejor. Que sepamos desechar todo aquello que corrompa la bondad de Dios en nosotros. No nos desanimemos en el propósito de elegir hacer el bien y de impregnar de Dios nuestras responsabilidades. Seamos como el padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo y es movido a dar lo mejor.

P. John Jaime Ramírez feria

 

2 agosto, 2018
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Mateo 10,24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo.

Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Meditación

Dos realidades presenta el evangelio de hoy para los discípulos del Señor: el seguimiento puede generar persecuciones y sufrimientos; pero con insistencia Jesús invita a no tener miedo.

Las persecuciones y privaciones por causa del Evangelio hacen parte del discipulado. Si Jesús fue perseguido e incomprendido, si Él tuvo que pasar por la experiencia del dolor y la cruz, sus discípulos sabrán que “no está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo”. Estas palabras no son para desalentar a sus seguidores; la propuesta del Señor está basada en la verdad; El Señor no despierta la ilusión con falsos mesianismos y soluciones ligeras: cuánto daño se hace a la fe cuando el evangelio se reduce a recetarios o a promesas de prosperidad y emociones.

El “no tener miedo” es una palabra que en diversas ocasiones escuchamos en el Evangelio. En primer lugar, una realidad es no tener miedo a vivir en la verdad, a no dejarnos envolver por la posverdad o mentiras emotivas que distorsionan deliberadamente la realidad y apelan a las emociones y al dominio de las creencias personales. Como creyente vive en la verdad que nos hace libres. Es como si Jesús nos dijera hoy: no tengan miedo de anunciar la verdad de la vida, la familia y la dignidad de la persona.
En segundo lugar, no tener miedo a los que pueden matar el cuerpo. Muchas veces se silencian las noticias de los cristianos que en diversos países sufren por causa del Evangelio. Cristo, la fe, la cruz, los valores del evangelio estorban. La Cristianofobia es una realidad que parece no preocupar mucho a la sociedad progresista y multicultural; por esto hacemos memoria de tantos hermanos perseguidos y que dan la vida por la fidelidad a la fe.

Jesús nos invita a no tener miedo, pero si a tener confianza en Dios. Dice el Señor: “no se turbe su corazón, crean en Dios y crean en mí”. Entonces sabiendo que nuestra vida está en las manos del Señor y que Él está con nosotros en cada momento, tenemos el valor para dar testimonio de la vida nueva en el Señor y así hacer resonar las palabras: “no tengan miedo… por mi parte yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

14 julio, 2018
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Mateo 19,27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

La pregunta de Pedro nos pone frente a una mentalidad presente aun en nuestros días: dar de nosotros para recibir algo a cambio. Pedro y sus compañeros, no habían entendido que con la llamada del Señor ellos lo habían recibido todo, entonces movidos por la gratuidad, su servicio y seguimiento son respuestas al don inmerecido que están llamados a descubrir.

Ante esta realidad la respuesta de Jesús: “…recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”, desborda los cálculos de la generosidad de Pedro. Ya San Pablo lo afirma con la experiencia que ha tenido de Jesús: “Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él” (Filipenses 3,8).

Recordemos que el seguimiento que nos pide Jesús, no es a cambio de nada, sabiendo que es muy claro lo que Él ha indicado: “heredarán la vida eterna”. Es una tentación ponerle un precio a nuestro servicio, querer seguir al Señor sirviendo al prójimo, pero quizás, buscando el reconocimiento de los demás, avanzar en la importancia o incluso deseando que Dios cumpla nuestros intereses; razón que nos puede llevar a creer que “Él nos sale a deber”. Tal vez hemos escuchado expresiones como “Por qué me pasó ‘x’ cosa si yo tanto que le servía al Señor” o “el Señor me tiene que ayudar porque con todo lo que hago por la fe”; así descubrimos que cuando la fe se vive con un algún tipo de interés particular puede corromperse la experiencia del servicio y respuesta al Señor.

«¿Qué nos va a tocar a nosotros?» Que esta respuesta sea una motivación a entregarnos en servicio a los demás. Caminamos con la certeza de tener clara las motivaciones que impulsan nuestras vidas: no creemos para buscarnos a nosotros mismos y cumplir nuestros deseos, no creemos para encontrar prestigio y reconocimientos humanos; creemos porque lo hemos recibido todo de Dios y experimentamos el deseo de corresponderle sirviendo desinteresadamente a los hermanos.

A propósito nos dice el Papa Francisco: “ La gratuidad en seguir a Jesús, es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús. Y cuando se quiere ir sea con Jesús que con el mundo, sea con la pobreza que con la riqueza, esto es un cristianismo a mitad, que quiere una ganancia material. Es el espíritu del mundo. Esos cristianos hacen eco a las palabras del profeta Elías, cojean con las dos piernas porque no saben lo que quieren”.

P. John Jaime Ramírez Feria

 

11 julio, 2018
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Ha comenzado el mes de mayo, mes de las flores. Tradicionalmente la iglesia ha dedicado este mes a Maria invitando a los fieles a fomentar y mostrar su piedad mariana. En la parroquia queremos concretar esas devociones con distintas iniciativas: una ofrenda floral a la Virgen; resto del Santo Rosario con los niños; romerías a ermitas marianas con los mayores y muchas más.

En este mes se celebra también el día de la madre -el primer domingo- y también lo celebraremos de un modo especial. Pero este año queremos acordarnos de aquellas a las que la maternidad trae consigo situaciones difíciles.

Los niños realizarán una campaña los próximos domingos a favor de una organización que ayuda a las futuras madres con dificultades: RED MADRE.

Se trata de una Fundación creada en 2007 con el propósito de activar una Red solidaria de apoyo, asesoramiento y ayuda a la mujer para superar cualquier conflicto surgido ante un embarazo imprevisto, en toda España.

Red madre encarga no solo de dar cobertura a los pequeños, sino también de prestar «ayuda personalizada» a las madres embarazadas, dándoles apoyo para que sigan adelante con el embarazo.

Los niños colaboraran entregando artículos y productos alimenticios, como leche, cereales o pañales, para esta asociación que busca dar cobertura a niños y a sus madres desde su nacimiento hasta superar sus problemas.

La ayuda está dirigida a familias con dificultades y se prolonga, no solo durante la gestación, sino durante todo su desarrollo, con alimentos, material escolar, apoyo educativo y ocio.

 

2 mayo, 2018
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