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Las Hermanitas de los ancianos desamparados de Eirís han invitado a nuestro párroco a predicar durante toda la semana las Charlas Cuaresmales a los residentes. En varias ocasiones ha tenido oportunidad de anunciarles el evangelio a través de estos encuentros de oración, pero siempre es un momento de gozo poder compartir con aquellos que están ya doctorados en la Universidad de la Vida.

Durante tres días – en meditaciones de cuarenta y cinco minutos por la mañana y por la tarde – reflexionará sobre la Pasión del Señor invitando a todos a la conversión de sus corazones. El ultimo día los mayores que así lo deseen recibirán los sacramentos de la Penitencia y la Unción de los enfermos.

Al término de los ejercicios nuestro párroco acompañará a las Religiosas durante su retiro mensual, centrado esta vez en el mensaje del Saro Padre Francisco para  2018 cuyo tema es : «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12).

En este marco de tiempo de oración para toda la comunidad que forma parte de esa gran familia de la residencia de mayores también el personal que colabora con las Hermanas tendrá un encuentro de oración para considerar la hermosura de su tarea, una labor que va más allá de un simple trabajo.

7 marzo, 2018
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La primera vez que fui a visitar el Santísimo tenía 8 años. Fue con motivo de mi preparación para la Primera Comunión. La hermana que nos preparaba contaba con mucha reverencia y ardor que dentro del sagrario se encontraba una puerta hacia el cielo. A los 8 años, tomé esta explicación literalmente y pensé que cuando abriera aquella puertecita podría cruzar hacia un mundo maravilloso: El cielo. Cuál sería mi desconcierto a ver la custodia con una hostia consagrada dentro. No entendí nada.

No solo pasa a los 8 años, tratar de entender que un pedazo (casi insignificante) de pan es el mismo cuerpo de Cristo, no es algo fácil de entender y a la vez es algo que a uno lo deja maravillado. Ir a adorar al Santísimo Sacramento, sobre todo las primeras veces, puede ser que no sea sencillo. No entendemos, nos aburrimos, no sabemos qué decir, entramos brevemente, hacemos una señal de la Cruz rápida y volvemos a salir.

Si supiéramos la gracia tan enorme de la Adoración Eucarística nos pasaríamos días enteros de rodillas frente al altar. Adorar al Santísimo es acompañar al mismo Jesús en el momento de su sacrificio por la humanidad. El mismo Jesús nos enseña esto, a través de santa Margarita de Alacoque (con quién inició esta práctica): «En adelante, todas las semanas, la noche del jueves al viernes, practicarás una Hora Santa, para hacerme compañía y participar en mi oración del Huerto».

Así pues, hoy hemos querido traerles una breve guía para ir a adorar al Santísimo. Te recomendamos que lleves contigo la Biblia o consigas un devocionario o algún libro espiritual de un santo.

1. Saludo inicial (entrar en silencio)

Ingresa en silencio y con reverencia a la iglesia o a la capilla del Santísimo. Arrodíllate con las dos rodillas frente a Él y realiza la señal de la Cruz. Recuerda que es Dios quien se encuentra en ese pedazo de pan.

2. Oración de preparación

Luego de acomodarte en una de las bancas o reclinatorios, de rodillas, realiza una oración para preparar tu corazón. Puede ser una que tú mismo hagas espontáneamente o una que saques de algún devocionario. Te recomendamos esta oración del S.S. Pio XII:

«Oh Dulcísimo Jesús, que escondido bajo los velos eucarísticos, escuchas piadoso nuestras súplicas humildes, para presentarlas al trono del Altísimo, acoge ahora los anhelos ardientes de nuestros corazones. Ilumina nuestras inteligencias, reafirma nuestras voluntades, revitaliza nuestra constancia y enciende en nuestros corazones la llama de un santo entusiasmo, para que, superando nuestra pequeñez y venciendo toda dificultad, sepamos ofrecerte un homenaje no indigno de tu grandeza y majestad y adecuado a nuestras ansias y santos deseos. Amen».

3. Lectura espiritual y meditación

La puedes escoger en ese mismo momento, pero también es conveniente que leas el Evangelio del día, o escojas una lectura de tu devocionario. Luego de esta lectura haz silencio y medita lo que acabas de leer. Es importante que en este momento trates de silenciar tu mente y tu corazón para escuchar lo que Dios te dice. El silencio es aquella puerta que predispone al alma para escuchar. Si lees una escena del Evangelio puedes imaginarte la escena y meditar sobre lo que te dice, sobre cómo participas tú y sobre los sentimientos y pensamientos que esta lectura suscita en tu corazón.

4. Escribe

Esta es una práctica personal que sirve mucho. Puedes llevar un diario del Santísimo donde escribas algunas meditaciones de lo que acabas de pensar y sentir. Esto es como una ayuda memoria para tu vida espiritual y te recuerda los momentos que, al lado del mismo Dios, acabas de vivir. Volver a nuestros encuentros con el Señor nos fortalece en los momentos difíciles.

5. Ora 

Luego de tu meditación puedes rezar un rosario, el vía crucis, alguna oración sobre la Eucaristía o la Liturgia de las horas (esto último de acuerdo a la hora en que te encuentres).

6. Realiza una comunión eucarística o la estación eucarística

Frente al Santísimo expuesto puedes recibirlo en tu corazón realizando una comunión espiritual. Esta comunión es también válida si por algún impedimento no puedes recibir el sacramento de la Eucaristía. Te dejamos esta oración, que no es la única (existen otras más que puedes consultar). Luego de la comunión espiritual puedes realizar la llamada Estación ante el santísimo que consiste en rezar cinco veces el padrenuestro, el avemaría y el Gloria en memoria de las cinco llagas de Jesús crucificado y un padrenuestro más por las intenciones del Santo Padre.

«Creo, Jesús mío, que estás real  y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas  y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente, venid al menos  espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido,  os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén».

7. Oración Final (alabanzas de desagravio)

Al terminar tu adoración realiza una oración de despedida, puede ser propia o también del devocionario. Agradece por el momento vivido, ofrece la adoración por alguien necesitado y pide lo que necesites. Así también puedes decir las alabanzas de desagravio que son oraciones que tiene la finalidad de luchar contra el mal del mundo:

«Bendito sea Dios.

Bendito sea su santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.

Bendito sea el nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén».

 

Fuente: catholic-link.com

2 diciembre, 2017
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Querido hermano sacerdote:

Hoy, a la salida de Misa, me han preguntado varias veces por la declaración de los 300 sacerdotes a favor del referéndum en Cataluña. Pensando en ellos y en nuestro pueblo, te quería hacer algunas reflexiones:

La unidad de España es una realidad política. Para muchos es, además, una alegría porque aman su patria. La unidad de España fue definida, en tiempos del cardenal Rouco, como un bien moral por la Conferencia Episcopal Española, aunque eso, claro está, no es magisterio infalible de la Iglesia.

La constitución española, que regula la convocatoria de un referéndum, fue aprobada el 21 de julio de 1978 en el parlamento y ratificada en referéndum por el 87,78% de los votantes sobre una base de 58,97% de la población total.

A lo mejor tú, que apoyas el referéndum en Cataluña, piensas que no hay que obedecer la Constitución. No todas las leyes obligan igual, las leyes injustas no obligan en conciencia. Es el caso de leyes como la del aborto, las de la ideología de genero, etc.

Lo que yo me pregunto, hermano sacerdote, lo que quisiera hacerte pensar, es cuál debe ser nuestro lugar como pastores en todo esto. El sacerdote, como dice la carta a los hebreos, es “constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados”. Es decir, somos de Dios, somos para Él en favor de todos los hombres, puesto que Él “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.

A lo mejor tú crees que Cataluña debe elegir separarse del resto de España porque no es España y que debiera hacerlo aunque no quieran el resto de los españoles. A lo mejor lo crees pero, cuando lo dices, cuando, como sacerdote, te posicionas de esta manera, estás rechazando a la mitad de los catalanes. ¿Cómo se van a confesar contigo cuando termine todo la mitad que no piensa como tú? Cuando celebras misa en catalán aún sabiendo que hay gente que no lo entiende y que todos entienden el español estás rechazando a los no catalanohablantes. ¿ Como vendrán a ti cuando necesiten ayuda si ya les has demostrado que te importa más el idioma de las personas?

Perdóname, hermano sacerdote, pero a mí me suena a idolatría. A colocar las ideologías, los sentimientos nacionales, por encima del amor de Dios y del bien de las almas. A lo mejor me equivoco, perdóname si es así. Solo busco el bien de las personas que me han sido confiados, la gloria de Dios y el bien de la Iglesia que es mi Madre.

Ruego compartan esta carta, sobre todo a los sacerdotes y amigos religiosos que tenéis.

Pedro Angel Garcia. (Fraile Franciscano – Madrid)

30 septiembre, 2017
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