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5 noviembre, 2020

El Papa pide que el avance de la robótica y la inteligencia artificial “sea humano”


La inteligencia artificial está en la raíz del cambio de época que estamos viviendo.
La robótica puede hacer posible un mundo mejor si va unida al bien común.
Porque si el progreso tecnológico aumenta las desigualdades, no es un progreso real.
Los futuros avances deben estar orientados al respeto de la dignidad de la persona y de la Creación.
Recemos para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio del ser humano… podemos decir “sea humano”.

5 noviembre, 2020
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“La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo solo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia”
(San Juan Pablo II)

Las devociones eucarísticas, como la adoración del Santísimo, las horas santas, las visitas al Santísimo Sacramento y los con- gresos eucarísticos, son maneras de rezar que aumentan nuestra unión interior con Cristo. Nos ayudan a beneficiarnos aún más de la Misa y a profundizar en nuestro deseo de servir a los demás. El presentarnos ante el sagrario es un compromiso a ser un sarmiento de la vid más fuerte, un miembro del Cuerpo de Cristo más sano, un corazón abierto al poder invisible de la oración. Michael McDevitt escribe: “El poder de la oración no tiene que ver con tu poder, sino con el poder que has permit- ido que entre en ti. Cristo mismo es el poder invisible. Recibes un poder mucho mayor de lo que te podrías imaginar. San Pablo nos exhorta a vivir según esta fe: ‘Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo se ve es transi- torio y lo que no se e es eterno’”

El santo Padre Benedicto XVI nos ha dejado una hermosa reflexión sobre la importancia de la adoración en una homilia pronunciada en San Juan de Letrán:

“Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia que también esta tarde viviremos nosotros después de la misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y al terminar. Una interpretación unilateral del concilio Vaticano II había penalizado esta dimensión, restringiendo en la práctica la Eucaristía al momento celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a sí en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorización de la asamblea litúrgica, en la que el Señor actúa y realiza su misterio de comunión, obviamente sigue siendo válida, pero debe situarse en el justo equilibrio. De hecho —como sucede a menudo— para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la justa acentuación puesta sobre la celebración de la Eucaristía ha ido en detrimento de la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús Eucaristía en el único momento de la santa misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y así se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como «Corazón palpitante» de la ciudad, del país, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.

En realidad, es un error contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competición una contra otra. Es precisamente lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento es como el «ambiente» espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. La acción litúrgica sólo puede expresar su pleno significado y valor si va precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración. El encuentro con Jesús en la santa misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, tras disolverse la asamblea, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.

En este sentido, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración todos estamos al mismo nivel, de rodillas ante el Sacramento del amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico”

De ahí la importancia – y necesidad- de que nos convirtamos en almas eucarísticas y de adoración; que dediquemos algún tiempo de nuestra jornada a la oración, si no fuera posible, detenernos ante la Eucaristía, presencia real de Jesucristo. La Eucaristía (misa, comunión, adoración) es la mejor manera de encontrarnos con Dios, de renovar nuestra amistad con Jesús… Es el mejor alimento espiritual, es la mejor oración. Y, sin embargo, cuánta falta de fe en dejar abandonado al Dios escondido.

La parroquia te invita cada jueves a las 19:30hh. a crecer en el amor a la Eucaristía participando en la Exposición del Santísimo y pidiendo por las vocaciones sacerdotales y religiosas de las que tanta necesidad tiene la Iglesia en estos tiempos.
Estamos en el mes de noviembre, mes de difuntos, y hasta el día 8 demos alcanzar también indulgencias plenarias por ellossi hacemos un rato de oración ante el Santísimo.

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves
Hora: 19:30 hh.

 

5 noviembre, 2020
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