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In memoriam : Sor Anuncia Cambra Pina

by santaeulalia

Estos días, con motivo de la celebración de Todos Los Santos, hablaba a los fieles de aquellos hermanos nuestros cuyas bodas han pasado desapercibidas a los ojos del mundo pero no a los ojos De Dios que mira en lo escondido. Gente sencilla pero héroes de lo Ordinario cuyas biografías no recogen los libros de historia pero cuyos nombres estarán grabados para siempre en el Libro de la Vida.

Con inmensa tristeza recibí anoche la triste noticia del fallecimiento de sor Anuncia Cambra Pina, misionera del Divino Maestro con la que tuve, en mi anterior parroquia, la oportunidad de compartir durante doce años amistad, preocupaciones, alegrías, trabajos pastorales y, sobre todo, una misma fe y esperanza.Los que hemos tenido la suerte de vivir cerca de ella, destacamos sin duda su compromiso de vida con aquellas comunidades en las que vivió , ejerciendo responsabilidad suavemente su tarea docente con el resto de las hermanas, ocupándose de la dirección espiritual y formativa de aquellos que se le acercaban.

Siempre con una sonrisa bonachona en una mezcla peculiar con seriedad y energía, como buena navarra que era y de lo que se jactaba con enorme orgullo. Una mujer muy alegre y siempre preocupaba por los demás: hermanas, alumnos, catequistas…

En diversas ocasiones había visitado nuestra parroquia. Nunca nos gustó decir adios.. Nos costó despedirnos cuando me tocó incorporarme a un nuevo destino dejando atrás tantas tareas que juntos habíamos emprendido y también ella cuando tuvo que dejar sus amadas tierras gallegas y partir a su nuevo y último destino, que si bien quedaba más cercano a los suyos, le alejaba en la distancia – que no en el corazón- de tantos que había amado durante la mitad de su vida.

Pero decir adiós forma parte del ser humano que continuamente vuelve a empezar una y otra vez. Son situaciones difíciles que marcan nuestra historia, que nos sitúan una y otra vez ante nuestra verdad más honda, nuestro yo más sincero. Y cuando este adiós es definitivo -solo en su dimensión humana- aún es más costoso.

Hoy despidamos a sor Anuncia y lo hacemos con lágrimas. Pero aunque no hemos elegido el momento de hacerlo -ni siquiera ella- podemos elegir la actitud. Esa actitud de entrega a su vocación, a sus hermanas, a la misión que la llevó tras sus vacaciones a incorporarse de nuevo a su comunidad, consciente de que el COVID ya golpeaba a sus hermanas a quienes se había comprometido a servir.

Pero ¿Que podía hacer? Había estado con su familia de sangre a la que amaba con locura, pero su comunidad era su otra Familia, la que había elegido, a la que Dios le pedía servir. Y no lo dudó. Su Divino Maestro lo tenía claro y ella también: “Nadie ama tanto como el que da la vida por sus hermanos”

Descansa en Paz Sor Anuncia

 

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