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1 noviembre, 2020

Camino de la santidad

Queridos sacerdotes, miembros de vida consagrada y laicos:

En la Solemnidad de Todos los Santos me dirijo para saludaros con fraternal y pastoral afecto. En este día celebramos el misterio de la comunión de los santos recordando que creyeron lo que nosotros creemos, esperaron lo que nosotros esperamos y ahora nos une la caridad que siempre permanece, animándonos a seguir en el camino a la meta. Se nos recuerda nuestra vocación a la santidad: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados”[1]. Celebrar a todos los santos y recordar a los difuntos es buena ocasión para animar cristianamente la peregrinación a la Ciudadanía celestial.

Nuevamente por causa de la pandemia nos vemos envueltos en unas circunstancias que aunque tal vez esperadas, están condicionando nuestras prácticas y formas pastorales pero nos ofrecen retos y posibilidades que tenemos que afrontar. El riesgo puede ser que caigamos en el agobio y en el desánimo, en la indiferencia y en el agotamiento. No nos es fácil el reunirnos para la celebración de los retiros, de los ejercicios espirituales y de los encuentros de formación en los que siempre nos agrada comunicarnos los unos con los otros. Echamos en falta una participación mayor en las celebraciones litúrgicas. Se abren nuevos caminos para la catequesis de niños y jóvenes. Nos damos cuenta de que ya no nos vale aquello de pensar que siempre se hizo así. Es necesario buscar alternativas y soluciones con optimismo.

Es tiempo de discernimiento que podemos desarrollar con la oración, la reflexión, la lectura espiritual y el consejo. Esto nos evitará estar a merced de las ocurrencias de cada momento. Nos dice el papa Francisco: “Una condición esencial para el progreso en el discernimiento es educarse en la paciencia de Dios y en sus tiempos, que nunca son los nuestros. El no hace caer fuego sobre los infieles (cf. Lc 9,54), ni permite a los celosos arrancar la cizaña que crece junto al trigo (cf. Mt 13,29). También se requiere generosidad  porque hay más dicha en dar que en recibir (cf. Hch 20,35). No se discierne  para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor la misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y esto implica estar dispuestos a renunciar hasta darlo todo”[2].

Como os escribía en marzo pasado, necesitamos acompañar y sentirnos acompañados, ayudándonos los unos a los otros, material y espiritualmente, orando intensamente y avivando la esperanza cristiana. Tenemos muy presentes a quienes están afectados por el coronavirus u otras enfermedades que ante la pandemia puede dar la impresión de que quedan un poco marginadas.

El teléfono y los medios telemáticos nos ayudan a mantener ese contacto de los unos con los otros, convirtiendo la distancia en cercanía y animando nuestra fraternidad para no perdernos en nosotros mismos. Termino diciéndoos que como vuestro pastor os necesito a todos y os tengo muy presentes en mi oración encomendándoos a la Providencia divina con la intercesión de Santa María y el patrocinio del apóstol Santiago.

Os saluda con fraternal afecto y bendice en el Señor.

+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, 1.

[2] Ibid., 174.

1 noviembre, 2020
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El Domingo día 1 de  Noviembre celebraremos la Solemnidad de todos los Santos y el Lunes 2 la Conmemoración de todos los difuntos. En estas dos celebraciones confesamos nuestra fe en la Resurrección de la carne y en la comunión eterna y santa que viviremos en el Cielo, en la Ciudad Santa de la Nueva Jerusalén con todos los bienaventurados que nos esperan allí.

Este año, por la pandemia que nos azota será, sin duda, diferente. Las limitaciones impuestas por las autoridades sanitarias limitarán -quizás- algunas de esas tradiciones tan arraigadas en nuestra vida como es visitar a estros seres queridos en los cementerios. Es posible incluso, que los confinamientos perimetrales de ciudades y Comunidades nos lo impidan.

Pero eso o es obice para que podamos recordarlos ante el altar, ante “el Dios de vivos y no de muertos” en quién creemos. Por eso en todos los templos de nuestra Unidad Pastoral de Liáns, Dorneda y Nos, las misas de los días 1 y 2 de Noviembre se aplicarán por todos los Difuntos, sin querer con ello desvirtuar la Fiesta de Todos Los Santos que hoy celebramos.

La Iglesia celebra en la liturgia solemne de este día que el Cielo es la meta definitiva y última de la peregrinación del hombre que se abre a la voluntad de Dios sin reservas, con humildad y confianza,  celebraremos lo que somos: ¡ciudadanos del Cielo! En él están – como afirma la visión del Apocalipsis- una multitud incontable de hombres y mujeres de toda lengua, raza, pueblo y nación.

Muchos de ellos son miembros de nuestras familias (abuelos, padres, hermanos), amigos y conocidos que nos han precedido y adelantado en esta carrera hacia la eternidad. Así lo profesamos y cantamos en el Prefacio de la liturgia de esta solemnidad: “Porque hoy nos concedes celebrar la gloria de tu ciudad santa, la Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente te alaba la asamblea festiva de todos los Santos, nuestros hermanos. Hacia ella, aunque peregrinos en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad”.

Al finalizar la Eucaristía, rezaremos, en la Iglesia, un “responso” por el eterno descanso de nuestros difuntos.

1 noviembre, 2020
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