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17 marzo, 2020

Me llamo Carlos. Crecí en A Coruña. Fui a un colegio normal, al instituto, me gustaba salir con mis amigos, y aún me gusta, escuchar música, jugar al fútbol, jugué también al rugby una temporada, los videojuegos, las películas, viajar… Pero un día, cuando estaba en el instituto, comencé a preguntarme de qué iba todo esto. Me refiero a la vida, a qué sentido pueden tener todas nuestras preocupaciones, afanes, esfuerzos, miedos, aspiraciones y esperanzas. A partir de ahí comencé un camino que podríamos denominar como existencial. Es el camino de la vida, en el que estamos todos, y en el que ya estaba antes, pero sin ser consciente de ello; a partir de ese momento me tocó comenzar una nueva etapa.
Por aquel entonces me hice muchas preguntas, y encontré pocas respuestas, sin embargo, me pareció encontrar en mi interior como una nueva luz. Mirando a Jesús de Nazaret en la cruz, me pareció entenderlo: sí, eso tiene sentido. Un amor operante, no auto-complaciente, que se dona, que se entrega, hasta el mismo final. A la sombra de aquella luz he tratado de caminar, hasta hoy, a veces con más fuerza, a veces con menos, entre dudas y contratiempos, muchas veces. Me acerqué a la parroquia más cercana, y allí pude encontrar gente que, como yo, caminaban también por este mismo camino, como podían, cada uno con sus fortalezas y debilidades. Sentí que estábamos a lo mismo. Fui a hablar con mi párroco, cosa que algunos años antes no se me hubiese ni pasado por la mente, y entré en el Seminario. Pasaron los años, y entre muchas buenas anécdotas, momentos de estudio, discernimiento y oración, fui ordenado sacerdote. Serví como sacerdote en unas parroquias rurales cerca de Santiago por un año, he de reconocer que fui feliz allí. Luego, fui enviado a seguir sirviendo como sacerdote estudiando en Roma, y desde las orillas del Tíber escribo hoy esto. En principio será por poco tiempo más. Pero el camino continúa, allá a donde me lleve.
No me arrepiento en absoluto de haber emprendido este camino. He vivido momentos muy felices. Tampoco voy a mentir, no es un camino fácil. Me parece que sobre todo es un camino que exige mucha humildad, para no dejar nunca de aprender y crecer. Ahora bien, si uno pensase en un camino fácil en la vida, me pregunto cuál será, pues en todas partes hay dificultades. Y pararse no es una opción. Como dijo el Maestro de Nazaret, quien quiera salvar su vida la perderá, y quien la entregue la salvará.

Carlos Miramontes Seijas.

Carlos es un joven sacerdote de nuestra parroquia que está cursando la Licenciatura en Moral en la Academia Pontificia Alfonsina de Roma

17 marzo, 2020
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