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12 marzo, 2020

La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, tratando en general de todas «las cosas destinadas al culto sagrado», dice que la iglesia ha procurado siempre que «fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales» (SC 122) Se ha de subrayar cómo la SC habla de las «cosas destinadas al culto sagrado». En realidad, es la pertenencia al culto sagrado de determinados objetos lo que constituye su primera nota distintiva, sobre la cual se fundan las demás.

Las palabras citadas de la SC valen igualmente para los objetos litúrgicos. Estos han sido siempre objeto de la atención de la iglesia. Y se puede decir que, en general, han aparecido siempre con tales notas distintivas: fundamental pertenencia al culto sagrado, dignidad, decoro, belleza.

En la parroquia procuramos hacernos eco de esas indicaciones y cuidar “con mimo” todo lo que al culto se refiere en cuanto a mantenimiento, limpieza y ornato de los mismos. Prueba de ello es el nuevo Tabor o trono Eucarístico que estrenamos hoy para ser usado durante la Exposición del Santísimo.

El Santísimo Sacramento se expone para la adoración de los fieles de dos formas. La primera es dejando a la vista el copón. La segunda es colocando la Sagrada Forma en una custodia, para que pueda ser vista por todos. Dependiendo el tiempo en el que esté expuesto, se le llama breve o prolongada.

Si la exposición va a ser muy prolongada, el ministro puede colocar la custodia en el trono o expositorio que se encuentre en un lugar más elevado del presbiterio (RSCyCE n. 93).

Hace un mes estrenábamos otro Tabor de un tamaño mayor que destinaremos para las solemnidades siendo el que hoy presentamos el que usaremos cada semana para la Adoración Eucarística.

Es nuestro deber cuidar las cosas de Dios y al Dios de las cosas.

12 marzo, 2020
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Es importante estar ante el Santísimo y fijar la mirada en Él para crecer más en la fe contemplando su amor asiduamente y así identificarnos con El. Es lo que nos recuerda san Pablo: “Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos…” (2 Cor 3, 18).

La parroquia nos invita cada jueves a acompañar a Jesús en la Eucaristía con una infección que destaca sobre las demás: Pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Pero esta intimidad con Dios nos ayuda a nosotros mismos a crecer en santidad y a andar conforme a la vocación a la que hemos sido llamados ( matrimonio, lacios consagrados o cualquiera de las múltiples llamadas que Dios sigue haciendo a los hombres para que le sigan.

Estar en la presencia del Santísimo es como salir a calentarnos un poco al sol, absorber sus rayos y recibir vida; no por nada la gran mayoría de las custodias parecen el sol con sus rayos. Y así como el sol es la fuente natural de la energía que da vida, así también Jesús sacramentado es la fuente sobrenatural de todo amor y gracia.

Estar en la presencia del Señor genera una amistad íntima con él que nos entusiasma en la vida; cosa que no lo hacen muchas cosas como, por ejemplo, el estudio teológico y/o la acción apostólica. Esto es consecuencia de aquello.

Ni la formación teológica ni la experiencia pastoral, por sí solas, son suficientes para mantenernos enamorados de Jesucristo. Debemos pues conocer más a Jesucristo, que saber más sobre Él; y para esto el trato personal con Él es fundamental. Y recordemos que el verbo conocer en lenguaje bíblico significa amar.

Lugar: Iglesia nueva de Santa Cruz
Día: Jueves
Hora: 19:30 hh.

12 marzo, 2020
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