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8 marzo, 2020

Atendiendo a las recomendaciones que la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia nos ha hecho llegar para la prevención del contagio del coronavirus en el ámbito de las celebraciones litúrgicas y devocionales y a las indicaciones realizadas desde la Conferencia Episcopal Española, los obispos de la Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela ofrecemos una serie de indicaciones con el objetivo de extremar las medidas de higiene adecuadas en los actos litúrgicos, especialmente en aquellos que conlleven acciones de besamanos a imágenes religiosas u otras manifestaciones externas de piedad popular:

  1. Es conveniente retirar el agua bendita de las pilas que hay en las entradas de los templos y en otros lugares de devoción.
  2. Mantener la indicación de evitar dar la mano y otras formas de contacto físico en el rito de la paz; y recordar que, según lo previsto en las normas, es posible también prescindir de este rito en estas circunstancias, e invitar directamente a la preparación para la Comunión.
  3. Que los sacerdotes y los ministros extraordinarios que distribuyen la comunión durante la Eucaristía, se laven las manos antes y después de este momento. Se aconseja a los sacerdotes que para ello tengan un espray o líquido desinfectante en las sacristías y lo usen antes de celebrar los actos de culto.
  4. Que las muestras de devoción y afecto hacia las imágenes, tan propias de este tiempo de Cuaresma y en la próxima Semana Santa, puedan ser sustituidas por otras como la inclinación de cabeza ante las imágenes sagradas del Señor, de su Madre o de algún otro santo de especial devoción. El día de Viernes Santo en la adoración de la Cruz utilícese la segunda forma, nº 19 (Cf. El sacerdote, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita al pueblo a que adore la Santa Cruz en silencio). Es necesario evitar todo tipo de contacto físico con cruces, medallas, escapularios, etc. que ya hayan sido besadas por otros fieles, facilitando, además, una mayor rapidez que evite aglomeraciones innecesarias.

La prudencia y la preocupación por el bien propio y del prójimo nos parecen razones suficientes para que también como Iglesia contribuyamos en lo posible a evitar circunstancias que puedan dar lugar a la expansión infecciosa del virus COVID-19. Vivir con fe esta situación nos pide igualmente no dejarse dominar por el miedo, como si no tuviésemos esperanza, dando así testimonio del destino de vida al que estamos llamados por Dios; y procurar ejercer la caridad en los modos adecuados: que nadie quede abandonado en nuestras comunidades parroquiales, ni quede sin respuesta el prójimo que necesite nuestra ayuda.

Los Obispos de la Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela participamos de la creciente preocupación, los temores y ansiedades de la población por la rápida propagación del coronavirus a nivel mundial. Asimismo, agradecemos la generosa dedicación del personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios durante este periodo.

Queremos vivir estos momentos de dificultad unidos, como Iglesia; y, por eso, junto con las medidas y propuestas anteriores y, a la espera de ulteriores medidas que pudieran emitir las autoridades sanitarias, invitamos insistentemente a todos los fieles de esta Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela a ser constantes en la oración por la salud pública y la de todos los afectados, y a confiar siempre en Dios Padre.

+ Julián, Arzobispo de Santiago.

+ Luis, Obispo de Tui-Vigo.

+ Alfonso, Obispo de Lugo.

+ José Leonardo, Obispo de Ourense.

+Luis Ángel cmf, Obispo de Mondoñedo-Ferrol.

+ Jesús, Obispo Auxiliar de Santiago.

8 marzo, 2020
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El Concilio Vaticano II en el año 1965 dirigió un mensaje a las mujeres en el que afirmaba La Iglesia está orgullosa de ellas por haber elevado y liberado a la mujer, y haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, dentro de la diversidad de los caracteres, su innata igualdad con el hombre. Y les encomendaba una tarea:

“Mujeres del universo todo, cristianas o no creyentes, a quienes os está confiada la vida en este momento tan grave de la historia, a vosotras toca salvar la paz del mundo.”

Han pasado más de 50 años y este mensaje sigue de plena actualidad. La mujer con su vocación y dignidad propias tiene un gran papel en la historia del mundo y de la Iglesia.

El Papa Francisco afirma que es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña pues es imprescindible.

Es una materia pendiente para el tercer milenio pero no es una novedad, ha sido así desde el principio pues no se puede hablar de Iglesia si no está presente Maria, la Madre del Señor

Ante este 8 de marzo, permítanme terminar con unas palabras del recordado
San Juan PABLO II:

“Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas».
(Carta a las mujeresCarta del Papa Juan Pablo II , 1995,

8 marzo, 2020
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