Inicio Archivos mensuales
Archivos mensuales

febrero 2020

Con el Miércoles de Ceniza inician los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

En la Misa se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior. Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: «Convertíos». Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras «Convertíos y creed en el Evangelio» y con la expresión «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás», invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

En todas las misas de este día se impondrá la Ceniza a los fieles que asistan

18:00 hh. San Pelayo de Montrove
18:00 hh. San Martín de Dorneda
19:00 hh. San Pedro de Nos
19:00 hh. Iglesia nueva de Santa Cruz

25 febrero, 2020
2 Facebook Twitter Google + Pinterest

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón. De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso.

El Misterio pascual, fundamento de la conversión
La alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma. En este se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo» (Exhort. ap. Christus vivit, 117). Quien cree en este anuncio rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia (cf. Jn 10,10). En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» (cf. Jn 8,45) corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva.
Por eso, en esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren.
Urgencia de conversión
Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene.

De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. La oración puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad.
Así pues, en este tiempo favorable, dejémonos guiar como Israel en el desierto (cf. Os 2,16), a fin de poder escuchar finalmente la voz de nuestro Esposo, para que resuene en nosotros con mayor profundidad y disponibilidad. Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él.
La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos
El hecho de que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. A pesar de la presencia —a veces dramática— del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros. En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta «poner a Dios contra Dios», como dijo el papa Benedicto XVI (Enc. Deus caritas est, 12). En efecto, Dios ama también a sus enemigos (cf. Mt 5,43-48).

El diálogo que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21). Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación.
Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo
Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría.
Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo. Compartir con caridad hace al hombre más humano, mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo. Podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía. Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a

diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. PÍO XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.
Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-14).

24 febrero, 2020
2 Facebook Twitter Google + Pinterest

Aquí te dejamos el calendario con todas las actividades especiales de Cuaresma. Recuerda que este es un tiempo de preparación, de conversión, de recorrer un camino de crecimiento en santidad, ayudados de los consejos evangélicos (oración, limosna y ayuno), para llegar más santos a la celebración de la Pascua del Señor.

MIÉRCOLES DE CENIZA: 25 DE FEBRERO
(Día de ayuno y abstinencia; horario de misas habitual de diario, no es precepto)
18:00 hh. San Pelayo de Montrove
18:00 hh. San Martín de Dorneda
19:00 hh. San Pedro de Nos
19:00 hh. Iglesia nueva de Santa Cruz

REZO DEL VIACRUCIS: LOS VIERNES
(Días de abstinencia)

18:30 hh. Viacrucis Iglesia nueva de Santa Cruz
19:00 hh. Viacrucis San Pelayo de Montrove

ADORACIÓN DEL SANTÍSIMO: LOS JUEVES
De 19:30h. a 20:00h. Iglesia nueva de Santa Cruz Exposición para la Adoración personal pidiendo por las Vocaciones sacerdotales y religiosas.

CHARLAS CUARESMALES:

De 19:30 hh. a 20:00 hh.
Lunes 6
Martes 7
Miércoles 8
Catequesis cuaresmal: Redención, Pecado, y Reconciliación (sobre el Mensaje del Papa para la Cuaresma 2020)

CELEBRACIÓN PENITENCIAL: MIÉRCOLES 11 DE ABRIL
De 19:30 h. a 21:00h. Celebración comunitaria del perdón con confesión y absolución individual + Adoración del Santísimo.

VIERNES DE DOLORES
18:00 hh. Santa Eulalia de Liáns
19:00 hh. Iglesia nueva de Santa Cruz

DOMINGO DE RAMOS: DOMINGO 5 DE ABRIL

En todas las celebraciones la Santa Misa será con bendición de ramos y procesión):

10:45 hh. San Martín de Dorneda
10:00 hh. San Pelayo de Montrove
11:30 hh. Iglesia nueva de Santa Cruz
12:30 hh. San Pedro de Nos
12:30 hh. Santa Eulalia de Liáns

JUEVES SANTO: JUEVES 8 DE ABRIL

19:00 hh. San Martín de Dorneda
19:00 hh. San Pedro de Nos
19:00 hh. Iglesia nueva de Santa Cruz

El tiempo de Cuaresma termina al celebrar la cena del señor: comienza el Triduo Pascual

24 febrero, 2020
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 8, 27-33

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas». Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.» Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Nos encontramos hoy con la ceguera de Pedro que no comprende el anuncio de la pasión del Mesías sufriente; aunque confiesa: “Tú eres el Cristo”, saca a Jesús del camino y comienza a reprenderlo porque habla de sufrimiento y de la cruz. Pedro está ciego, solo ve a Jesús como mesías glorioso; no quiere el compromiso de la cruz, se escandaliza y rehuye.

La pregunta de Jesús a los discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” abre el proceso de curación de la ceguera que se superará plenamente con el testimonio del sepulcro vacío; allí es donde Pedro y sus compañeros van a ver con claridad el misterio de la cruz y la resurrección. Mientras vive la experiencia personal del escándalo de la cruz y de la nueva mañana con la resurrección, Pedro es reprendido: “¡Quítate de mi vista, Satanás porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!”, debe confrontar sus seguridades y encontrarse con la negación que hace de su Maestro, debe afrontar su vergüenza hasta confesar tres veces: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”.

“Según todos los evangelistas, – comenta el Papa Benedicto XVI- la confesión de Simón sucedió en un momento decisivo de la vida de Jesús, cuando, después de la predicación en Galilea, se dirige decididamente a Jerusalén para cumplir, con la muerte en la cruz y la resurrección, su misión salvífica. Los discípulos se ven implicados en esta decisión: Jesús los invita a hacer una opción que los llevará a distinguirse de la multitud, para convertirse en la comunidad de los creyentes en él, en su “familia”, es el inicio de la Iglesia.

Jesús quiere que sus discípulos pasen del conocimiento superficial que tiene la multitud a la experiencia profunda y radical en la que hay que ir hasta el fondo para reconocer la singularidad de la persona de Jesús de Nazaret. También hoy, Él nos invita a recorrer este camino de fe; no se trata de saber muchas cosas del Señor ni de ser expertos de la religión; tampoco se trata de estar ahí entre la multitud que busca milagros y busca favores pero sin comprometerse.
La pregunta que se repite es: ¿para ti quién soy yo?, una pregunta que pide una respuesta personal e invita a revisar la experiencia de fe que toca y da sentido a toda la existencia. En medio de tantos conceptos y ofertas de espiritualidad ¿quién es Jesús para ti? Pedro respondió sin titubear: “Tú eres el Cristo” y con esta confesión, en medio de lo que no entendía, fue invitado a recorrer el camino hasta la Cruz y el sepulcro vacío. De la respuesta personal que cada uno de nosotros da, depende el camino de fe que hacemos; o bien caminamos como multitud que ve de lejos o como discípulos quen van siguiendo las huellas del Maestro y haciendo una historia de salvación con sus hermanos.

20 febrero, 2020
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Cada semana la parroquia nos invita a participar en la Exposición del Santísimo. La intención que nos une es pedir al Señor vocaciones y religiosas pero esta participación quedaría muy pobre si nos olvidásemos de que la contemplación sirve para el crecimiento interior. La oración contemplativa (oración de quietud y silencio) es la apertura de la mente y el corazón – todo nuestro ser – a Dios, el Gran Misterio, más allá de todo pensamiento, palabra o emoción. Abrimos nuestra percepción a Dios que nos ama como somos y quien sabemos por  fe que está dentro de nosotros, porque  “en Él vivimos, nos movemos y existimos” como nos recordaba el prefacio que utilizamos en la misa del pasado domingo y   “Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos”.

La oración contemplativa es un proceso de purificación interior la cual nos guía, si consentimos, a la unión divina. Dejamos a Dios que se acerque a  mí y  nos empapamos de su amor. La oración de contemplación no es especulación, ni deducción, ni moralismo, ni toma  de decisiones. Pretende llegar a Dios por la vía de la oración pura, quietud y silencio. Si quieres aprender a orar, orando,  te invitamos a que vengas  todos  los Jueves  de 19:30 a 20:O0h.

Sé puntual.

20 febrero, 2020
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 8, 22-26

Llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?» Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Nos encontramos con el relato de la curación de un ciego. Jesús realiza este signo pero de una forma diferente. El proceso con este hombre refleja también la curación de los discípulos que no ven con claridad quién es el Señor y se escandalizan ante el anuncio del sufrimiento y la cruz.

En el proceso de curación el Señor qué impone las manos y pone saliva en los ojos del ciego, le hace una pregunta: ¿ves algo? En un primer momento, el hombre le responde que ve a los hombres como árboles; nuevamente le impone las manos y “comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas”.

Nos podemos ver representados en el hombre ciego que es llevado a Jesús. ¿Hay ceguera en nosotros? Podemos decir que sí, que existen miopías espirituales, emocionales; que en ocasiones se nos dificulta ver y comprender la realidad. La ceguera espiritual que nos impide ver con claridad la acción de Dios en nuestra vida, y entonces nos acostumbramos a todo; todo se hace monotonía y le quitamos el toque de trascendencia a la cotidianidad. También podemos padecer aquella ceguera que nos impide ver a los demás con claridad.

En ocasiones no vemos la realidad de quienes están a nuestro lado; están ahí y los vemos “como árboles que se mueven”, pero no como personas que piden comprensión, escucha, aceptación. Recuerdo a una señora que en una confesión me decía: “padre, mi dolor es grande, para mi esposo soy como un mueble más de la casa”. Una ceguera que hace invisibles las necesidades o clamores de los nuestros. ¡Cuántos sufrimientos a nuestro alrededor que no vemos!

Y hoy, el Señor nos hace esta pregunta: ¿Ves algo? Entonces, ¿qué quiere Él que veamos con claridad? ¿Qué nos impide verlo a Él y a los demás? Incluso hay una ceguera interna que nos impide tener una visión de nuestra vida y hoy el Señor nos confirma que quiere curarnos de toda ceguera. Sí, el Señor quiere que veamos con claridad para experimentar en nuestra historia, en nuestros días su presencia. Decía una persona que por mucho tiempo padeció una situación emocional dramática: “en ese tiempo no quise ver que el Señor estaba conmigo y me enviaba señales que querían salvarme. Pero no pude ver. Y cuando lo hice descubrí que sólo Él me podía levantar”.

El Señor quiere curarnos de la ceguera que nos encierra en nosotros mismos. El quiere que veamos con claridad para valorar el don de la vida de cada persona; quiere que veamos con claridad para encontrarnos y no vivir aislados o en soledad. Cuando nos acercamos a Jesús, él nos conduce a una nueva visión de nosotros mismos, de la vida, de la fe y del don que es cada persona.

Digámosle hoy al Señor: “Quiero ver con claridad, Señor: ¡Ayúdame!”

19 febrero, 2020
0 Facebook Twitter Google + Pinterest

Ciudad del Vaticano, 15/02/2020

El XV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, presidido por el Papa Francisco, reunido en Roma los días 6 y 7 de febrero de 2020, reflexionó, entre otras cosas, sobre las consecuencias del fenómeno migratorio que se está produciendo en diferentes regiones del planeta.

A causa de las guerras, las desigualdades económicas, la búsqueda de empleo y de tierras más fértiles, la persecución religiosa, el terrorismo, la crisis ecológica, etc., muchas personas se ven obligadas a desplazarse de un país a otro. Los efectos son a menudo devastadores. Las personas están desorientadas, las familias destruidas, los jóvenes traumatizados, y quienes se han quedado en casa, viven en la desesperación. A veces, estas personas sufren en campos de refugiados y algunas, incluso terminan en prisión. Las mujeres y los jóvenes se ven obligados a ejercer la prostitución; son abusados física, social y sexualmente. Los niños son separados de sus padres y privados del derecho a crecer en la seguridad de una familia unida.

Frente a esto, el Consejo del Sínodo desea recordar que la Iglesia, a la vez que lamenta las razones que causan un desplazamiento tan masivo de personas, está llamada a ofrecer apoyo, consuelo y acogida a todos los que están sufriendo de una forma u otra. Se identifica con el pobre, el pequeño y el extranjero, considerando parte de su misión profética, el compromiso de alzar su voz contra la injusticia, la explotación y el sufrimiento.

La Iglesia valora positivamente, al mismo tiempo, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales que muestran interés y se comprometen a ayudar a quienes se ven obligados a desplazarse. Apoya a quienes están intentando implementar políticas a favor de la acogida de estas personas en sus comunidades. Espera que los gobiernos locales aborden las situaciones que obligan a las personas a abandonar sus hogares. Demanda vigilancia contra la trata de personas y el compromiso de promover el fin de los conflictos que causan tanto sufrimiento.

Encomendamos nuestros hermanos y hermanas que sufren a María, Madre de la humanidad, que conoció el dolor de tener que abandonar su hogar y su país junto con su familia en busca de seguridad y de paz.

19 febrero, 2020
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

Un día importante para las catequistas. He querido empezar así, porque es la verdad, el ser catequista no es sólo hablarles de Dios a los niños que tenemos en Catequesis.

Ya sé que eso, es lo más importante. Pero también es, acompañarlos en su camino y estar con ellos en esos momentos que nos regala el Señor. Eso es lo que hemos vivido este fin de semana.

En los dos años de catequesis que si Dios quiere estaremos con ellos, hay momentos importantes, pero me atrevería a decir que hay dos que destacan. Uno es como no podía ser de otra manera el día de su primera Comunión, pero el segundo es el día de su primera confesión. Cuantos nervios, alegrías y cuantas preguntas.

Desde el curso pasado Hemos tomado la decisión de separar ambas fiestas. Los niños y niñas de Segundo Curso desde este domingo 16 de febrero hasta fin e curso se acercarán al sacramento de la Penitencia para que se convierta en algo normal en su vida de Fe y no simplemente asociado a la Primera comunión. En los domingos anteriores les explicamos la confesión, el como y el por qué. Y por fin llego el gran momento.

A pesar de que a veces los niños están nerviosos, distraídos, hablando, corriendo etc. siempre están abiertos a escuchar y sentir al Señor.Ayer, por fin, llegó el día de hacer su primera confesión algunas de las secciones del Catecismo. A mí me impresiona ver como dentro de ellos tienen la conciencia y la sencillez, de saber lo que está bien y lo que está mal. Yo les digo que la conciencia es la voz del Señor susurrándonos al oído.

Los sacerdotes han confesado a los niños de dos de las secciones del Catecismo. Viéndolos en el templo no podía dejar de pensar en Mateo 18, 3 «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entrareis en el Reino de los Cielos».
Cada semana se acercarán al sacramento de la Penitencia dos secciones pues queríamos separarla del momento de la Primera Comunión y así crear en ellos el “hábito” de la Confesión frecuente.

Ojalá los mayores nos confesáramos con la misma inocencia, pureza y verdad que se han confesado hoy estos niños. Pedimos por ellos para que nunca dejen de querer al Señor.

En nombre de todas las catequistas y del mío propio doy las gracias a Dios por las familias cristianas de la parroquia

18 febrero, 2020
1 Facebook Twitter Google + Pinterest

Del santo Evangelio según Marcos 8,11-13
Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole un signo del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide un signo? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ningún signo.» Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.

Palabra del Señor. Gloria a TI, Señor Jesús.

Los fariseos no comprendieron el signo de la multiplicación de los panes con el que se sació la multitud y pidieron un signo del cielo, buscando ser piedra de tropiezo para Jesús. La respuesta del Señor se hace un camino del que podemos aprender: “suspira profundamente”, no se deja provocar y abre camino hacia la otra orilla del lago.

Ya Jesús había prevenido a sus discípulos de la “levadura de los fariseos” que se iba abriendo paso en la mentalidad y en la vida de muchas personas; actitudes que hacían perder la capacidad de analizar los acontecimientos con objetividad y actitudes que cerraban el corazón a la novedad del anuncio del Reino, a través de las “seguridades” fundadas en soberbias; actitudes de desprecio y exclusión que acomodaban a Dios a sus tradiciones impidiendo la comprensión de la misericordia y la compasión. Jesús se encontró con una mentalidad que corrompía la fraternidad, que marginaba a los pequeños; una mentalidad rígida en “nombre de Dios” que cegaba la razón y el corazón.

Los fariseos no participan de la alegría y la esperanza de la gente, ellos están ahí para acusar y condenar; ellos piden signos no porque la visión de la fe y la vida se haya renovado, les incomoda el bien que se obra en la multitud. La petición de un signo, pretende poner a prueba a Jesús; se hacen tentación, juegan sucio y solo se mueven por sus intereses. Pero Jesús no negocia con ellos; manifiesta un suspiro profundo de dolor, tristeza e impotencia, pero su seguridad en Dios y en la esencia de su misión lo lleva a ampliar su visión.

Cuánto podemos aprender de este pasaje y aplicarlo a nuestra vida personal, familiar, laboral, en fin a nuestro “ser relacional”. En primer lugar, vivamos la experiencia de la cercanía y del encuentro con sinceridad y profundo respeto, valorando el don de cada persona. Es el cambio de mentalidad que no permite que florezcan en el corazón actitudes y sentimientos que causen un daño al otro y que corrompan nuestro interior. En segundo lugar, podemos aprender a vivir con apertura a la gracia de Dios que continuamente está obrando. No se trata de estar pidiendo signos y señales que prueben la voluntad de Dios, mejor, curarnos de las cegueras espirituales y emocionales para ver con claridad el paso del Señor por nuestra vida; tantos signos de la bondad y la fidelidad de Dios en nuestra cotidianidad para vivirlos en actitud de gratitud y compromiso. Pidamos una mentalidad asertiva que insista en lo bueno, liberándonos del pesimismo, la rivalidad y la ingratitud. En tercer lugar, aprendamos de las reacciones de Jesús. Todos podemos pasar por incomprensiones, por desaires y juzgamientos. Y entonces, ¿renunciamos a nuestros sueños? ¿Nos sumamos a un ambiente reactivo que corrompe los ambientes en donde nos movemos? La libertad interior de Jesús le permite no ser reactivo; aprendamos el poder del suspiro profundo que nos confirma el ser dueños de nuestras respuestas, el suspiro profundo que no deja entrar el veneno que corrompe el corazón, el suspiro profundo que nos hace avanzar. Jesús va a la otra orilla y continúa la misión; también nosotros abrámonos paso y sigamos cultivando una mentalidad nueva que edifique, acepte al otro y nos confirme en el bien.

17 febrero, 2020
0 Facebook Twitter Google + Pinterest