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14 diciembre, 2019

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,10-13
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?» Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.» Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Durante esta semana ha resonado la persona de Juan Bautista, siendo presentado como un modelo de preparación en este tiempo del Adviento; detengámonos hoy en el peligro de ir tan de prisa, envueltos en preocupaciones y anhelos, que no reconozcamos los signos que nos ofrece el Señor.

Juan Bautista fue la voz que llamaba a la conversión, como lo había anunciado el Señor por medio del profeta Malaquías: “»He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres” (Mal 3, 23-24). La voz de Juan era una invitación a volver al Señor, a restaurar el orden familiar, a rescatar el sentido de comunidad. Sin embargo, su mensaje fue molesto para las autoridades religiosas y políticas hasta llevarlo a la muerte.

Jesús presenta la fidelidad de Juan en el cumplimiento de su misión; Juan no esconde ni silencia su voz, denuncia el sistema que cierra el corazón a Dios y al prójimo. Juan cumple la tarea de presentar a Jesús que correrá la misma suerte: no lo reconocen y si lo llevan a la cruz porque su mensaje molesta e incomoda.

El tiempo ha pasado y en muchos escenarios personales, familiares y sociales la realidad continúa siendo la misma. El Evangelio muchas veces incomoda y, entonces, es mejor silenciar la voz de la Iglesia y de quienes denuncian el atropello a la vida, a la familia y a los vulnerables de nuestros tiempos.

Se habla de una navidad sin Jesús, de una religión hecha a la medida de cada uno, de un sinnúmero de definiciones de la familia y la persona; el Niño Jesús y la cruz estorban en muchos ambientes como la vida vulnerable del ser humano. No queremos ser conscientes de que la vulnerabilidad hace parte de nuestra humanidad. Y en todo este contexto la verdadera Navidad levanta su voz; en ella encontramos un mensaje de la familia que es capaz de proteger la vida, encontramos la búsqueda continúa que hace Dios del hombre llamándolo a una existencia plena. La verdadera navidad nos habla de la necesidad de encontrarnos para romper las barreras de la soledad desgarradora, del frio del corazón que se cierra en odios, resentimientos y rencores. La navidad nos habla del Perdón, de la misión de proteger el calor de hogar.
Cerremos nuestra meditación evocando las palabras del Papa Francisco “El tiempo de adviento es el periodo propicio para cultivar en nuestros corazones la capacidad de acoger a Jesucristo en nuestras vidas. Cristo está esperando que le abramos las puertas de nuestro corazón y que confiemos totalmente en Él para que podamos ser plenamente felices. Ahora es el tiempo de que escuchemos totalmente a Jesucristo que nos quiere decir: «Te amo y quiero hacerte feliz». ¡Cuántas veces hemos sido indiferentes ante la voz de Dios que toca a las puertas de nuestro corazón! Cristo nos ofrece la felicidad, pero no es obligatoria. Nosotros tenemos la libertad de decirle sí o no. Digámosle a Jesucristo que entre en nuestras almas y que renueve toda nuestra vida”.

14 diciembre, 2019
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Nació en 1542 en la provincia de Ávila (España). Tras la muerte de su padre, la familia debe emigrar a Medina del Campo. Entra en el Colegio de la Doctrina, siendo acólito de las Agustinas de la Magdalena, donde le conoció don Alonso Álvarez de Toledo quien lo colocó en el hospital de la Concepción y le costea los estudios para sacerdote. Los jesuitas fundan en 1551 su colegio y allí estudió Humanidades. En 1567 lo ordenaron sacerdote. Entonces tiene lugar el encuentro fortuito con la madre Teresa en las casas de Blas Medina. nicia su vida de carmelita descalzo en Duruelo y ahora cambia de nombre, adoptando el de Juan de la Cruz. Pasa año y medio de austeridad, alegría, oración y silencio en casa pobre entre las encinas. Luego, la expansión es inevitable; reclaman su presencia en Mancera, Pastrana y el colegio de estudios de Alcalá; ha comenzado la siembra del espíritu carmelitano. La monja Teresa quiere y busca confesores doctos para sus monjas; ahora dispone de confesores descalzos que entienden -porque lo viven- el mismo espíritu. Por cinco años es Juan el confesor del convento de la Encarnación de Ávila. La confianza que la reformadora tiene en el reformador -aunque posiblemente no llegó a conocer toda la hondura de su alma- se verá de manifiesto en las expresiones que emplea para referirse a él; le llamará «senequita» para referirse a su ciencia, «santico de fray Juan» al hablar de su santidad, previendo que «sus huesecicos harán milagros». Morirá en 1591

14 diciembre, 2019
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El sábado, día 14 de diciembre, a las 11.00 hh. en el Seminario Diocesano de San Martín Pinario De Santiago el Arzobispo, D. Julián Barrio, admitirá como candidatos al Diaconado Permanente a varios laicos entre los se encuentra Agustín Pérez Mosquera de nuestra parroquia.

Este “Rito de Admisión” representa de manera oficial la voz de la Iglesia constatando y acogiendo la vocación de una persona. “Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).

Entendido de esta manera, el diaconado no es solamente un paso intermedio hacia el sacerdocio, sino que ofrece a la Iglesia la posibilidad de contar con una persona de gran ayuda para las labores pastorales y ministeriales.

Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar.
No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Con todo lo que puede hacer, su ayuda es invaluable, especialmente en nuestros tiempos en que hacen falta tantas personas que ayuden al sacerdote en todas las labores encomendadas.

Como en el caso de los sacerdotes, sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación para acceder al diaconado. Y esto es así, porque Jesús eligió a hombre (viri en latín) para formar el colegio de los doce apóstoles.

De esta forma, los hombres casados que se dedican a ayudar a la Iglesia a través de la vida litúrgica, pastoral o en las obras sociales y caritativas pueden fortalecerse recibiendo el orden del diaconado y se unen más estrechamente al altar para cumplir con mayor eficacia su ministerio por medio de la gracia sacramental del diaconado.

La comunidad parroquial se congratula por este importante paso dado por uno de sus miembros unida en oración. El proceso del nuevo candidato al Diaconado Permanente continuará el próximo año con la recepción -si Dios quiere- de los ministerios de “Lectorado” y “Acolitado”, culminando, con la Ordenación Diaconal.

Agustín: Deseamos “Que la buena obra que Dios inició en ti; Él mismo la lleve a término”

14 diciembre, 2019
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