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29 noviembre, 2019

Lectura del santo Evangelio según Lucas 21,29-33

Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
En el pasaje del evangelio que meditamos hoy encontramos dos puntos fundamentales: la necesidad de discernir los signos de los tiempos y la esperanza cristiana, cimentada en la palabra del Señor que vence el miedo, el pesimismo y la desesperanza. Dos temas que resuenan en el contexto actual y nos llevan a confirmar la necesidad de interpretar, iluminados por la fe los acontecimientos en el mundo.

En primer lugar, Jesús señala la importancia de contemplar, es decir, de observar y leer con una mirada comprometida la realidad que interpela, inquieta y lanza a tomar decisiones a la luz de la persona y palabra de Jesús. Es necesario dejarnos interpelar por la realidad. Constatamos profundas transformaciones tecnológicas, económicas, políticas y sociales que nos deben inquietar porque el discípulo de Cristo no está alejado o desentendido de la realidad. Necesitamos descubrir los signos de la presencia del Reino que está cerca; necesitamos experimentar en el acontecer de la vida un llamado a romper con el pesimismo, el conformismo y la indiferencia.

Vivimos en una sociedad de cambios acelerados; somos testigos de transformaciones en el modo de ver y concebir el ser humano, su relación con el mundo y con Dios; muchas veces aparecen tendencias e ideologías dominantes que falsifican el concepto de la realidad y propagan recetas destructivas. Es aquí donde el cristiano confirma su misión de “ser sal de la tierra y luz del mundo”.

En segundo lugar, hoy somos invitados a la esperanza. La palabra de Jesús es la fuente de nuestra esperanza. La certeza de la promesa del Señor: “No tengan miedo, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de mundo”, es siempre un motivo de alegría y paz, de compromiso y de firmeza. La palabra de Jesús nos compromete con la transformación de las realidades; nos mueven a la verdadera práctica de la caridad, nos llevan a ser sembradores de esperanza allí donde el ser humano ha caído en desolación, nos lanza a trabajar con pasión por la exaltación de los valores del Reino.

Dice el Papa Francisco: “Al final, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: «Con su perseverancia salvarán sus almas». ¡Cuánta esperanza en estas palabras! Son un llamamiento a la esperanza y a la paciencia, a saber esperar los frutos seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la historia: las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande; el Señor, dueño de la historia, lleva todo a su cumplimiento. ¡A pesar de los desórdenes y de los desastres que turban al mundo, el designio de bondad y de misericordia de Dios se cumplirá! Este mensaje de Jesús nos hace reflexionar sobre nuestro presente y nos da la fuerza para afrontarlo con coraje y esperanza, en compañía de la Virgen, que camina siempre con nosotros”.

29 noviembre, 2019
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