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12 noviembre, 2019

¿Por qué analizamos la realidad? Porque necesitamos conocer lo que sucede a nuestro alrededor; en qué mundo estamos viviendo, qué problemas preocupan, qué proyectos se hacen… Analizar la realidad es recoger información de algo que va cambiando. Para llevarlo a efecto, hay que tener una actitud abierta y crítica, mirando el mundo a través de las gafas De Dios.

En nuestro Grupo de Cerveza Mística del jueves 14 de noviembre, pOdremos experimentar cómo el cristiano no puede vivir su fe al margen de la realidad que le rodea. Lo importante no es responder a todo sino suscitar siempre preguntas nuevas.

“Mirar como Dios mira” es hacer una lectura creyente de la realidad. Es mirar desde las opciones de Jesús y nos urge a transformarla. Las “gafas” expresan la nueva perspectiva que se adquiere con Jesús… Él es la respuesta a muchas preguntas sin respuesta.

Al término e la charla continuaremos con un tiempo diálogo acompañado de unas cervezas y deliciosas viandas como es costumbre.

¡Qué bien lo pasamos! ¡Sois geniales

Lugar. Locales parroquiales de Santa Cruz
Hora: 20:00 hh
Día: Jueves

12 noviembre, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
Una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de san Lucas nos enseña que nuestra vida cristiana se caracteriza ante todo por la actitud de constante servicio. Así con tres preguntas somos invitados a mirar nuestra propia experiencia y confirmar el seguimiento de las huellas del Señor.

Pensemos en las cosas ordinarias que se convierten en nuestros deberes; son tantas cosas que se nos confían y que piden nuestro empeño y dedicación. Nuestra cotidianidad nos pide una vigilancia continúa para evitar todo tipo de rutina, monotonía y rigidez. Si no se descubre la novedad de Dios y la inspiración en el día a día de nuestra vida, las jornadas se hacen tan pesadas que van usurpando la paz interior y las buenas relaciones entre nosotros. Afanes, tensiones, desilusiones, estrés, depresión, irritación, cansancios físicos y emocionales, conflictos, entre otros, son “el pan de cada día”. ¿Cuál es el verdadero heroísmo? Vivir la cotidianidad con una fuerza extraordinaria; sí, desde lo más sencillo hasta lo más complejo; pero, sin vanaglorias ni prepotencias. ¿Cómo vives tu cotidianidad? Recordemos que el evangelio nos invita a evitar la tentación de vivir de manera rutinaria o despótica.

Al final del evangelio Jesús presenta la conclusión a la pregunta: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Ahí está la clave. El servicio es el camino. Como lo hizo María cuando dijo: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!”, como lo hizo san José que, desde el silencio, en la vida cotidiana cuidó la familia de Nazaret. Como lo podemos hacer cada uno de nosotros siendo servidores unos de otros cambiando la lógica que muchas veces nos presenta el mundo. No es detenernos para ser servidos como señores, sino para ser servidores como hermanos. Nos lo ha enseñado el Señor que vino a dar su vida en rescate por muchos. Servir a Dios desde el trabajo, servir a Dios desde la familia, servir a Dios desde nuestros compromisos cívicos. Servir viviendo inspirados por Dios buscando su voluntad.

Al respecto nos dice el Papa Francisco: “en la vida debemos luchar tanto contra las tentaciones que tratan de alejarnos de la actitud de servicio. La pereza lleva a la comodidad: servicio a la mitad; y el adueñarnos de la situación, y de siervo convertirse en patrón, que lleva a la soberbia, al orgullo, a tratar mal a la gente, a sentirse importantes ‘porque soy cristiano, tengo la salvación, y tantas cosas así. Que el Señor nos dé estas dos gracias grandes: la humildad en el servicio, a fin de que podamos decir: ‘Somos siervos inútiles – pero siervos –hasta el final; y la esperanza en espera de la manifestación, cuando el Señor venga a encontrarnos”.

12 noviembre, 2019
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