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1 julio, 2019

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 18-22

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.» Otro, que era discípulo, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

El evangelio de hoy hace parte de una catequeis sobre la fe y el seguimiento de Jesús. Un escriba conocedor de la Ley se acerca y dice: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.” La respuesta de jesús es clara y exigente. Quien quiera seguirlo tiene saber lo que hace.

¿Qué implica este seguimiento? En primer lugar, el encuentro personal con Jesús es el punto de partida para el seguimiento. Por esta razón el Papa Francisco en su visita a Colombia recordaba que para ser discípulo es necesario “Ir a lo esencial, ir a lo profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Jesús enseña que la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio real de vida. Tampoco nuestro discipulado puede ser motivado simplemente por una costumbre porque contamos con un certificado de bautismo, sino que debe partir de una viva experiencia de Dios y de su amor. El discipulado no es algo estático, sino un continúo camino hacia Cristo; es la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su Palabra”.

En segundo lugar, el seguimiento del Señor implica el deseo de imitar el ejemplo del Maestro. Quien sigue a Jesús entra en una relación cotidiana e íntima con Él. No se trata de saber muchas cosas del Señor sino caminar con Él para escucharlo (conocer la Palabra de Dios, comprender su proyecto, tener una vida de oración) y poner en práctica sus enseñanzas (dar testimonio de lo que se ha creido).

Y por último, el seguimiento de Jesús implica participar en el destino del Maestro.Quien sigue a Jesús debe comprometerse con Jesús a «estar con Él en sus pruebas» (Lc 22,28), inclusive en las persecuciones (Mt 10,24-25) y en la cruz (Lc 14,27). Lo dice San Pablo: «Vivo, más no vivo yo, es Cristo que vive en mí» (Gl 2,20).

Concluyamos esta meditación recordando una enseñanza del Papa Francisco:“Ser discípulos de Cristo es una elección libre y consciente, hecha por amor y que requiere itinerancia, prontitud y decisión. Jesús quiere que seamos apasionados por Él y por el Evangelio. Una pasión del corazón que se traduce en gestos concretos de proximidad, de cercanía a los hermanos más necesitados de acogida y cuidado. Precisamente como Él mismo vivió”.

1 julio, 2019
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