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mayo 2019

Como sucedía la semana anterior en San Martín de Dorneda, un grupo de niños de Santa Cruz recibirá la primera comunión. La celebración tendrá lugar durante todo el fin de semana.

Durante dos años hemos tenido la confianza de sus familias y la suerte y la gracia de poder acompañarles. Durante el tiempo que hemos compartido con ellos, hemos intentado que conozcan a Jesús y le sientan como un amigo cercano. Cuando ellos nacieron fue decisión de sus padres que pertenecieran al grupo de Jesús. Hoy, en vísperas de recibir su primera Comunión, son ellos los que han decidido seguir formando parte de ese grupo. Les deseamos que pasen un feliz día junto a sus padres y familiares y que tengan un buen recuerdo de estos años que hemos pasado juntos.

Pero no queríamos dejar esta oportunidad para darles unos últimos consejos. En un libro publicado para estas celebraciones por el Santo Padre y que lleva por título El Papa Francisco y la Primera Comunión, aparecen una serie de consejos para caer en la cuenta de la importancia que tiene la preparación espiritual antes de recibir el sacramento. Lo hace en cinco pasos:

1º Nos encontramos a Jesús en la Comunión.
2º El poder de los sacramentos y de la luz de Cristo.
3º La confesión, el encuentro con Cristo que nos ama.
4º La Iglesia es como una madre.
5º Mensajes para andar el camino.

Nuestro deseo de que este primer encuentro con Jesús en la comunión sea el germen para continuar la vida espiritual de los pequeños

31 mayo, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -« ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: -«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación

En esta festividad de la Visitación, San Lucas acentúa la prontitud de María para ir al encuentro con la vulnerabilidad de su prima Isabel; prontitud que brota de la escucha y acogida de la Palabra de Dios. Isabel, movida por el Espíritu Santo, reconoce a María como la Madre del Señor y como la bienaventurada que ha creído. Por su parte, la Virgen María proclama la grandeza de Dios y se hace voz del pueblo que esperaba en las promesas de Dios.
Cerramos hoy el mes mariano y nos encontramos, en primer lugar, con las actitudes de compasión y de servicio de María. Ella ha recibido el anuncio del Ángel y, al pronunciar el Sí más grande de la humanidad, aferrándose al plan de Dios, se deja inquietar por la necesidad de su prima Isabel; María es la Llena de Gracia que con su presencia confirma que “para Dios nada hay imposible”. Ella se hace servidora del Anuncio más importante: en el fruto bendito de su vientre se cumplen todas las promesas que Dios había hecho. Sí, el primer servicio que cumple María es anunciar la presencia viva de Jesús.
Es por esto que Isabel, llena del Espíritu Santo exclama: -«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Detengámonos en esta profunda expresión. Primero, las palabras de Isabel son inspiradas por el Espíritu Santo; está con ella la mujer profetizada por Génesis 3,15: “Pondré hostilidad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la tuya. Ella te pisará la cabeza cuando tu busques herirle su talón”. María es la nueva Eva, la concebida sin pecado, la mujer elegida, predestinada por el Padre. Así Isabel reconoce la dignidad de María: es la Madre del Señor, lleva en su vientre al Hijo de Dios: “Señor, lleva en su vientre al Hijo de Dios: Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. Una persona que se deje mover por el Espíritu Santo reconoce la dignidad singular de la Santísima Virgen María.
¿Cómo responde la Virgen María? San Lucas nos presenta el Magníficat, el cántico de la Virgen María. La alegría de María es la alegría del Pueblo de Dios que ve el cumplimiento de las promesas. Ella proclama la grandeza de Dios y su misericordia. Dios ha tomado la iniciativa de liberar a su pueblo, de hacer una nueva y definitiva alianza. Como dice el Papa Benedicto XVI: “el Magníficat es un canto que expresa la fe probada de generaciones de hombres y mujeres que han puesto en Dios su esperanza y se han comprometido en primera persona, como María, para ayudar a los hermanos”.
En definitiva podemos decir que somos una generación que felicita a María por lo que Dios ha hecho en ella y por ella. Continuamente, como Pueblo santo de Dios, saludamos a María: “¡bendita tú, entre todas las mujeres!”. Mirándola a Ella aprendemos de sus virtudes y refugiándonos en su corazón encontramos un camino seguro para llegar a su Hijo Jesús. Vivamos con alegría el don de tenerla como Madre e intercesora.
P. John Jaime Ramírez Feria

31 mayo, 2019
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Es sabido que los sacerdotes gastamos gran parte de nuestra vida hablando de Dios, pero no es menos cierto que otra gran parte la pasamos hablando CON Dios.

Así como el aire es necesario para el cuerpo, pues lo hace vivir, la oración es necesaria para el alma, pues también la hace vivir. Una vida cristiana sin oración es un cristianismo muerto. Los sacerdotes, como todos los Cristianos hemos de encontrar diariamente momentos para la oración personal y litúrgica así como para las diferentes devociones que tanto nos recomienda la Iglesia para crecer en intimidad con El y con su Madre, que es la nuestra.

Estoy seguro de que muchos hemos tenido la suerte de heredar de nuestros padres y abuelos la devoción a la Virgen En una ocasión me decía un compañero: «Estoy seguro de que mi madre me enseñó a la vez a hablar y a rezar a la Virgen». Seguramente que muchos podríamos decir lo mismo. De ellos hemos recibido diferentes costumbres y tradiciones: el ofrecimiento de obras, las avemarías antes de acostarnos, visitar santuarios marianos, hacer romerías…

Por eso el algunos del grupo de sacerdotes que mensualmente nos reunimos en la parroquia para rezar, compartir proyectos para evangelizar en nuestras parroquias y – por qué no decirlo- también mesa y mantel, este mes de mayo nos hemos ido juntos a rezar a los pies de Maria. Una sencilla romería , rezando el Rosario ante su imagen, pidiéndole a Ella por nuestras comunidades y por nuestra propia dsantidad.

Cuando rezamos el rosario no estamos solamente repitiendo palabras vacías con nuestros labios. El rosario es una oración del corazón, una oración contemplativa.

El objetivo de nuestra vida es seguir a Jesús e irnos haciendo más semejantes a Él. Y cuando rezamos el rosario, nos unimos a nuestra Santísima Madre volviendo nuestros ojos, con amorosa atención, hacia Jesús, hacia los misterios de su vida, hacia los misterios que revelan el significado de nuestra propia vida

Los sacerdotes y laicos, formamos un solo pueblo. No somos pueblo de Dios por iniciativa propia, por mérito propio; no, realmente somos y seremos siempre fruto de la acción misericordiosa del Señor: un pueblo de orgullosos hechos pequeños por la humildad de Dios, un pueblo de miserables -no temamos decir esta palabra: “Yo soy miserable”- enriquecidos por la pobreza De Dios. De ahí la necesidad de rezar -como pedía Dan Pablo- a tiempo y a destiempo.

31 mayo, 2019
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Este jueves, 30 de mayo, tendremos el retiro espiritual de Pascua. A tan sólo una semana de comenzar el mes dedicado al Sagrado Corazón y a penas unos odas para acabar el mes de las flores, tenemos la oportunidad de disfrutar de un rato de oración con Jesús Sacramentado de la man de María.

El retiro comenzará con la Misa a las 19:00 en la Iglesia nueva de Santa Cruz y será predicado por nuestro párroco, D. Jose Carlos Alonso. Animad a vuestras familias y amigos para que puedan disfrutar de una tarde de oración.

Hacer un retiro, es una manera eficacísima de acercarse a Dios, puna oportunidad estupenda para tratarle con paz, con mayor intensidad. Conocerle y conocernos con la luz que El nos da, de modo que ese conocimiento influya en nuestra vida, mejorándola, amando más a Dios y al prójimo. Muchas veces será el inicio de una sincera conversión.

Hay momentos en la vida en que es necesario pararse; épocas en las que hay un nuevo despertar, en las que surgen -con la fuerza de la primera vez-, pasiones e iniciativas, afanes nobles que necesitan un cauce; periodos en que las necesidades espirituales se agudizan, y se mira la vida cara a Dios, y uno se plantea las grandes cuestiones de todos los tiempos: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es nuestro origen? ¿Cuál es nuestro fin? ¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?

Muchas veces vamos por la vida como a galope. Más que ir nosotros, nos traen y nos llevan las cosas, las situaciones, las circunstancias. ¡Siempre con prisas! ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para quién trabajo de esta manera?… ¡Que se detenga el mundo! ¡Necesito pensar! Pues bien, en cierto sentido un día de retiro hace realidad ese “milagro”.

30 mayo, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.» Comentaron entonces algunos discípulos: – «¿Qué significa eso de «dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver», y eso de «me voy con el Padre»?» Y se preguntaban: – «¿Qué significa ese «poco»;? No entendemos lo que dice.» Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: – «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver»? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación

“Tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza, y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados ―cada uno de nosotros los conoce―, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. La primera piedra que debemos remover es la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida”.

Con estas palabras del Papa Francisco, podemos comprender la expresión con la que se concluye el pasaje evangélico de hoy: “vuestra tristeza se convertirá en gozo”. Era poco el tiempo que quedaba; en un instante aquella tristeza que tocaba el corazón de los apóstoles se afianzó con el camino del dolor hasta la cruz; una tristeza por la separación de su Maestro; un dolor que invade todo su ser; dolor, cruz, sepulcro. Un grito de victoria en la cruz que ellos no comprenden; la hora de la glorificación que se empaña con la tristeza desgarradora.

“Pero poco más tarde me volveréis a ver”. Sí, el mismo con el que han compartido y se han sentado a la Mesa y han visto como el hombre del dolor, ahora se presenta entre ellos como el vencedor de la muerte; “Les traigo la paz… y los discípulos se alegraron de ver al Señor”. El testimonio del Evangelio confirma el don de la alegría. La cercanía del Señor resucitado colma el corazón de la comunidad de creyentes, lanzadolos a compartir la alegría del triunfo de su Señor; es una alegría que ya no está fundada en los signos y milagros, sino en la realidad de la resurrección. Hay una nueva presencia que restaura, da confianza y hace avanzar. Es la certeza de la cercanía permanente del Señor que vence la incomprensión, el desánimo y la soledad.

Los discípulos del Señor tenemos una promesa de gozo pleno iluminado por la resurrección; alegría que no es espejismo ni huida de la realidad, alegría no de instantes, no difrazada. Es la alegría que permanece dando la certeza de su presencia en todos los momentos y circunstancias de la vida del creyente y de la comunidad.

Conservemos el don de la alegría porque como dice el Papa Francisco: “la alegría es la respiración del cristiano y se trata de una alegría hecha de verdadera paz, no engañosa como la alegría que ofrece la cultura actual que se inventa tantas cosas para divertirnos. Un cristiano que no es alegre en el corazón no es un buen cristiano. La alegría no es algo que se pueda comprar, es un fruto del Espíritu Santo; la verdadera alegría vibra en el momento de las tribulaciones, en el momento de las pruebas”.

29 mayo, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús
Meditación
El ambiente de intimidad y despedida que marcaba la Última Cena muestra al Señor animando a sus discípulos; se hace responsable del dolor y del desconcierto de los suyos, sabiendo que la formación del carácter de discípulos no se ha terminado y por eso, es necesario que el Espíritu los conduzca a la verdad plena. ¿cuál es esa Verdad plena?
Los Apóstoles han vivido la experiencia con el Maestro, tienen en su memoria los signos y las enseñanzas que han ido adquiriendo. Tres años caminando con él, compartiendo los secretos de su corazón. Y así han llegado a un momento crucial; en la subida a Jerusalén han recibido un triple anuncio de la pasión y muerte del Señor que ellos no entienden, ahora escuchan unas palabras marcadas por un carácter de despedida. Vivirán el acontecimiento del Calvario y no lo comprenderán, su corazón quedará abatido y el proyecto con el Maestro se cree fracasado.
Entonces, resuena un anuncio: “El Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena”. Luego del acontecimiento de la resurrección del Señor se cumplió esta promesa: “Y todos fueron llenos del Espíritu Santo» se les abrió el entendimiento y comprendieron lo que se les había dicho. De esta manera, fueron confirmando en su interior la novedad de la fe: Jesucristo es el Señor, con su muerte y su resurrección nos ha dado la vida nueva, la salvación. En él somos nuevas creaturas ungidas por el Espíritu. En él somos hijos amados por Dios y capacitados para ser testigos de su amor entre los hermanos. Recordemos lo que nos ha dicho el Señor: el Espíritu Santo nos consuela y defiende (Jn 14,16), nos comunica la verdad (Jn 14,17), nos hace recordar lo que Jesús enseñó (Jn 14,26), nos capacita para entender el significado pleno de las palabras de Jesús (Jn 14,26), nos conduce a la libertad plena, como dice san Pablo: «Donde hay el Espíritu del Señor, ahí hay libertad», (2Cor 3,17) y nos convoca haciéndonos testigos del Señor resucitado en el mundo.
Dice el Papa Francisco: “El Espíritu Santo unge. Ha ungido interiormente a Jesús, y unge a los discípulos, para que tengan los mismos sentimientos de Jesús y puedan así asumir en su vida las actitudes que favorecen la paz y la comunión. Con la unción del Espíritu, la santidad de Jesucristo se imprime en nuestra humanidad y nos hace capaces de amar a los hermanos con el mismo amor con que Dios nos ama. Por tanto, es necesario realizar gestos de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación. Estos gestos son premisa y condición para una paz auténtica, sólida y duradera. Pidamos al Padre que nos unja para que seamos plenamente hijos suyos, cada vez más conformados con Cristo, para sentirnos todos hermanos y así alejar de nosotros rencores y divisiones, y poder amarnos fraternamente”.
Acojamos esta palabra que el Señor nos confía y dejémonos conducir por el Espíritu Santo para vivir en la verdad y así hacer fructificar el don de la fe.
P. John Jaime Ramírez Feria

28 mayo, 2019
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Después de dos años de preparación de catequesis los Paula y Eva ya estaban preparadas para celebrar los sacramentos de la penitencia y la eucaristía. Junto a sus familiares, catequistas y sacerdotes, celebraron con gozo a Jesús Eucaristía, que por vez primera lo recibían.

Contentas y alegres, participaron en la Eucaristía en honor de la Virgen de las Flores que el último domingo de mayo se celebra la parroquia de San Martín de Dorneda.

Tal como les recordó el sacerdote en la homilía Esperamos que sigan en nuestra comunidad parroquial donde recibirán formación de distinta manera formando parte del grupo de Post-Comunión. Damos la enhorabuena a todos los padres y familiares que hacen posible que nuestra labor siga adelante. Que el Espíritu de Dios siga transformando sus vidas.

28 mayo, 2019
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Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Adónde vas?» Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús

Meditación
Continuamos la meditación del discurso de despedida de Jesús recreando aquellas palabras dirigidas a los Apóstoles en la Última Cena y que el Espíritu recuerda a los discípulos de todos los tiempos. En medio de la tristeza que se sentía por la despedida, el Señor anuncia el envío del Defensor, del Paráclito, del Espíritu Santo que los conducirá a la verdad completa.

En el camino pascual que recorremos nos aproximamos a la fiesta de Pentecostés para confirmar, como nos dice el apóstol san Pablo, que no hemos recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor sino el Espíritu que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Romanos 1, 14-18).

El Señor lo presenta como el Paráclito que significa abogado, es decir, apoyo, asistente. Es quien viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos pedir lo que nos conviene (cf. Romanos 8,26). El Espíritu nos asiste con sus dones: “y reposará sobre él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor (Isaías 11,2).

El Espíritu Santo es quien nos abre a la fe en Jesucristo, dándonos la certeza de su presencia entre nosotros; es por su poder que el Señor se hace presente en la Eucaristía, es por su poder que la Iglesia vive el ministerio de la reconciliación y del perdón de los pecados; es por su multiforme gracia que la Iglesia está bañada de carismas y servicios. El Espíritu Santo nos hace vivir en alianza con el Dios que nos salva.

Es el Espíritu santo que nos alimenta la esperanza: “La esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Rom5,5). En cristiano movido por el Espíritu vive en la confianza de saberse acompañado, defendido y animado para alcanzar la salvación. Por esto, nos conduce a la relación de intimidad con Dios nuestro Padre y con su Hijo Jesucristo, nuestro salvador.

Es el Espíritu el que nos mueve a vivir la caridad, reconociendo la presencia de Jesús en el prójimo; así nos recuerda las palabras del Señor: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” y “…Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis pequeños hermanos conmigo lo hicieron”. Dejémonos conducir por el Espíritu para producir frutos de vida eterna.

P. John Jaime Ramírez Feria

28 mayo, 2019
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Con flores a María es el lema con el que, el último domingo de mayo, la parroquia de Santa Eulalia de Liáns ha querido clausurar este mes de mayo en el que, como cada año, realizamos una ofrenda floral de las familias y el Catecismo a la Virgen

Los niños nunca defraudan y menos a su Madre. Allí estaba un nutrido grupo, con sus ramos de flores y su alegría y jovialidad características. Tras unas oraciones y ofrecimientos a la Virgen, nuestro párroco D. José Carlos Alonso les dirigió unas palabras explicando el significado del acto y la importancia en el seno de la familia, de la devoción y piedad marianas.

Algunos cantos, unas peticiones y las ofrendas de los niños: flores, un corazón y un catecismo… Tras cantarle todos juntos a la Virgen que “ queríamos ser como
Ella” fueron pasando por el presbiterio, lo más cerca posible de la Virgen, con sus catequistas o papas-mamás para entregar el regalo a la Señora, y junto con él ofrecerse a Ella.

No pudo tener un broche mejor el
Curso de Catequesis. La próxima semana: las Primeras Comuniones.

27 mayo, 2019
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