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Evangelio del martes, 1 de enero de 2019

by santaeulalia

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Meditación
En este día se juntan varias celebraciones; en primer lugar, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, que nos permite profundizar el misterio de la Navidad: gran misterio del Dios hecho hombre; en segundo lugar, la jornada mundial de oración por la paz instituida por el papa Pablo VI en el año de 1967; y el comienzo del Año Nuevo emprendido con una óptica renovada que hace brotar propósitos firmes.

La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, es la primer fiesta Mariana que se comenzó a celebrar hacia el siglo VI, confirmando que “ la Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Desde su Fiat: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”, María respondió con perfecta y generosa obediencia al plan de Dios. Ella es la llena de gracia que acogió en su seno virginal a Jesucristo. Así lo confiesa Isabel que al escuchar el saludo de María exclamó movida por el Espíritu Santo: “ ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?” María es verdadera madre del Hijo de Dios y en el orden de la gracia es madre de todos los creyentes; por esto, en la plegaria le decimos: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros…” Porque es madre de Dios puede socorrernos, porque la reconocemos como madre nuestra buscamos su ayuda y protección.

Nos dice el Papa Francisco: “A María que extiende su maternidad a todos los hombres, le confiamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalga sobre las tentaciones de la venganza, de la prepotencia, y de la corrupción. A ella le pedimos que el evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, pueda hablar a cada conciencia y abatir las murallas que impiden a los enemigos reconocerse como hermanos”.

En el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por la Paz nos dice que “la paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria: la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”; la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo; y la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro”.
Así retomemos la fórmula de bendición que la Iglesia invoca en el comienzo del año: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Números 6, 22-27).

Que desde el primer día del año tengamos un propósito de dejarnos guiar por la sabiduría y la fortaleza de Dios para poder direccionar con justicia y rectitud las empresas que se nos confían. Que sea claro el propósito de dejarnos mover por verdaderos principios que esclarezcan el camino que hemos de recorrer. Un venturoso año nuevo en el Señor.

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